Actualizado: 01:12 CET
Domingo, 21/07/2019

Jerez

“Me asignaron mujer, pero soy una persona no binaria"

Gabriel Benítez, Gabi, como prefieren que le llamen, narra cómo es la realidad diaria de una persona trans en la sociedad española actual.

  • El joven Gabriel Benítez en la actualidad.

Se denomina personas ‘no binarias’ a aquellas cuya identidad sexual, de género y/o expresión de género no se encuentra dentro de los parámetros establecidos de hombre o mujer. Actualmente, también se han ido extendiendo poco a poco otros conceptos que le serían sinónimos, tales como; ‘genderqueen’, ‘tercer género’ o ‘fluido’. Términos que, con total seguridad, habrá tenido que esclarecer en múltiples ocasiones Gabriel Benítez, Gabi, como prefieren que le llamen.

Gabriel Benítez es un joven jerezano trans, amante de la biología, que sueña con llegar a ser tatuador, aunque actualmente trabaja como repartidor en una multinacional. A él le asignaron ser mujer cuando nació, sin embargo, con el paso del tiempo se identificó como persona ‘no binaria’. Explica pausadamente y con una paciencia infinita las diferencias que hay entre ser un chico transgénero y ser una persona trans de género ‘fluido’.

“No me gusta decir que nací mujer, porque no lo escogí. Fueron los médicos los que asignaron mi género. Hace un par de años, comencé mi terapia hormonal, para dejar atrás lo que creí que no encajaba conmigo. Al principio, por la dualidad que nos imponen, pensé; si no soy una chica, seré un chico, pero tampoco me sentía identificado como tal. Creo que en España no se contempla totalmente esta realidad u otras realidades diversas  porque no hay referentes culturales de tercer género, en cambio, en países como la India o México, sí se pueden encontrar personas célebres que no se han asimilado con ningún género binario. La sociedad tiene que conocer y respetar que las personas de género fluido no somos tan minoritarias, que existimos, claro que existimos, yo estoy aquí y tenemos que visibilizarnos”.

Hasta hace relativamente poco, las personas con disforia de género - antes denominadas transexuales- eran consideradas por la Organización Mundial de la Salud como personas con un trastorno mental, a las que previamente antes de comenzar con la reasignación de género, debían pasar por un tribunal psiquiátrico que afirmara que la persona estaba en plenas facultades mentales para poder comenzar con la transicción. Aunque ese procedimiento, en teoría, ya está obsoleto, y la OMS dejó de considerar la transexualidad como enfermedad mental- ahora, transtornos de la personalidad y el comportamiento- , en la práctica, tal y como explica Gabi, queda mucho por hacer.

 “Andalucía fue de las primeras regiones en legislar los derechos de las personas trans - Ley 2/2014 integral para la no discriminación por motivos de identidad de género - pero,  a la hora de la verdad, yo me encontré con múltiples obstáculos cuando quise comenzar con la terapia hormonal. La primera endocrina que me vió fue en Cádiz, ella me dijo que aunque sabía que no me podía obligar,  necesitaba atención psiquiátrica porque no me aceptaba tal y como era. Una aberración. Finalmente, en Sevilla, pude comenzar sin problemas la terapia. Es importantísimo tener profesionales cualificados y una atención sanitaria adecuada para este tipo de necesidades, al igual que es fundamental  unificar una ley trans en todo el país que respalde de manera social y sanitaria  una atención igualitaria a la de cualquier otra persona”.

No es un proceso fácil, tampoco  rápido. Gabi, aclara que “los cambios no se notan de un día para otro. Yo viví una segunda adolescencia, al principio estaba muy cansado. Van induciendo una serie de hormonas, en mi caso testosterona, que tu cuerpo no tiene asimilado y por ello es un proceso lento”.


 

La realidad de los trans

Terapias aparte, las personas trans son el colectivo más propenso a sufrir agresiones, bullyng y discriminación, todas estas actuaciones tienen un mismo denominador común; la transfobia.

    “Hace un par de años sufrí una agresión transfoba en la Feria de Jerez. Me agarraron del pelo y me pegaron durante diez minutos, cuando denuncié fue considerado como una agresión, no como transfobia. Hay que tratar a las cosas por su nombre, y eso fue una agresión por mi condición”, cuenta Gabi.

    El joven también explica cómo las personas trans, a menudo, son sometidas a preguntas incómodas. “La gente muhas veces pregunta por curiosidad, pero no tienen en cuenta nuestra intimidad o cuerpo”.

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