Actualizado: 17:54 CET
Sábado, 15/08/2020

Huelva

Perojil no defrauda en su vuelta al Carnaval Colombino

La comparsa de la Escuela de Carnaval de Punta Umbría provocó un reflujo de emociones por el gran trabajo que realiza, una escuela de la que carece Huelva

El trovador.

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El programa decisivo.

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El niño de mis ojos.

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La bufona veneciana.

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Con esta chirigota me quedo a gusto.

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La creatividad e imaginación no deja de sorprendernos en este concurso, siendo estos valores las máximas herramientas para lograr los ansiados galardones, que no siempre se consiguen, dado que ser creativo no implica tener una gran calidad. En la jornada del martes pudimos observar esta premisa de la que parto, donde el desconcierto creativo no tuvo parangón.

La noche logró su punto más álgido en el inicio de esta cuarta jornada con la vuelta del autor y director Jesuli Perojil, quien puso al respetable en pie tras su actuación. Hubo momentos para todos los públicos, e incluso para momentos en los que el público debería ser mayor de 18 años, y por supuesto, momentos para no hacer público determinados momentos, que es mejor dejarlos entre bambalinas. Así es esta fiesta, y los que la conocemos bien, ya contamos con ello.

Al margen de este torbellino de sentimientos contrapuestos, fue la comparsa de la Escuela de Carnaval de Punta Umbría, ‘La bufona veneciana’, la que provocó ese reflujo de emociones por el gran trabajo que realizan en dicha localidad, y en contraposición, por no tener en Huelva esa escuela que tantos años llevamos pidiendo -tendremos que empezar a exigir- y que no acaba de llegar. Son más de 15 años informando al Consistorio y a la Fopac de la necesidad de crear un espacio para la formación carnavalera. Un proyecto de Fali Ramos y Raúl Barneto que sigue olvidado en algún cajón sin que se le dé la importancia que realmente tiene. Apostar por el carnaval no se limita a subvencionar determinadas actividades, que no siempre llegan a buen puerto; requiere tomar conciencia de las realidades y necesidades, de escuchar las verdaderas voces de aquellos que conocen bien este mundo y aplicar los instrumentos suficientes para solventar las carencias que ya, Ramos y Barneto, auguraron hace más de una década. Las promesas vacías están limitando una fiesta que ya debería haber superado esta fase de incertidumbre, obviando los cimientos fundamentales de aquello que vivimos cada febrero en las tablas del Gran Teatro, que espero, tras el cambio que tendremos en breve, podamos cambiar de una vez.

El trovador

La vuelta de Jesuli Perojil a las tablas ha sido de las novedades más esperadas de este concurso. Su regreso a la modalidad ha creado una magnifica expectación en el ambiente carnavalero, dejando el pabellón bien alto tras siete años de ausencia. La comparsa ha estado en una línea muy ascendente: compacta, muy afinada y cuidada al más mínimo detalle. Letras muy acorde a lo que se espera de un excelente autor contestatario que sabe agudizar el ingenio y llevarte a su mundo, con mensajes bien definidos y siempre acorde al personaje a desarrollar.

 


El programa decisivo

Difícil modalidad que llega desde Ayamonte con un repertorio basado en un programa de telebasura. Valorar un cuarteto en todo su contexto es complicado, sobre todo por ser la modalidad más complicada de cuantas participan en este concurso. El tipo es un tanto rebuscado y algo controvertido, así como las parodias que no llegan a convencer. Mejoran algo en los cuplés y destaco el final del tema libre en el que cantan una cuarteta, por cierto, con muy buen gusto. Excelente interpretación de los integrantes.

 

El niño de mis ojos

Desde Gibraleón nos llega esta chirigota con tipo de un padre que lleva a su hijo en los hombros. Dicho grupo se va creciendo durante el repertorio, siendo el popurrí lo más destacable, lleno de algunos puntos más simpáticos que consiguen caldear algo más el ambiente. Su segundo pasodoble se lo dedican a Miguel Garrocho, un cuartetero y chirigotero de Huelva que por circunstancias lleva algunos años sin pisar las tablas, algo que se agradece y se valora desde las butacas. El grupo tiene potencial para defender un repertorio, así lo demuestra en algunos momentos, pero sin llegar a sacarle todo el partido.

 

La bufona veneciana

Un pase aceptable para estos títeres que llegan en forma de comparsa de Punta umbría, concretamente de la peña ‘Carmela’, que lleva trabajando Francisco Tinoco desde hace 11 años, y perteneciente a la Escuela de Carnaval que se formó en dicha localidad y que tantas buenas voces ha dado a la fiesta. Letras muy aceptables, destacando el segundo pasodoble dedicado al afecto y amor materno. Dificultad en la situación del escenario, que por estructura tuvieron que colocarse más atrás de lo habitual, algo que suele condicionar.

 

Con esta chirigota me quedo a gusto

Meones, sí, tal como lo leen. Llegan con un tipo de jóvenes orinando en unos retretes. En este carnaval se puede rizar el rizo y la creatividad e imaginación no tienen fronteras. A pesar del tipo tan controvertido, sacan material para aguantar los 25 minutos de rigor y con momentos simpáticos que logran arrancar las carcajadas del público. Los jóvenes de Niebla sorprenden en sus pasodobles y hacen un pase muy aceptable. Quizás asistimos a la meada más larga de la historia. Esperemos verlas en la siguiente fase.

 

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