Actualizado: 23:30 CET
Martes, 23/04/2019

Jaén

Identidad propia, barrios que hablan de Jaén

El distrito Sur, barrios tranquilos, para vivirlos y disfrutarlos por la identidad propia que proyectan al resto de la ciudad, que tienen al Castillo y...

Los barrios del Distrito Sur de Jaén.

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Ubicados en el Sur de la capital, el distrito suma barrios en la parte alta de Jaén que nunca alcanzarán ni al Castillo ni a su imponente Cruz, testigos de la vida de todos, del día a día que se palpa en Tiro Nacional, El Tomillo, San Felipe, La Glorieta, San Sebastián, Jabalcuz, Fuente de la Peña y El Almendral.

El distrito Sur de Jaén es uno de los más identificativos de Jaén, por la orografía de sus barrios, por el carácter de ‘barrio, barrio’ que tienen la mayoría, por sus vistas privilegiadas y por paisajes que hablan de un entorno abierto, a la vez popular que histórico.

Llegar desde el Oeste para buscar el Sur de Jaén, lleva a todo jienense al barrio del Tiro Nacional y El Tomillo, con casas en plena rocas de montañas, con estampas paisajísticas que muestran las peculiaridades de barrios con importantes signos de abandono. Se evidencia desde la carretera de Circunvalación, con calzada llena de baches y hoyos; y con aceras destrozadas, a pesar de mantener un pavimento acorde con la zona, de piedra sobre piedra que el paso del tiempo y la falta de mantenimiento no han permitido conservar.

Estos barrios dan la imagen de un pueblo, por la tranquilidad que impera en sus calles y por la escasez de tráfico y de bloques de viviendas. Son casas unifamiliares, con familias de mediana edad, pero con una población también mayor, no exenta de las dificultades de comunicación que presenta la zona. La calle ‘Subida al Tiro Nacional’ es una de las que en peor estado se encuentra. Por ella se llega a un espacio público de recreo, con un campo deportivo abandonado y con zonas de juegos para los más pequeños en mal estado.

Luego, adentrarse en el barrio es pasear por calles limpias, tranquilas y con calzada adecuada. La tranquilidad roza el silencio absoluto, salvo cuando los vecinos coinciden al bajar del autobús, al llegar de la zona centro y realizar sus compras diarias en el mercado de San Francisco, por ejemplo. Así ocurrió ayer, por la mañana, no muy tarde, cuando las calles de El Tomillo comenzaron a tener más vida que la de cada hogar.

Con complejos como el de la piscina municipal de El Tomillo, éste se convierte en uno de los barrios más envidiados, por unas instalaciones que permiten disfrutar del baño con vistas al Castillo y lejos de la contaminación de la ciudad, de la que forma parte.

El barrio de El Almendral y el de San Felipe se dan la mano, con la peculiaridad del ambiente de uno y de otro, a pesar de la cercanía. La tranquilidad es una garantía en ambos. Sus residentes así lo defienden, al igual que la imagen de barrio que dan, con casas unifamiliares que ubicadas en calles con cuestas imposibles, en algunos casos, vuelven a dar la imagen de pueblos dentro de una capital. De ahí que en ambos se viva “muy bien”.

Así lo reconoce Manuel Ruiz Ramírez, vecino desde hace más de cuarenta años de San Felipe, con una casa con vistas que buscan el Cerro Almodóvar si cruza la carretera de Circunvalación. “Se vive muy bien, pero hay zonas muy dejadas, como los jardines, que son zonas llenas de excrementos de perros y muy descuidadas, gastadas. Podrían plantar flores y árboles, es una zona por la que viene mucha gente a andar y pasan otras haciendo deporte. Da vergüenza como está”, dice.

Es un barrio “muy tranquilo” y los vecinos agradecen la ausencia de zonas que animen a la reunión de ocio nocturno. “Se echa de menos más comercio tradicional. Las personas mayores tienen dificultades para las compras diarias”, dice Ramírez.

La temperatura en la zona, al lado de la Sierra, está animando a elegirla como zona residencial. “Se está mudando gente más joven, porque la población del barrio es mayor, y una de las ventajas es que aquí no hace falta aire acondicionado en verano”, explica.

Mª Dolores Peña es vecina de San Felipe desde hace 30 años, pero antes vivió en El Almendral. “Son dos barrios muy buenos para vivir. Son zonas sencillas, de gente trabajadora. Estamos bien comunicados con la zona centro y eso es una ventaja”, dice.

Adentrarse en el barrio invita a dejar el coche estacionado, por la escasez de aparcamiento, y andarlo en busca del comercio, especialmente el que se congrega en la zona de la rotonda ‘Lola Torres’, estéticamente bonita, pero con una calzada muy deteriorada. Es una zona con bastante tráfico rodado, puerta de entrada a la capital, y la falta de mantenimiento ya deja señas del deterioro.

Ambos barrios presentan una orografía que complica la vida a las personas mayores, con hogares en calles a las que sólo se accede subiendo escaleras, siendo ésta una de las barreras de estos barrios. Pero también es una de sus señas y quienes lo eligen para vivir, quienes residen desde hace años, no abandonarían nunca su hogar. De hecho, colaboran en el adorno de calles, como ha ocurrido recientemente en la calle Virgen Blanca.

