Actualizado: 12:21 CET
Viernes, 06/12/2019

Jaén

“Se está perdiendo el baile flamenco de mujer”

En Cultura VIVA, la bailaora Erika da Silva, co-directora de la Escuela de Arte Flamenco ‘El Tabanco’

  • Erica da Silva.

Bailaora de flamenco desde niña, lleva diez años de carrera profesional, con un marcado estilo sobre el escenario, donde derrocha elegancia y tradición, como fiel defensora del baile flamenco de mujer.

Erica da Silva (1989) llegó a España desde Venezuela, su país natal, hace ocho años. “En mi país hay una gran afición al flamenco. A mi madre siempre le ha gustado y me apuntó a clases. Ahí comenzó todo”, recuerda. Tras viajes a Madrid para participar en cursos, decidió instalarse en España. “Sentía la necesidad de expresarme. Me di cuenta que el flamenco era lo mío. Sabía que mi modo de vida sería el baile. Fue difícil dejarlo todo atrás”, reconoce.

Su primera parada, antes de llegar a Jaén, fue la capital hispalense. En Sevilla se formó en la Fundación Cristina Heeren, su escuela durante cuatro años. “Llegué con una base de Venezuela, pero en Sevilla fue donde aprendí con grandes maestros durante cuatro años”, recuerda.

A Jaén llegó hace cinco años y en el año 2015 montó, junto al bailaor Antonio Chica de la Torre, la Escuela de Arte Flamenco ‘El Tabanco’, que co-dirige y en la que imparte clases. Se conocieron en Venezuela y que su pareja estuviera en Sevilla, la animó a dejar su país por el flamenco, y finalmente afincarse en la capital para seguir creciendo como bailaora. Erica da Silva es elegancia en el escenario.

“Cada vez más, las mujeres quieren bailar como los hombres, con los pies, y se está perdiendo el baile desde la cintura para arriba, con un buen braceo, el uso de la bata de cola y el mantón. Lo que más impacta es la velocidad de los pies y se está perdiendo el baile de mujer”, puntualiza. Para ella el flamenco es “cante, baile y guitarra”, defendiendo el “baile flamenco tradicional”.

Reconoce que a pesar de ser un baile “exigente”, las nuevas generaciones “vienen pisando muy fuerte y se baila con mucho nivel”. Bailar flamenco sin ser española le ha hecho “sacar lo mejor” de ella. “El flamenco te hace sacar lo que tienes dentro. Con el flamenco expresas cómo te sientes. El estado de ánimo afecta a tu baile”, reconoce. El baile le ha hecho ganar en “sensibilidad”, siendo un “enriquecimiento continuo”. Dice: “El flamenco está todo el día en mi cabeza.  Me gusta la docencia, pero más el escenario, del que no quiero bajarme. Nadie debería quedarse con las ganas de bailar flamenco si sienten que les llama”. Reconoce que “lo más bonito de la docencia es ver la evolución” de los alumnos.


“Inculcamos la cultura de que sigan preocupándose por el flamenco en casa. Hay que beber del flamenco con el baile. No hay edad para acercarse al flamenco. En Jaén gusta y hay afición. Los alumnos tienen sed de flamenco”, afirma.  

No ha perdido el nervio en el escenario, pero sí ha aprendido a controlarlo. “El día que pierda los nervios será porque se ha ido la ilusión. Siento un enorme respeto y una gran responsabilidad cuando actúo. No se puede menospreciar un escenario por pequeño que sea. Tienes que entregarte al público y ofrecer siempre calidad”, dice.

Y así ha sido este pasado domingo con el espectáculo ‘De Jaén al mundo’, en el que ha bailado junto a otros artistas y con el que se ha  clausurado el III Festival Internacional de Flamenco ‘Ciudad de Jaén’ que organiza con su escuela desde 2017. “El flamenco hay que mantenerlo vivo y desde Jaén lo hacemos”, reconoce, agradeciendo el respaldo social a la Escuela y el Festival.  “Jaén tarda en aceptarte, pero nos ha acogido muy bien. Hemos creado una familia bonita con la Escuela. Entre los propios artistas ya se habla de quién viene al Festival de Jaén y los jiennenses saben que en noviembre llegan artistas de primer nivel. Con el Festival, le hemos dado una vida a la ciudad que le faltaba”, apunta.

Al hacer una radiografía de la vida cultural en Jaén, reconoce que “hay mucha”, a la vez que señala que  “hay personas que se han acostumbrado a quejarse de que no hay nada y no se preocupan de informarse”. Defiende que en Jaén se organizan “espectáculos de calidad, con precios asequibles que en otras ciudades se duplicarían”, manteniendo que la cultura “no puede ser gratis”, aunque así guste en la ciudad.

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