Actualizado: 22:09 CET
Miercoles, 25/04/2018

Jerez

Los incendios del presente

El Villamarta acogió la representación de ‘Incendios’, bajo la dirección de Mario Gas. Nuria Espert puso en pie a toda la platea

  • Nuria Espert, en Incendios

Cuentan que cuando tenía 8 años, Wajdi Mouawad presenció desde lo alto de un edificio en su Beirut natal cómo un autobús repleto de regugiados palestinos era acribillado por las balas de las milicias. Era el inicio de la guerra civil libanesa y sus padres decidieron huir del país para establecerse en París y, posteriormente, en Canadá.

El horror de aquella vivencia está presente en el desarrollo de Incendios, considerada una de sus obras maestras y representada este pasado viernes en el Teatro Villamarta. Fue publicada y representada por primera vez en 2003, aunque lo que más llama la atención del texto es su auténtica vigencia o, si lo prefieren, la plasmación de sus grandes temas sobre el presente, sobre nuestro presente, de manera que esos incendios que han marcado las vidas de sus protagonistas en el pasado, son los mismos incendios que hoy se asoman a los telediarios a través de las vidas de otras muchas personas: mujeres maltratadas y asesinadas, refugiados que huyen del terror y del sometimiento, lugares en los que, como reconocen algunos de sus personajes, “la infancia es un cuchillo atravesado en la garganta”, verdades silenciadas...

Mouawad lo cuenta a través de la historia de una mujer, Nawal, a la que dan vida Laia Marull (joven) y Nuria Espert (anciana). Una mujer que se atrevió a aprender a escribir, a leer, a pensar, a amar, a luchar por su libertad, en un mundo de odio, opresión y represión. A su muerte, encomienda a sus dos hijos, desde su testamento, que busquen al padre y al hermano de cuya existencia no tenían noticias para que puedan rellenar los silencios de la propia madre.

No cuesta entender que Dennis Villeneuve viera una película latiendo en el corazón de esta obra, pero difícilmente supera la grandeza del montaje realizado por Mario Gas para esta adaptación al castellano y apoyado en un excelente elenco con una inolvidable Nuria Espert -próxima a cumplir los 82 años- a la cabeza. Su primera aparición provoca un gran estremecimiento -la representación está plagada de momentos así-, aunque el que convierte al espectador en un auténtico privilegiado es en el de su monólogo durante el juicio contra su torturador y violador. A su finalización, el público interrumpió con sus aplausos la función, como si acabase de interpretar el aria de una ópera.

Sin duda alguna, estamos ante una de las mejores representaciones teatrales que han pasado por las tablas del Villamarta en la última década. En la misma se daba la ecuación perfecta -por utilizar una terminología próxima a la de los teoremas planteados matemáticos durante la obra-: un texto excelente, una extraordinaria puesta en escena y una brillantísima interpretación coral. El público lo agradeció en pie con sus aplausos durante varios minutos. 

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