Actualizado: 10:34 CET
Miercoles, 13/11/2019

Jerez

Denuncia a un compañero del trabajo por grabarla en el baño

Descubrió una cámara pequeña oculta en el espejo del aseo de mujer y la empresa sólo le ha suspendido 20 días de empleo y sueldo

  • Imagen de los juzgados donde se ha interpuesto la denuncia

Una empleada de un centro de trabajo del Parque Empresarial de Jerez ha denunciado a un compañero por grabarla en el baño de mujeres   tras colocar una cámara oculta pequeña detrás del espejo. Según consta en la denuncia que ha presentado en el Juzgado de Instrucción número 5 y a la que ha tenido acceso este periódico, los hechos se produjeron el pasado 26 de julio, sobre las 20.00 horas, cuando los dos estaban solos, a falta de media hora para el cierre. Ella se encontraba en una parte de las instalaciones y él en la nave, separados ambos por un pasillo. En ese momento, fue a verla y le dijo que “había comprado unos bañadores para su novia y que quería que me los probase para ver cuál me quedaba mejor ya que su novia tenía más o menos la misma talla que yo”. No era la primera vez que se lo comentaba. Semanas antes ya se lo había dicho pero “no le eché mucha cuenta”. Esa tarde  la llamó y se dirigió a ella “con una bolsa” de unos  grandes almacenes. Según le explicó, su pareja venía ese fin de semana de Málaga y le pidió que le hiciera el favor para ver con cuál se quedaba para regalárselo. Aunque volvió a negarse, finalmente “ante su insistencia” accedió, pues llevan trabajando 14 años juntos y nunca habían tenido problemas.               

La empleada se dirigió al baño femenino, que es público también para las clientas del negocio, y “cerré el pestillo”. En la bolsa había “por lo menos diez bañadores e incluso algunos iguales de distinta talla” y al ver un bikini se fue a por él para probarse sólo la parte de arriba. “Me quité el sujetador de espalda al espejo, pero cuando me vuelvo para el espejo veo una presilla negra; me acerqué y tiré de ella y vi una cámara de color negro con un piloto encendido pegada con fixo detrás del espejo y con un alambre”.

 Justo en este instante, al estar conectada la cámara en directo al teléfono móvil de él, el compañero se percató de todo y “enseguida empezó a llamar a la puerta del baño, aporreándola y diciéndome que saliera que mi móvil estaba sonando”. Ella salió, llamándole “sinvergüenza” por haberla grabado y con la cámara en la mano. El trabajador “reconoció los hechos” y le dijo que la había comprado días antes en Amazon, pero que la había colocado ese mismo día, al igual que también había adquirido  los bañadores “con la intención de grabarme y que no tenía novia”. La había engañado y lo había preparado todo. Para ello, incluso ese día además había cambiado el turno para coincidir con ella, y a continuación le pidió que “la cosa quedara entre los dos”, a lo que ella se negó.

Tras pedirle que “no dijera nada”, él intentó quitarle la cámara “forcejeando” con la denunciante arrebatándosela para “abrirla” y “partirle un trozo” dejándosela en su mesa. “Muy nerviosa”, cogió su bolso y metió la cámara y se fue a su coche, mientras él le pedía perdón.

La siguió hasta su casa

“Él me siguió y al lado de mi coche me seguía pidiendo perdón diciéndome que prefería que se lo dijera a su madre que al encargado”. Condujo detrás de ella hasta el aparcamiento de su casa. Mientras tanto, ella iba viéndolo por el espejo retrovisor y hablaba por el manos libres con su marido, contándole lo ocurrido. Ese mismo día, el encargado la llamó por teléfono. Ya estaba al tanto de todo. Su compañero se lo había contado todo. 24 horas después sufrió un episodio de ansiedad y se desmayó en su casa, teniendo su marido que llevarla al Hospital de Jerez.  Ha tenido que ir al centro de salud por nuevas crisis nerviosas. Al lunes siguiente  habló con el gerente de la empresa, que tiene su central en Sevilla, y lo puso al tanto, confiando en que tomara medidas proporcionadas a lo ocurrido.


Aunque ella “nunca” ha pedido que lo despidieran, sí ha planteado que lo trasladen a Sevilla, Huelva o Mérida, donde la empresa tiene otros centros, porque, tal y como consta en la denuncia, “tengo pánico de encontrarme con el denunciado”. El día antes de volver de sus vacaciones, a finales de agosto, la empresa le avisó de que la sanción para su compañero sería 20 días de suspensión de empleo y sueldo.  Fue entonces cuando decidió acudir a los juzgados. Volvió a su trabajo el día 28 de agosto. Tenía constancia de que él no iba a estar. Su último día en la empresa fue el 10 de septiembre.Al día siguiente, él volvía y ella no fue capaz de bajarse de su coche. Desde entonces sigue de baja.

Una conducta “premeditada”

No ha vuelto a cruzarse con él. El único contacto que ha tenido ha sido a través de su psicóloga, que le mandó un correo electrónico a ella y al resto de compañeros -son 12 chicos y ella, que está a media jornada- explicando que el denunciado estaba acudiendo a consulta semanalmente para tratarse de un “Trastorno de Adicción al Cibersexo”. En el email pide“comprensión” para su paciente ante la “falta de control de impulsos”, pese a que el día de los hechos le reconoció que su conducta “fue premeditada”.

 

Un presunto delito contra la intimidad

 Los hechos denunciados por la trabajadora podrían incurrir en un presunto delito contra la intimidad, que en el código penal está tipificado con penas de prisión de uno a cuatro años de cárcel y multa de 12 a 24 meses. El pasado 2 de octubre, el compañero denunciado fue citado en los juzgados, al que acudió acompañado por su abogado, aunque se acogió a su derecho de no declarar. Ella tendrá que comparecer el próximo 14 de noviembre. Como resalta en la denuncia, “tengo pánico de encontrarme con el denunciado; no duermo pensando en la situación laboral que tengo. Desde lo ocurrido estoy con mucha ansiedad y tomando  tratamiento médico”. Ella confiaba en que la empresa “diera una solución laboral” a esta situación que evite “coincidir laboralmente” con el denunciado y no llegar a los juzgados.  Considera que al final pese a ser la víctima, la “perjudicada” es ella, que está sin trabajo y en tratamiento médico, mientras que el empleado , que le envió un correo electrónico a ella y todos los compañeros pidiendo perdón, sigue trabajando con normalidad.

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