Actualizado: 17:08 CET
Martes, 22/05/2018

Jerez

Verde y blanca mi bandera

El Alberti Pub era un poco el inicio de la movida jerezana, tan aletargada, tan encerrada en esos guateques de las casas

R ecién licenciado, con esa madre que se acababa de ir allá donde seguro están los elegidos, buscando la estabilidad laboral en este mundo de juntar letras y, a pesar de todo, con muchas ilusiones, con esperanzas de un futuro mejor, con el recuerdo imperecedero de quien se fue y con el cariño del que me quedaba, aquel 4 de diciembre de 1977 lo viví con el sueño de un andaluz que veía futuro por delante, de un andaluz al que un almeriense, allá en Vitoria mientras vestía de caqui , le enseñó, a hurtadillas, el himno de nuestra Andalucía. Estaba ya en La Voz del Sur, cubría la parcela deportiva y aquel 4 de diciembre de hace cuarenta años jugaban, en Segunda División B, categoría recién inaugurada, como los españoles inaugurábamos democracia y libertad, el Xerez Club Deportivo y el Sevilla Atlético. Los dos equipos saltaron al campo unidos con la verdiblanca enseña de lo que más tarde se llamaría comunidad. No puede asistir, por razones de trabajo, a la manifestación de Cádiz, pero con gente de mi entorno, como Rafa Porro o Miguel Chacón o Juan Luis Barrios, ya todos han abonado este mundo de vivos, y otros más paseamos con orgullo, con gallardía, con ansias de una Andalucía próspera, la bandera por los cuatro rincones de nuestro Jerez, de aquel Jerez que comenzaba poco a poco a despertar y que tenía en el Alberti Pub una bocanada de aire fresco en busca de nuevos tiempos. El Alberti estaba vestido todo de verde y blanco, de blanco de la paz y el verde de la esperanza. El Alberti Pub era un poco el inicio de la movida jerezana, tan aletargada, tan encerrada en esos guateques de las casas, en esas fiestas de los grupos parroquiales, en mirar siempre al que dirán. El Alberti fue como abrir las ventanas a la nueva libertad, esa libertad que ese mismo día de copas y fiestas, de sentimientos y utopías, de amor y recuerdos, le segaron a García Caparrós cuando, precisamente, quería que la verde y blanca ondease en lo más alto de esa Málaga que no le dejaron ver progresar. Una bala asesina tiñó de negro luto la noche de los pueblos y ciudades de Andalucía, tiñó de amarga resaca la penúltima copa de la noche en el Alberti.

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