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Sábado 08/05/2021

Jerez

Algo se desgaja de los recuerdos.

Con él se ha desgajado algo de mis estampas de infancia y de adolescencia

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  • El cirujano estético Javier Agüera Carmona, en una imagen de archivo

El adiós del antiguo compañero de colegio me llegó como hoy en día llegan demasiadas cosas, es decir a través de las redes sociales. Era una sentida despedida, desde el afecto de la amistad, de ese gran jerezano y mejor flamencólogo que es Rafael Lorente, que anunciaba que el doctor Javier Agüera Carmona, cirujano plástico de exitosa vida profesional en su consulta privada y también, durante buena parte de su trayectoria, en el Sanatorio de Santa Rosalía, hoy llamado Hospital Juan Grande, había dejado definitivamente esta vida. Ya días antes, otro médico e igualmente amigo, avisaba, también en una de las plataformas que usamos en estos tiempos, que se estaba consumiendo como una vela y que, con su carácter suigeneris, con sus sesenta y algo de años, se estaba yendo.

Y se fue y con él se ha desgajado algo de mis estampas de infancia y de adolescencia porque fueron varios los cursos con los que compartí horas y más horas con quien tuviese uno de los números más adelantados del listado de los 45 alumnos que éramos en clase, por aquello de su apellido que comenzaba por la primera letra del abecedario.

Si soy sincero, desde aquel junio de 1971 en el que salí del centro escolar de La Salle, el antiguo de la Alameda Cristina, que dejó paso a la construcción del Banco de Jerez y que se terminó fusionando con el Buen Pastor de Antona de Dios en lo que ahora es  La Salle Buen Pastor, he tenido escaso, por no decir ninguno, trato con la mayoría de los compañeros de aquellos pasos escolares. Y es que mi muy pronta incorporación a la profesión de la que  gracias a Dios he vivido siempre me hizo perder contacto con la mayoría de ellos. Con Agüera, por ejemplo, casi no volví a cruzar palabra, aunque si nos veíamos por la calle siempre nos saludábamos con un hola que, constantemente, me hacía virar la foto de la nostalgia hacia aquellos hermanos José Luis, Jaime, Miguel, Enrique, Martín, Julián o  Crescencio o el hermano Juan, el director de las bolitas de anís, o aquellos profesores como mi querídisimo Manuel Pareja o Manuel de Caso o Pedro Muñoz Pan, mi farmecéutico de cabecera, o Fernando Suárez o José Manuel Sanz Zamorano o el fraile dominicio Ernesto o el canónigo Claudio Huidobro o el también sacerdote Maximino Vacas, por mencionar solo algunos de aquellos que me aguantaron durante parte de la primaria, una vez que salí de las Salesianas de Pedro Alonso, y todo el Bachiller hasta ser partícipe de la última promoción de aquel centro -con su cierre se perdió un colegio lasaliano y de cuatro se pasó a tres- que está en un rincón de esos recuerdos de los que se acaba de despedazar uno de sus miembros.

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