Actualizado: 00:16 CET
Domingo, 17/11/2019

Jerez

Amables inútiles

Podemos ver amables inútiles en todas las profesiones, pero la política, lamentablemente, suele acoger demasiados

Recibir amabilidad en el trato cambia la percepción del día de una persona. Encontrarse con una persona de gestos agradables, que nossonríe, mantiene contacto visual, nos escucha, simpatiza con nosotros y hasta empatiza, puede convertirse en el mejor momento del día. El avance en la sustitución de empleados por robots nos enganchará por eso, los harán reproducir lo mejor de los seres humanos.

Para atender una mesa de reclamaciones no se necesita al trabajador o trabajadora de carácter más hostil, muy al contrario cuesta más insultar a quien nos atiende con una sonrisa. Un tono sosegado hace que nuestra ira baje en grados. Una mirada atenta y un gesto de escucha es todo lo que necesita un cliente enfadado. Cuando se nos ofrece humanidad nos resulta más llevadero cualquier error humano.

Es un hecho que todo lo que nos aparece envuelto en calor humano nos parece más aceptable, aunque lo que nos den sea ineficacia e incompetencia. En esas situaciones, por muy envueltas que vengan en miel, hay que ser críticos, porque la buena voluntad no es suficiente y no disminuye las consecuencias. Un afable funcionario que esté mal formado en las gestiones que debe realizar, más nos perjudica que nos ayuda. Lo mismo sucede con un médico, un profesor, un político, un conductor de autobús…

Pero la necesidad de una sociedad más amable como elemento primordial para construir un mundo mejor, no puede ser descalificada por un mal uso. La amabilidad puede pervertirse cuando se utiliza para tapar nuestra ineptitud y también cuando se utiliza como herramienta para ganarse nuestros afectos. Con la formación adecuada las personas pueden convertirse en excelentes comunicadores verbales y no verbales. Se nota mucho cuando tu comunicación no verbal contradice lo que estás diciendo, no se necesita ser un experto para darse cuenta. Dominando la doble vertiente de la comunicación, un personaje público, puede meterse en el bolsillo a los espectadores, clientes, votantes, etc. Una dosis del tiempo necesario, puede dejar en su sitio, a los amables inoperantes y a los amables perversos. Bueno,  a todos desgraciadamente no, los segundos son más difíciles de pillar. Existen grandes monstruos con una sonrisa encantadora, no es cierto que la cara sea el espejo del alma.

Podemos ver amables inútiles en todas las profesiones, pero la política, lamentablemente, suele acoger demasiados. Aspiremos a que el nuevo siglo se trague a los políticos de oficio y si no, por lo menos, a los políticos por beneficio.

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