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14/08/2022  

Jerez

La Semana Santa de Jerez no puede ser un ‘meme’ de sí misma

La religiosidad popular ha caído en manos de los exaltados, que ganan terreno sin que nadie se atreva a cuestionarles

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  • Una estampa del Domingo de Resurrección en Jerez.

Fue necesario que transcurrieran 1.084 días para volver a ver cortejos nazarenos en la calle, pero apenas unas horas para empezar a advertir de que, o bien durante ese tiempo de espera nuestra memoria sólo nos había sugerido recuerdos amables de la Semana Santa o quizá es que las cosas han cambiado en exceso en estos tres últimos años, y casi siempre para mal.

En estos días del supuesto gozo hemos asistido a demasiados momentos de desdicha, algunos ciertamente sobrevenidos, pero otros no parecen sino una consecuencia directa de lo que se ha ido sembrando en los últimos años en un contexto general de complacencia.

En vísperas de la Semana Santa alcanzó eco notable la desafortunada expresión de un exaltado a las plantas de la Esperanza de Triana.

Minutos después de que aquella lamentable escena fuese conocida en los cinco continentes gracias a las redes sociales empezaron a difundirse mensajes de condena y rechazo.

Lo triste -más incluso que el improperio en cuestión- es que muchas de las personas que entonces mostraban dolor y condena eran posiblemente las mismas que han alimentado poco a poco a un monstruo que amenaza con devorar todo aquello que se vaya encontrando a su paso.

La religiosidad popular -se aprecia a nivel general y Jerez está ahí en vanguardia- ha caído en manos de los exaltados, que ganan poco a poco terreno sin que nadie se atreva a cuestionar comportamientos ni actitudes no vaya a ser cosa de que quienes lo hagan terminen saliendo trasquilados.

El radicalismo encuentra además abono para seguir creciendo en 'youtubers' e 'influencers' capaces de vender a su padre en pública subasta a cambio de un 'like', un comentario en sus redes o un vídeo compartido que incremente el tráfico de sus servidores.

Hemos llegado a un punto en el que todo vale y nada puede siquiera cuestionarse.

El problema es que todo ese caldo que se va cociendo a fuego lento pesa en el ánimo de las juntas de gobierno a la hora de adoptar decisiones para las que se requiere de cierta dosis de racionalidad y para las que es necesario aislarse del mundo exterior.

Y no me refiero ya sólo a esas determinaciones a las que se debe hacer frente en tardes y noches de predicciones meteorológicas adversas, que también, sino a las propias de la gestión diaria de una hermandad.

Así, vemos a cofradías a las que les importa poco recorrer todos los metros que sean necesarios para pasar por una determinada calle, olvidándose por completo de sus cortejos nazarenos para otorgar todo el protagonismo posible a la cuadrilla de costaleros y a la banda de turno, que son quienes finalmente van a quedar reflejados en el Youtube.

Y si hay que salir lloviendo se sale, no sea cosa de que se metan con uno en el Facebook... Y si la corriente dice que hay que cambiar el día de salida, se cambia. Y si hay que poner a fulano de capataz, se pone. Y si dicen que hay que pasar el primero, el último o el tercero por la Carrera Oficial, pues se hace.

Alguien decía en vísperas de la Semana Santa que muchos de los problemas que se observan en la calle tienen su base en que las decisiones que afectan a las cofradías las suelen tomar aquellos que llegado el día de la salida procesional van más cerca de los pasos.

Rara vez se toma en consideración que el verbo disfrutar -que tanto se conjuga en las jornadas pasionales- tiene una tercera persona del plural que podría dar un cierto sentido a todo aquello que se hace.

Pero aquí siempre disfrutan los mismos, que suelen ser los que están bajo el paso o a medio metro de él.

Más allá de ese jolgorio hay nazarenos que sufren paradas interminables y retrasos a menudo bochornosos, y ahí sí que se conjuga la tercera persona del plural.

Todo eso, que antes parecía ser motivo de preocupación común, ahora se da ya por amortizado.

De hecho, si a alguien se le ocurre mirar el reloj será tratado como un bicho raro.

De quienes tienen la costumbre de tratar con cierta seriedad y rigor estas cosas se dice que no les gustan las cofradías, cuando quizá lo que no les gusta es este modo de proceder por irrespetuoso.

Pero el caso es que en la Carrera Oficial la gente abandona los palcos porque se aburre de ver escuálidos cortejos que tratan de estirarse como un chicle para justificar sus tiempos de paso.

La Semana Santa es la gran fiesta de los sentidos y ese es sin duda uno de sus grandes activos.

Es necesario en cualquier caso no confundir la experiencia sensorial con el mero cumplimiento de los instintos humanos más primarios.

No, las cofradías no pueden convertirse jamás en alimento ni mucho menos entretenimiento de personas desocupadas que precisan de una dosis diaria de izquierdazos y cornetas para coger sueño por la noche, porque si alguien así lo requiere lo que debe empezar a buscar no son ya excusas para sacar pasos a la calle, sino tratamiento médico adecuado a su problema.

Lo que se vivió este Domingo de Resurrección en Jerez no debería volver a repetirse nunca más.

Es una cuestión ya de respeto hacia las propias cofradías, que no están para entretener a gente ociosa.

La Hermandad del Consuelo trasladó a sus imágenes hasta la parroquia de las Viñas en vísperas de la Semana Santa sin que nadie se enterase.

Los 'youtubers' perdieron visualizaciones, pero los hermanos se evitaron un esfuerzo innecesario en puertas de la estación de penitencia del Miércoles Santo.

Veníamos de tres años de sequía y hemos estado a pique de que se desborden los pantanos a fuerza de volcar sobre ellos tanta dosis de euforia mal disimulada.

El Consejo se estrenaba. El obispo también. No queda otra por tanto que admitir pulpo como animal de compañía.

Pero eso sí, existe la necesidad de empezar a reflexionar sobre qué queremos ser de mayores.

El sendero que hemos tomado nos puede abocar al suicidio colectivo, porque una cosa es la religiosidad popular y otra distinta que la Semana Santa no pase de ser un festejo más o menos popular en el que lo accesorio se anteponga siempre a lo esencial.

Se antoja ya imprescindible empezar a poner límites a asuntos que están en la mente de muchos cofrades pero que nadie se atreve a cuestionar por temor a una opinión pública cada vez más radicalizada y jaleada desde las redes sociales.

La Semana Santa de Jerez no puede terminar siendo un 'meme' de sí misma. 

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