Actualizado: 23:56 CET
Domingo, 22/04/2018

Jerez

Educadores sociales reivindican su papel en la lacra del acoso escolar

Alertan de la “burocratización” que soportan los docentes, lo que les deja poco margen para “personalizar” el desarrollo académico con los alumnos. Las redes sociales y las aplicaciones, el peor aliado de esta problemática

  • El acoso escolar va a más.

El suicidio de una alumna  que padecía una discapacidad motriz y un retraso madurativo tras ser acosada por un compañero en el IES Ciudad de Jaen de Usera, en Madrid, ha sido la punta del iceberg de una problemática que muchos estudiantes padecen en silencio y que seguirá yendo a más si no se aplican medidas correctoras. De esta manera, el traumático desenlace del caso de Arancha, no se quedará en un capítulo aislado, a menos que las administraciones apuesten por una escuela “que vaya por delante de la nuevas familias y los nuevos hábitos de la sociedad y no al revés”, adaptándose a medida que se producen extremos como el del centro madrileño.

Así lo aseguran expertos consultados por este periódico, como Antonia María García Trujillo, graduada en Educación Social y Mediadora Familiar y perita judicial, que trata a menores con problemas, y considera clave la formación toda la comunidad escolar, desde los padres, los alumnos y los profesores para que este tipo de situaciones no afloren. Para ello, la presencia de un educador social se hace imprescindible.


Sin embargo, salvando algunos centros que tienen su propio equipo de orientación o tienen contratado de forma privada a un educador social, en la práctica de los dos EOE (Equipos de Orientación Educativo) formado por trabajadores sociales y psicólogos, solo uno de ellos tiene adscrito a un educador social que trabaja para varios colegios e institutos. Una cifra anecdótica si se tiene en cuenta que en comunidades como Extremadura, donde sí está reconocida esta figura, hay un educador social por cada instituto.

Frente a esta realidad, lo recomendable es que la presencia del colectivo de educadores sociales con formación específica en Mediación Familiar y Escolar se generalice en los centros educativos para la prevención, el diagnóstico, seguimiento, formación, evaluación y coordinación entre las familias, centros y recursos sociales. Esto quiere decir que el sistema educativo andaluz está "a años luz" en esta cuestión.


“No se trabaja la educación emocional en los centros. El sistema está encasillado, no avanza, ni se adapta a los nuevos tiempos y eso tiene que cambiar porque hay muchas herramientas para evitarlo, pero la mayoría de los centros las desconoce”, señala esta profesional, refiriéndose a la falta  de formación específica de toda la comunidad educativa en general, desde el alumnado, profesorado, padres y madres, y al déficit de profesionales específicos formados para la prevención de conflictos y la convivencia.

A  ello, esta experta suma la “burocratización” de la labor del docente, lo que, a su juicio, supone un 25% del trabajo para el profesorado, por no contratar personal específico para ayudar en estas funciones. Esto conlleva  una pérdida de tiempo ante la investigación o algo tan importante como poder hablar con el alumnado de sus dificultades, personalizar el desarrollo académico y sobre todo el emocional. “Esto no les permite detectar los problemas del alumno para actuar a tiempo”, sostiene.  


Después, como en el caso de la menor del Ciudad de Jaén, siempre puede ser demasiado tarde. De conocer las herramientas, será más fácil detectar y identificar si un alumno sufre acoso, el tipo de acoso, y poner a disposición de los menores las herramientas suficientes “para poder enfrentarse a la vida” .


Así, en primer lugar, no hay que perder de vista que cualquier diferencia física, emocional, o discapacidad que aleje al alumno “del círculo de los iguales” lo convierte en “carne de cañón” a la hora de ser víctima de acoso. Aunque hay muchas modalidades -algunas más difíciles de identificar que otras- , como explica esta educadora social, el que está generando más casos conocidos es el ciber-acoso o ciber-bullying.  Esto ocurre “por muchos motivos, puesto que hoy en día, el uso del móvil, portátil, etc, está extendido y generalizado entre los chavales saben dar un uso adecuado a esta poderosa herramienta, abierta a muchas cosas buenas, pero también a otras peligrosas que pueden tener graves consecuencias tanto para la persona que hace uso de ellas como para la que recibe estos actos delictivos”.


