Actualizado: 09:05 CET
Martes, 27/10/2020

Jerez

Un corazón "partío" entre el azul y el amarillo

La vida de un infartado que sintió el cariño en el Hospital Puerta del Mar , donde volvió a la vida, lo que le hizo replantearse sus amores deportivos

  • Vicente Soria.

Se había levantado cuanácalles aún no estaban puestas. Entraba a a trabajar a las 5 de la mañana en una estación de servicio. Fuerte, con ganas, animado, abrió las puertas y sintió un dolor en el pecho al que “no di importancia” pero seguió haciendo las labores preliminares a la apertura al público ya que “pensé que era ansiedad”, pero el dolor aumentó “parecía que se me había puesto encima del pecho un elefante, se me descompuso el viente, comencé a sudar y llamé al 112. Llama a mi compañero y le dije lo  que pasaba, Llegó una ambulancia convencional y lo único que pudo hacer fue llevarme al hospital. Fíjese que cuando te infartas te debes quedar quieto y yo seguía moviéndome. Apagué todas las luces, cerré la gasolinera y para el hospital. Cuando me llevaron a la sala vi allí a diez personas alrededor mía y ya asumí que aquello era algo grave. Me metieron para dentro, llegó el servicio de cirujanos de guardia ya que me tenían que operar de urgencias. Me sentí como si estuviese en una plaza de toros. O puerta grande o enfermería. Me colocaron siete stents y me enviaron a Puerta del Mar de Cádiz. Allí estaba el doctor Oneto, hoy en día jefe de Cardiología del Hospital de Jerez y cuando me abrieron vieron que me habían hecho la mitad de lo que necesitaba cuando el director de Cirugía, el doctor Daroca, vio el video. Me cogieron dos arterias..., en fin que me salvaron la vida y ahí conocí a gente muy buena, muy interesada y entré en la Asociación Trébol de Corazón de gente infartada. Dese cuenta que hay que ayudar a la gente, porque al principio yo tenía mucho miedo, no puedo coger peso, pero no me atrevía a estar solo, a ir a un sitio sin compañía, tanto es así que mi mujer, que trabajaba en una panadería, pidió la cuenta para estar a mi lado”.
Es la historia personal, e intransferible, de Vicente Soria, el jerezano de Las Torres “vivía allí porque mi padre era profesor del Alfonso X el Sabio y allí había un bloque donde todos eran maestros” que se ha hecho viral en las redes sociales por su amor deportivo tanto al Cádiz como al Xerez Club Deportivo. De hecho fue a sacarse el abono del equipo xerecista con la camiseta del Cádiz “porque la tenía puesta en mi casa y fui con ella. Lo vi como algo normal, como siento a los dos equipos. Antes solo era del Xerez, incluso estaba con los ultras pero desde que me pasó eso en 2015 sentí un cariño especial al Cádiz. Allí en el club me hicieron una foto y nunca pensé en lo que se iba a formar. Hay gente que lo ha aplaudido y otra que no lo han entendido, quizá porque no me conocen no saben de mi historia personal, pero aunque ellos se hayan enfadado, yo no me enfado con ellos. Yo creo que la vida hay que tomársela con otra calma y las rivalidades hay que asumirlas de otra manera diferente. Es una pena lo que ocurre muchas veces por culpa del fútbol con los problemas de la vida, con enfermedades como existen...”
Ahora mata el gusanillo del fútbol “siendo socio del Xerez y yendo cuando puedo a ver al Cádiz y sobre todo viendo a mi hija que juega en los benjamines del Pueblo Nuevo. Vivo el día a día y estoy de voluntario en el Hospital del Cádiz para que los infartados me vean siempre con una sonrisa. Yo estoy, como digo, alicatado pero hay que hacer por los demás y por eso estamos intentando poner en marcha en Jerez la Asociación Trébol y también quiero visitar a los enfermos de aquí. Ya he tenido conversaciones con la concejal Carmen Collado”.
El otro día estuvo viendo al Cádiz por la tele “perdió, tienen que llegar jugadores, tiene que cambiar. Mi economía no me da para hacerme socio pero pienso ir a los partidos que pueda. Me he sacado el carnet especial del Xerez CD al que veo mejor que los últimos años. Ha hecho buenos fichajes. Vamos a ver si vamos hacia arriba”. El comenzó a ver fútbol “con 13 o 14 años, había un portero de mi barriada que a veces hacía la vista gorda y nos dejaba pasar. Recuerdo a Fernández, a Orbegozo, vi a Di Stefano como entrenador del Valencia o al Rayo cuando nos ganó o el ascenso del Cádiz en Chapín. Son muchos recuerdos. Siempre me ha gustado mucho el fútbol”.
Ha trabajado de seguridad, en El Corte Inglés y cuando el infarto lo hacía en una estación de servicio y ahora dedica su tiempo a los demás, visitando enfermos de infarto en Puerta de Mar, “aunque pronto lo haré también en Jerez”, disfrutando con su hija y dando catequesis en la parroquia de Madre de Dios de La Iglesia de la barriada de La Granja. Quiere a dos equipos rivales “porque se puede” y vive sirviendo a los demás.
 

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