Actualizado: 23:15 CET
Miercoles, 12/12/2018

Jerez

“Recuperar San Pedro fue de más envergadura que lo de ahora de Santiago"

”Reivindico en el libro que las campanas de San Pedro jamás vuelvan a silenciarse y también a los personajes ilustres que han nacido en el barrio”

  • Eduardo Velo en la sede de su Hermandad de Loreto con el libro histórico.

“San Pedro, la iglesia escondida en el centro de Jerez”, es el nombre que recibe una obra escrita por Eduardo Velo, hermano mayor de la del Loreto, con doscientas sesenta y cinco páginas llenas de ilustraciones y datos para la historia.

—¿San Pedro es una iglesia escondida?.
— Escribo que San Pedro es una iglesia escondida. ¿Por qué? Porque es un barrio, el de San Pedro, que aunque está en el centro ha mantenido su propio sello, su propia idiosincrasia. Los vecinos del barrio se han considerado siempre muy de San Pedro. En su momento fue bastante extenso. La Vid salió de él, fíjese hasta dónde llegaba el término. Pero ya se ha quedado dentro del centro y donde antes había una casa con siete u ocho vecinos, ahora hay una familia que ha comprado la casa, ha montado abajo su garaje y arriba su vivienda. Y ahora que esa familia sea de Iglesia, como se decía antes. Es decir, que es un barrio que se ha quedado en el centro de la ciudad. 
— ¿La trascendencia de otros como San Miguel o Santiago lo han podido oscurecer?
— Al de San Pedro se le llamaba el barrio de enmedio porque quedaba en medio de Santiago y San Miguel, los dos barrios históricos de extramuros. La mayor parte de este barrio pertenecía a San Miguel. San Pedro era un barrio dentro de un barrio. Cuando se crea la iglesia auxiliar de San Pedro por parte del párroco de San Miguel, don Ramón Álvarez de Palma, se hace porque a los feligreses que fallecían no daba tiempo de darles los últimos sacramentos, por lo lejana que quedaba la parroquia y lo nutrida de habitantes que estaba esta zona. Se creó esta iglesia auxiliar y la ermita de La Yedra era la otra, en el otro extremo del barrio. La iglesia de San Pedro estaba antes en la calle Ánimas, que recibe su nombre porque había una Hermandad de Ánimas. Era una iglesia pequeña, en la que cabían treinta o cuarenta personas,  se vio que aquello era insuficiente por la cantidad de fieles que acudían a las misas y se decidió comprar los terrenos, donde se ubica actualmente, para edificar una nueva iglesia. La primera piedra se puso en 1758, interviniendo el arzobispado de Sevilla para ayudar a su construcción. Estuvo de iglesia auxiliar hasta 1911 en que se erigió como parroquia y con motivo de ese centenario he escrito este libro.
—¿Qué importancia ha tenido en Jerez San Pedro como parroquia? 
— Se creó en 1911 como parroquia por la demanda de sacramentos que existía, pero después de la Guerra Civil entró de copárroco don Anselmo Andrades, un cura con mucho carisma en la ciudad,y esta parroquia, en el centro y muy nutrida, adquirió una importancia muy grande. Nacieron personajes ilustres y tenía mucha actividad. Del Fomento Vocacional de don Anselmo llegaron a salir más de una treintena de sacerdotes, algunos como don Luis Bellido o don Francisco García Villegas que tuvieron cierto renombre en la ciudad. Cada vez que se hacía una primera misa era un acontecimiento. Tenía mucha vida. Aquello comenzó a decaer y cuando se llegó al cierre del templo, por la ruina del edificio, fue un parón muy grande que costó mucho trabajo recuperar.    
— ¿Cuántos años estuvo cerrada?
— Siete años. Desde 1973. Se cerró el día después de la festividad de la Virgen de Loreto. Había un informe de cuatro arquitectos en el que se comentaba que la iglesia había que cerrarla porque la bóveda estaba aplastando todo lo que era la cubierta. Hubo problemas de todo tipo, especialmente económicos, hasta que el 2 de marzo de 1980 se reaperturó.
