Jerez

Los obispos abren la puerta a una ‘revisión’ de las cofradías

El último documento de los prelados del sur advierte de la necesidad de “cuidar” las procesiones para que sigan siendo “auténticas manifestaciones de fe”

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  • Nazarenos de la Hermandad de la Vera Cruz. -

La carta pastoral 'María Estrella de la Evangelización', publicada estos días por los Obispos del Sur, obliga sin duda alguna a una serena reflexión sobre el papel de las hermandades y cofradías en la Iglesia y en el conjunto de la sociedad.

La publicación del documento coincide con el final de curso y el treinta aniversario de la visita a Andalucía del Papa San Juan Pablo II que le llevó a postrarse ante la Virgen del Rocío.  

Entonces, el Santo Padre reivindicó el papel de la religiosidad popular frente al secularismo y la descristianización que iba creciendo en la sociedad. Ahora, los Obispos del Sur constatan que esos fenómenos “afectan también gravemente a realidades y expresiones vinculadas” a esa piedad popular.  

Se habla incluso de impulsar una “siempre necesaria purificación”, advirtiéndose entre otras cosas de que “carece de sentido profesar con los labios el Credo y vivir de manera contraria a la fe y moral de la Iglesia”.  

De igual modo se deja claro que “la primera preocupación” de una junta de gobierno “no ha de ser tanto el cuidado del patrimonio material cuanto llevar el Evangelio a todos” los miembros de la propia hermandad.

Las cofradías, además de trabajar en la formación, el culto y la acción caritativa, deben también sumarse a la tarea evangelizadora de la Iglesia, con la que deben mantener un “contacto vivo”, ya que están llamadas a ser “escuelas de vida cristiana”.

Todo ello sin dejar de lado que a esa evangelización se puede llegar “por el camino de la belleza” y a través de la veneración de las imágenes -sabiendo que no se veneran por ellas mismas, sino por lo que representan- y de las procesiones, que en cualquier caso habrán de “cuidarse para que sean auténticas manifestaciones de fe”.  

Las interpretaciones del texto

Para Eduardo Velo, que ha sido miembros del Consejo local de la Unión de Hermandades y hermano mayor de la Hermandad de Loreto, el documento es “oportuno y conveniente”, en primer lugar porque “se valora la importancia de la piedad popular de cara a la sociedad”, pero también ante una parte del clero que aún se muestra “reticente” a estas manifestaciones.

Al mismo tiempo, esa invitación a volver a los orígenes no implica “retroceder”, sino a una necesidad de prestar mayor atención a “lo esencial” en lugar de aquello que pueda resultar “intrascendente”.  

Ángel Heredia, que también ha formado parte del Consejo y ha sido hermano mayor de la Hermandad de la Clemencia, observa una “puesta en valor” de la piedad popular más que una mera “llamada de atención” de los obispos.

Eso sí, entiende que el documento debe servir de base para que las hermandades y cofradías sepan discernir su labor diaria “desde lo más hondo” de su propio ser.

“¿Estamos siendo verdaderos instrumentos al servicio de la Iglesia para que nuestros hermanos descubran la fe y puedan santificar su vida? Ahí está la clave y este documento debe ayudarnos a nivel individual y comunitario a descubrir la verdadera riqueza de la piedad popular”, apunta este cofrade.  

Parecida es la interpretación que Eduardo Velo hace del texto, que cree “es una orientación para reconducir la situación en busca de la autenticidad y de la esencia que dan sentido a las hermandades” más que una mera “llamada de atención”.

No en vano, considera que estamos ante “un manual para que las cofradías sepan cuál es el camino” que deben seguir a partir de ahora.

Ángel Heredia cree de hecho que este “documento magistral” debería ser trabajado “a fondo” en estos próximos años en el seno de las hermandades, cuestionándose en este sentido si “todos los actos de culto” que se celebran conducen realmente “al encuentro con Cristo” o si “están animados por el Espíritu Santo” o responden únicamente “a voluntarismos y activismos mal entendidos” que pueden negar “la acción vivificante y purificadora del Espíritu”.  

Y a este respecto no duda de que si la acción de las hermandades “está dirigida a vivir la fe de manera comprometida” estarán “en el camino correcto”.

Por el contrario, “dotar de categoría de fe a ciertos ejercicios esporádicos de piedad popular desconectados de la liturgia y de la vida comunitaria de la Iglesia” podrían terminar convirtiendo a estas manifestaciones “en ciertos ejercicios de magia”.

A modo de resumen final, Velo entiende que estamos ante un documento que “orienta a la autoridad eclesiástica” de cara a fijar “un criterio común a la hora de establecer una norma que ayude a recuperar la esencia” de estas expresiones de piedad popular, haciendo las cosas “con fundamento evangélico y pastoral”, algo que se antoja “muy necesario” de cara a que las propias hermandades sepan “de dónde vienen y hacia donde deben caminar”. 

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