Actualizado: 15:02 CET
Miercoles, 05/08/2020

Jerez

“Dos días a la semana es poco tiempo para educar a tu hija”

Antonio, de 42 años, fue uno de los primeros padres de Jerez en obtener la custodia compartida hace cuatro años

  • Antonio y su única hija en unas vacaciones.

En marzo se cumplirán cuatro años desde que Antonio, vecino de Jerez de 42, obtuvo la custodia compartida de su única hija tras ir a juicio. La menor tenía entonces apenas cinco años y si algo tenía claro su progenitor es que no iba a renunciar a pasar más tiempo con su pequeña ni estaba dispuesto a verla dos días a la semana y fines de semanas alternos. “Yo quería formar parte de la educación de mi hija: llevarle al colegio, hacer la tarea con ella, reñirle, llevarla al médico o a jugar. Cuando la custodia la tiene la madre estar martes y jueves con ellos es poco tiempo; entiendo que estos padres no educan a sus hijos, porque a lo mejor les compran lo que quieren, o los malcrían...”.

Esa era su motivación y no la económica para no pasar manutención, otro argumento muy recurrente y a la vez injusto que se achaca a muchos padres. No obstante, Antonio también tiene presente que no todos por su situación y su trabajo pueden permitirse dar este paso. “Yo estaba plenamente consciente y capacitado, pero además tenía un trabajo y una flexibilidad horaria que me lo permitía, si no hubiera reunido esos requisitos no hubiese tirado por allí”, explica. Él nunca tuvo dudas, pero en la calle no es que lo animaran precisamente.

Finalmente, tras contactar con varios abogados, tuvo que recurrir a uno especializado en custodias compartidas de Sevilla. Lejos de lo que ocurre ahora, en esos momentos los casos que había de padres que compartían la custodia eran muy aislados. “No soy el primero, pero me han dicho que uno de los primeros, porque en los últimos años si me he ido topando con más casos, pero en ese momento era raro; la gente además me quitaba la idea, me decía que no me la iban a dar”, señala.

En vez de venirse abajo, Antonio se asesoró y presentó informes de un psicólogo, un estudio de capacidad parental y numerosos documentos adicionales. Buscó una vivienda cerca del domicilio familiar para procurar que su hija no saliera de su entorno y presentó el contrato de alquiler. No fue fácil y desembolsó una cantidad importante de dinero, pero cada vez que echa la vista atrás y ve lo bien que se ha adaptado su hija sabe que es una de las mejores decisiones que ha tomado en su vida. El proceso coincidió con un momento complicado, pues además de estar afectado por el divorcio, también falleció su madre.

“Estaba mal; por eso cuando presenté la demanda hasta que no hubo juicio un año después, la juez dictó unas medidas cautelares, y como no me veía capacitado le dio la custodia a la madre pero con mucha flexibilidad y visitas amplias. Cuando llegó el juicio la situación se había normalizado. Mi hija lo pasó peor en ese primer año antes del juicio porque me vio salir de casa y tenía sentimiento de abandono”, indica. Luego el tiempo fue poniéndolo todo en su sitio.

“Con la custodia compartida le costó menos, mejoró en los estudios, incluso ya veía la ventaja de que tenía dos casas”. Cada semana la tiene un progenitor desde que la recoge del colegio el viernes, no pasa manutención y pagan a medias las actividades extraescolares y de ocio. A día de hoy, cuando le pregunta su hija siempre le responde lo mismo: “El padre y la madre tienen que estar el mismo tiempo con su hija. Es lo justo”.  


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