También hay que tener muy presente además de a la figura del acosador, y la víctima , al compañero “observador”, que ha permitido que determinadas acciones se produzcan y que por miedo, por no saber reconocerlo u otras circunstancias no lo ha denunciado a tiempo, porque esto también puede pasarle factura.

A la hora de trabajar con los responsables de conductas de acoso, también es necesario que tengan “un adulto de referencia” con el que hablar, ya sea un padre, una madre, o un profesor -lo cual no siempre ocurre- y que le den información directa ya que, en su opinión, “muchos jóvenes desconocen la gravedad de sus propios  actos, la responsbilidad que tengan o el daño que pueden llegar a causar en terceros”.

Sin embargo, no ayuda la brecha que hay entre el colegio, el profesorado, los padres y los alumnos, de ahí la importancia, como resalta, de trabajar desde la prevención con una formación integral que no descuide ningún eslabón de la cadena. De lo contrario, casos como el de la menor de Madrid seguirán sucediendo por una problemática que no entiende ni de clases sociales ni de centros públicos, concertados o privados.

Otras claves que hay que conocer

Un 40% de los niños ha sufrido acoso escolar alguna vez

Según un estudio de Save the Children en el año 2008 el porcentaje de acoso escolar era de un 19,8%, subiendo en 2011 a un 23,5%, pero lo más importante es que concreta que un 40% de los niños han vivido alguna vez el acoso escolar en ellos mismos, lo que evidencia que hace falta una intervención específica y profesional ante esta situación.

100 plazas de educador social en el limbo

Desde el Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de Andalucía (COPESA) se está reivindicando desde el año 2007, en el que se convocaron las primeras y únicas oposiciones de esta profesión, las más de 100 plazas que quedan pendientes según la promesa de la Junta.

Las experiencias del IES Sofía y del CEIP Luis Vives

Aunque pueda parecer lo contrario, no todo está perdido y pese al déficit generalizado de herramientas y recursos personales para hacer frente al acoso escolar, hay contadas experiencias en centros de Jerez que están dando muy buenos resultados y en las que se hace un gran esfuerzo. Así lo resalta la educadora social Antonia García, que se refiere expresamente al proyecto de mediación escolar llevado a cabo en el IES Sofia a través del Ayuntamiento por un educador social y que esta profesional entiende que hubiese sido interesante compaginar con una mediación familiar.


Otro a destacar es el de los centros que están poniendo en marcha los proyectos de comunidades de aprendizajes, como el colegio Luis Vives en Jerez o el CEIP Maestra Caridad Ruiz, en Sanlúcar de Barrameda, con el apoyo del CEP de Jerez. “Son proyectos de cambio en la práctica educativa para ayudar de forma igualitaria a las necesidades de la sociedad actual. El planteamiento pedagógico se basa en querer ser personas felices, utilizando como recurso las comunidades de trabajo donde intervienen familias, profesorado, voluntariado, alumnado, entidades y la sociedad en general”.


  Muy cerca también de Jerez, en Medina Sidonia, el IES San Juan de Dios tiene en marcha una campaña bianual contra el ciberacoso denominada “Con mi móvil, no” que ha creado la figura del “vigilante digital” o el “Ampa digital” en una iniciativa muy completa, en la que se ha implicado desde la Guardia Civil a la comunidad escolar y que ha desarrollado concursos reivindicativos para que el mensaje no se pierda. A ello hay que sumar, como resalta esta educadora social, muchas experiencias que se están llevando a cabo  en otros puntos de España, con muy buenos resultados, consiguiendo superar el fracaso escolar y los problemas de convivencia.


El problema, sin embargo, es que si no se apuestan por estas experiencias con recursos para extrapolarlos al resto de centros, y siguen siendo iniciativas aisladas, al final acaban extinguiéndose y “se pierde una oportunidad” de coeducar a los alumnos en esta problemática.

Acompañarlos con un trabajo integral

Escuchar, motivar y acompañar a los chavales, familias, profesorado y otros profesionales de la psicología, pedagogía, trabajo social, para conseguir con este trabajo integral, hacer aflorar todas las potencialidades de cada persona

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