— Pero tengo entendido que existieron muchas ayudas, no como ocurre ahora con Santiago.
— Sí. Hubo ayudas. Como en todas estas cosas el párroco, don José Rodríguez, fue el que llevó el peso   grande, aunque había un consejo parroquial que ayudó bastante. También hay que contar que la parroquia tenía algunas propiedades, entre ellas la casa de Bocouze, en la calle Naranjas, donde nació el que fuese ministro Manuel Lora Tamayo. La parroquia heredó aquella casa y la vendió y fue el último achuchón grande para terminar la obra.
— Pero hubo hasta festivales...
— Uno flamenco, sí, que organizó José Vega, que era del barrio y  relaciones públicas de la Peña Flamenca de Arcos. Trajo a cantores veteranos de Arcos y el festival se celebró en el Colegio La Salle Buen Pastor y fue otro empujoncito. También fue muy importante la labor de Manolo Liaño, a través de la prensa, que no paraba de insistir en que San Pedro no fuese una iglesia olvidada y que había que abrirla. En el libro hay una serie de cartas que se cruzaron Manolo Liaño y don José. Se movió a la feligresía  y hasta se acordaron unas cuotas extraordinarias y así se logró salvar la iglesia. Bueno...,salvarla...
— ¿Sí?
— Es que la iglesia se echó abajo entrera por dentro y hubo que reconstruirla totalmente. No es como Santiago. Fue de mayor envergadura. De la iglesia quedó solo los muros exteriores. Curiosamente, cuando el cardenal Bueno Monreal se enteró de que la iglesia se derribaba puso la única condición de que exteriormente no perdiese la fisonomía que tenía porque era lo que los vecinos consideraban como parte del barrio. Era una forma de que no perdiese su imagen y  se conservan esos muros del siglo XVIII, que no estaban dañados.  
— ¿Ha tenido don José Rodríguez el reconocimiento que se merecía?
— Don José fue un hombre muy luchador, pero era muy recio, muy serio, poco cercano e imponía respeto, pero tenía un sentido del deber, de la pastoral y de la Iglesia muy arraigado. Hay una cosa que no se sabe, y que lo expongo en el libro. La Iglesia nueva costó muchos millones de entonces y cuando don José se marchaba, por jubilación, quedaba aún un resto por pagar. Pues bien, cuando llegó don Fernando Rueda, como nuevo párroco, aquella deuda no existía. Nadie sabe cómo se liquidó pero todo hace pensar que, sabiendo lo responsable que era don José y que fue él quien organizó aquel berenjenal, fue él mismo quien acudió al banco y de su propio bolsillo liquidó para que nadie se quedase con el peso de la deuda. A él se le debe que la Iglesia esté donde está, porque se podía haber cerrado, se podía haber echado abajo y construido en otro sitio que pastoralmente fuese más eficaz, pero él procuró levantarla porque ahí estaban sus feligreses e, incluso, intentó que no perdiese el estilo antiguo. En aquellos momentos se estaban construyendo iglesias con mucho hormigón como el Perpetuo Socorro, Fátima o Capuchinos y él quiso que tuviese un cierto sabor antiguo, adaptándose a las exigencias litúrgicas que salían  del Concilio Vaticano II. Se hablaba de un templo asambleario y con distintas formas. Le puso las bóvedas, la cúpula y mantuvo el sello que conocían los feligreses aunque, lógicamente, no tenía nada que ver con el templo de 1758 que era de tres naves, crucero, un presbiterio alto, estaba enfrente el altar mayor, pero era poco práctico porque la Iglesia no era muy grande, tenía unos pilares muy anchos y se perdía mucho sitio.
— ¿Y a partir de 1980 qué papel ha jugado San Pedro?