Felipe Jiménez, de 25 años de edad, nació en San Felipe. “Es un barrio muy tranquilo. Es lo que más me gusta. No hay tanto jaleo y eso es importante para las familias. Para el día a día, el barrio está dotado comercialmente”, reconoce. Y la hostelería funciona, con bares de barrios concurridos y comercios que salvan el día a día de los vecinos, aunque por la tarde, el barrio “se queda demasiado tranquilo, fruto de la peatonalización del centro”, dice este joven.

Para los más pequeños, los parques del barrio están en “muy mal estado”, según reconoce Felipe Jiménez.

Por ejemplo, el parque Nuestro Padre Jesús, frente al IES Fuente de la Peña (2ª fase), antiguo IES García Lorca. “El barrio está cuidado en algunos aspectos y en otros se tienen que emplear más a fondo. Hay zonas con mobiliario roto, fruto del vandalismo de algunos jóvenes”, lamenta Mª Carmen Armenteros. “Llevo poco tiempo viviendo en San Felipe, pero es un barrio que merece la pena por sus vecinos, con los que la convivencia es fácil”, reconoce.

Con centro de salud, comercios tradicionales y más zonas verdes que la famosa palmera de la rotonda, desde San Felipe, la ciudad sale hacia La Glorieta, uno de los barrios más populares de la capital, con barrios vecinos como San Sebastián y Fuente de la Peña, envidiado por sus paisajes naturales. Pero antes, merece la pena una parada en el parque del Seminario y mirar hacia la Catedral, pero también buscar el Castillo y su Cruz. El parque está cuidado, salvo por pintadas que han dañado parte de su patrimonio, pero con zonas verdes que son un pulmón para la ciudad. Se ha convertido en lugar de visita turística, incluso escenario cultural para las noches de verano, llenando de vida la zona.

La carretera de Jabalcuz está en un estado lamentable. Su calzada presenta daños que sufren los conductores que acceden a la ciudad desde Fuente de la Peña o desde las urbanizaciones de Jabalcuz. También quienes llevan a los escolares al centro Andrés de Vandelvira o al centro Santa María de los Apóstoles, con un jaleo matinal que recuerda al ambiente familiar de estos barrios.

El mal estado del asfaltado es común a todos los barrios de la zona Sur. En La Glorieta, quienes pasan a diario por la ‘Ronda del Astrónomo Al-Jayyani’, una de las más transitadas, con parada de autobús y comercios de hostelería y de barrio con gran afluencia, se avergüenzan de su estado. Allí tiene un negocio María Martínez, que junto a su pareja ha apostado por La Glorieta para trabajar en una tienda de golosinas. “Comercialmente el barrio funciona. Se nota que los vecinos se implican y hacen vida en el barrio”, reconoce. A la misma vez, asegura que La Glorieta tiene “mucha vida por la mañana”.

Es un barrio con plazas y con rincones que recuerdan a los barrios de toda la vida, a esos en los que los vecinos no tienen que salir para más allá de sus plazas y calles porque tienen todos los servicios que necesitan en su día a día. Pero una de las quejas, además del poco mantenimiento de algunas zonas verdes, es el estado de los parques para los niños. “Es un barrio al que está llegando gente más joven. Yo tengo una hija y no la llevo al parque por el mal estado en el que se encuentra. Puede ser peligroso”, reconoce Alicia Ortega.

Los vecinos aplauden que es un barrio “bien comunicado” con el servicio de autobuses. “Pasan muchas líneas. Estamos bien comunicados”, reconoce María Martínez.

La zona de la Fuente de la Peña lamenta el estado de algunas de sus calles, pero agradece la tranquilidad de un barrio con una ubicación que podría haber sufrido las consecuencias del frecuente tráfico que circula por la zona. La recompensa es la tranquilidad de sus calles y viviendas, con vistas y una luz envidiable, con un paraje natural lleno de olivos que reconforta. Es un barrio de la capital que aporta naturaleza y si no, que se lo digan a los alumnos del IES Fuente de la Peña. Como zona residencial, las casas unifamiliares comparten calles con bloques de viviendas con calzadas que necesitan la intervención de mantenimiento urbano por el estado de deterioro. No ocurre lo mismo en la calle Fuente de la Peña, cuya reparación hace poco más de tres años, ha cambiado totalmente la imagen de la zona, con una densidad muy alta de tráfico diario. Sin embargo, comercialmente esta calle está apagada. La zona aguarda lugares míticos como el lavadero de Fuente de la Peña.  La amplitud de la zona, permite una vida cómoda y saludable a los vecinos.

Y el Sur suma el paraje natural de Jabalcuz, una zona que en los últimos años ha cambiado su fisonomía, con la construcción de viviendas en las que residen vecinos que encuentran la tranquilidad en mayúsculas, con un entorno natural que permite respirar aire puro. Desde Fuente de la Peña a Jabalcuz, el carril bici facilita el camino, el paseo de viandantes y ciclistas. Jabalcuz reclama sus termas y servicios como el resto de barrios de Jaén. Nada se sabe de la finalización de la rehabilitación de las termas, que siguen cerradas, comidas por el abandono, sin vistas de su recuperación como atractivo turístico.

Barrios tranquilos, para vivirlos y disfrutarlos por la identidad propia que proyectan al resto de la ciudad.

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