— Costó. En el cierre lo que era la iglesia pasó a la Compañía de María y los archivos estaban en un local de Gráficas del Exportador en Bizcocheros. Se enfriaron las relaciones con la feligresía porque no existía la actividad propia de la parroquia. Todo quedó paralizado, catequesis, Cáritas y demás hasta su reconstrucción. Eso hizo que don José, un hombre ya mayor, se quemase y que las cosas fuesen complicadas. Don José estuvo de párroco hasta 1992 y cuando llegó don Fernando Rueda, con su hermano don José, ya no vivían en el barrio, sino por donde estaba la Hermanita de los Pobres y venían solo para las misas. Eso dificultó la vuelta a la normalidad de la vida parroquial, aunque se logró hacer el consejo pastoral. Ahora don Luis está intentando revitalizarla y estamos saliendo, con el hándicap de que no estamos en la época de don Anselmo, en la España que teníamos, el nacionalcatolicismo, todo el mundo en misa los domingos, las comuniones. Hoy en día la Iglesia se ve un poco desde lejos y es difícil y más en una iglesia de centro con poca gente joven, ya que casi todos han emigrado a las barriadas. Hay mucha gente mayor y muchos templos alrededor. Además, la calle Bizcocheros ya no es lo que era. Los que tenemos ya algunos años sabemos que era un centro comercial y ahora es una calle desierta. Son inconvenientes para que la parroquia no sea lo  que fue. Así y todo tiene su casticismo y el cariño de los jerezanos por la vinculación de tantísima gente que ha estado viviendo en la feligresía. 
— ¿Su libro, aparte de histórico es reivindicativo?
— En parte es reivindicativo. En la introducción hago una analogía, una reivindicación a través de las campanas, porque las campanas de San Pedro siempre han sido muy significativas desde que se colocaron en la espadaña en 1780. Quiero que mi libro no sirva tan solo de eco del pasado sino para renovar el cariño y la estima hacia esta parroquia y para que nunca más se silencien sus campanas, como tanto tiempo estuvieron calladas. También es una reivindicación de gentes de este barrio como el cardenal Herrero, una de las grandes figuras del siglo XIX en España. Un gran literato, gran jurista, arzobispo de Valencia y cuya memoria se ha perdido con el cambio de nombre de la calle, o María Antonia de Jesús Tirado que nació en la calle Arcos o Antona de Dios, que fue una señora  muy venerable, Gaspar Fernández, Manuel Lora Tamayo, el aviador Durán González, que nació en la calle Honda. El libro sirve para hacer memoria de esos vecinos ilustres y de ese centenario que se cumple como parroquia y y también los cincuenta años de cómo está la parroquia ahora mismo, ya que en el 62 salió de aquí Los Descalzos y en el 64, Fátima. Antes, en los cincuenta, había salido Las Viñas.
Mientras en la calle la algarabía de los más pequeños se dejaba sentir, ya que el Gran Visir estaba atravesando Jerez, la tranquilidad en la zona de casa hermandad de la Loreto, de la que Eduardo Velo es hermano mayor, era total. Retratos de todos los hermanos mayores cuelgan de las paredes y también sobre una mesa el libro que también escribió Eduardo del cincuentenario de una hermandad que “se fundó en el año 1951 y ha sido testigo fiel del devenir histórico de la parroquia”. Una hermandad “siempre implicada en la vida parroquial y más cuando volvimos de Santo Domingo”. Tanto es así que, en tiempos de los hermanos Rueda Cantarero, los propios hermanos se encargaban de la catequesis y del archivo parroquial. Ahora sigue estando como asociación acogida a la parroquia, pero las labores parroquiales las asume don Luis, el párroco. La Hermandad, por cierto, nació al cobijo de la devoción que existía por la Virgen, Patrona del Ejército del Aire...
— El Ejército del Aire y la devoción fueron los pilares del nacimiento de la Hermandad. Se dice que la Virgen vino del oratorio privado que el Marqués de Villamarta tenía en su casa de Calle Larga. En el año 1923 se reconstruyó entera y salieron las imágenes. Era la Virgen de los Dolores. Nosotros teníamos el cepillo y ponía Virgen de los Dolores y estaba encima del Ecce Homo.
— La imagen a la que le dedica el libro.          
— El Ecce Homo viene de la antigua Hermandad de Ánimas por lo que es la imagen que está más unida al barrio desde siempre. Tenía una devoción muy grande, comparable a la del Señor de la Puerta Real. En Cuaresma, a comienzos del siglo XX, se hacían solemnes fiestas en honor del Ecce Homo. Aquí hay otras imágenes porque cuando se estaba construyendo San Pedro, en el siglo XVIII, era la época de la revolución, de La Gloriosa,y se destruyeron muchos conventos entre ellos el de la Vera Cruz en el Villamarta o el de la Misericordia, en el Progreso, otro en la Alameda del Banco, el convento de Belén....De la Vera Cruz llegaron las imágenes de San Fernando y San Roque, Santa Justa y Rufina del de Belén y el Cristo de la Misericordia, que está en el altar mayor y que es la escuela de Ocampo. Parece ser que fue el que encargó San Juan Grande como Cristo de la Buena Muerte. No el de San Juan de Letrán, que es posterior a cuando vivió San Juan Grande. Es más de la época barroca y el de San Pedro es más de la transición del renacimiento al barroco. De San Miguel vino el órgano que está desmontado,  que es el único que hay en España con un solo secreto. No se puede poner porque es tan bueno que retumbaría tanto que sería imposible. Necesita un templo más grande.
Otro abandono más en un Jerez que, patrimonialmente “da pena”, ya que “cualquier ciudad que tuviese la materia prima que tiene Jerez la estaría explotando. Voy a Cáceres y me da envidia cómo se conserva su casco histórico, o el sevillano barrio Santa Cruz. Jerez tiene mansiones, casas, el entramado de sus calles, pero los palacios están abandonados, Santiago, el convento del Espíritu Santo que se puede caer. Es una lástima. No sabemos valorar lo de aquí. Somos apáticos. Da todo igual. Somos muy de puertas hacia dentro y eso tiene su precio, va en detrimento de la propia vida de la ciudad”. Apáticos y atípicos como el propio barrio de San Pedro...      
—Que son tres barrios en uno. Es una equivocación decir que La Albarizuela es San Pedro. Es un barrio de San Pedro, el más antiguo y comprende las calles alrededor de la capilla de los Desamparados. San Pedro es más burgués, con casas más grandes, de cierros, más de centro y La Albarizuela es más popular con casas de vecinos, casas blancas. El barrio de San Pedro nace del cementerio judío que estaba en la calle Honsario, que es una deformación de la palabra fonsario. Había un camino por La Judería que unía las huertas de Santo Domingo y las de San Francisco y el camino que iba a la Sierra, donde había otro hacia el cementerio judío. En 1500, un hijo de Martín de Vera, que fue el conquistador de Canarias, se estableció aquí y pidió al Ayuntamiento los terrenos adyacentes al cementerio judío para construir terrenos y la hermandad de la Santa Misericordia creó la capilla del Refugio de los Desamparados. Y había otro barrido, anterior a San Pedro, que era el de Las Atarazanas, por San Andrés, Santa Rosa Rosario, Zaragoza, Cruz. Aquí, a raíz de la parroquia comienzan a construirse grandes casas, pero el barrio es anterior a la parroquia.
Barrio de toreros. Los Belmonte, Venturita y, sobre todo, Juan Antonio Romero´, de la calle Palomar, que “lo traían a hombros desde la plaza de toros y se engalanaba el barrio, estuvo aquí también su peña” e, incluso “había un núcleo gitano en la calle Gómez Carrillo. Le decían la calle de los gitanos porque había un asentamiento”. En el libro, escrito en un algo más de un año y con dificultades por la falta de documentación, hace una introducción al barrio para que se sepa que “es un barrio de importancia dentro de Jerez”.
 

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