Actualizado: 19:37 CET
Lunes, 16/12/2019
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Huelva

A propósito de la polémica suscitada sobre el medioambiente

Sí querido Jesús, la cosa ha cambiado radicalmente desde cuando te marcharte de Huelva hace ya más de 40 años y lo sabes, porque de alguna forma no te has ido del todo y sigues disfrutando de tanto bueno que tiene tu tierra y la mía

Me sorprende que gente de la talla de Jesús Quintero, querido y admirado por muchos en esta Huelva nuestra, haya cometido un desliz tan imperdonable y tan injusto con su tierra. ¿Incontinencia verbal o ignorancia? Prefiero pensar que lo segundo.

Se trata de una persona, un personaje, que salió de Huelva hace ya muchos años y, como tantos otros, creo que se ha quedado con la imagen de su juventud, de la Huelva de los años setenta, una Huelva sumida en la contaminación y abandonada a su suerte. Una Huelva que sufrió el reparto de papeles ideado por el franquismo. Ese reparto de papeles se decidió en los planes de desarrollo de los años sesenta. Se consideró que Huelva no era apta para el turismo. Huelva era insalubre, las marismas y los mosquitos la descartaban para ese desarrollo basado en el turismo de masa, que se diseñó en esa época franquista y que aprovecharon las costas del levante y la costa del sol. Y, por qué no decirlo, no se estaba dispuesto a poner las infraestructuras necesarias.

Por ello, para Huelva se pensó en industria vinculada a las minas y sometida a los controles medioambientales de la época, muy cercanos a cero. El resultado lo pudimos ver en la década de los setenta del siglo pasado. Contaminación descontrolada tanto del aire como del agua, la ría y la marisma. La reacción de la población no se hizo esperar, las manifestaciones y los encierros de esa época los recuerdo de forma muy vívida.

Esa lucha tuvo su fruto. En los años ochenta, ya con gobiernos-local, andaluz y nacional- sensibilizados con el problema, se comienza a tomar medidas; las primeras leyes medioambientales en España y Andalucía son de esta época, los controles medioambientales y las sanciones por los incumplimientos, también. Los años ochenta son los años del despegue medioambiental en todo el mundo y nosotros estuvimos en la vanguardia de ese movimiento.

Llegaron los años noventa y dimos un paso más. Habíamos luchado por tener una universidad con un enorme consenso,base para que lográramos nuestro propósito. La Universidad de Huelva era la esperanza de muchas cosas que se han ido cumpliendo; pero, al caso, también era la ilusión de que fuera el germen de estudios rigurosos, señeros sobre el medioambiente que nos ayudaran a restablecer nuestra calidad ambiental. Algo que no mucha gente sabe: la Universidad de Huelva se creó con la especialización desde el principio en estudios medioambientales, figura en su ley de creación y fue un eje fundamental desde el primer momento (lo sé por acción directaen ese proceso).

Se creó la titulación de medioambiente, fue la primera Universidad que contó con estos estudios y la especialización en esta materia en España. Se crearon departamentos y grupos de investigación especializados en las diversas disciplinas relacionadas con el medioambiente, siendo hoy por hoy una universidad señera en estos temas. Y ello, no solo por conocer mejor los problemas de la contaminación, sino también porque Huelva era y es la provincia que más espacios protegidos tiene de España y una de las primeras del mundo, con Doñana como seña de identidad indiscutible, pero también Marisma del Odiel, la Sierra, y otros muchas joyas medioambientales reconocidas y cuidadas por todos.

Estos estudios y análisis fueron la base para saltar de la demagogia a los diagnósticos serios y rigurosos. Se mejoraron las leyes y los controles y se continuó revertiendo la mala situación ambiental de los años setenta heredada del franquismo. Las empresas, después de actitudes más o menos beligerantes, entendieron que para su sostenibilidad a largo plazo era bueno que entraran en la resolución del problema medioambiental. Y lo que se vivía como un gran problema se comenzó a ver como una oportunidad. Cuidar el medioambiente se convirtió en un signo de modernidad, de distinción, de calidad y excelencia en las empresas. Cepsa, Atlanti Copper, todas las empresas señeras en Huelva comenzaron a entrar en esta dinámica, a invertir grandes sumas de dinero para mejorar sus emisiones, se integraron en la asociación Aiqbe que tiene entre sus fines estas mejoras. Las empresas que no han podido o no han querido adaptarse han tenido que irse.

Y así llegamos al nuevo siglo, al siglo XXI, donde ya nadie concibe la industria sin controles férreos, sin inversiones importante en la materia, sin planes medioambientales. Llegamos al nuevo siglo con una administración pública totalmente sensibilizada y vigilante, con medios y personas dedicados a esta función; con tribunales especializados para perseguir el delito ambiental, con medios de comunicación que se hacen eco en el momento que se produce cualquier episodio por nimio que sea, con sindicatos sensibles al medioambiente a la vez que defienden el empleo.

Síi querido Jesús, la cosa ha cambiado radicalmente desde cuando te marcharte de Huelva hace ya más de 40 años y lo sabes, porque de alguna forma no te has ido del todo y sigues disfrutando de tanto bueno que tiene tu tierra y la mía. Ojalá sigas siendo ese embajador que tanto necesitamos. Que nos ayudes, al menos a que nos conozcan mejor. Me ofrezco a enseñarte y que redescubra la Huelva actual, que en relación al medioambiente es premiada y reconocida, como recientemente en Europa se nos ha reconocido la rehabilitación ambiental de nuestra Ría del Odiel que hoy está recuperada, con plantas y fauna autóctona. El aire es la envidia de Madrid y Barcelona que sufren sus respectivas “boinas de contaminación”, de Sevilla y de muchas zonas industriales de Europa,que vienen a aprender de nosotros, de nuestro rigor y de nuestras técnicas.

Pero no seamos triunfalistas, queda camino por recorrer y no solo en contar mejor todo lo que se está haciendo y consiguiendo; siendo honestos, contando la verdad, para que no perjudique nuestro incipiente turismo que se asusta y huye cada vez que se escuchan algunas barbaridades absolutamente injustas. Quedan signos evidentes de lo que era la forma de hacer antigua, franquista: por ejemplo, las balsas de fosfoyesos. Sí, debemos arreglar este tema cuanto antes. Es un símbolo que no permite que cambie la imagen de Huelva. Los episodios de escape de malos olores son cada vez menos frecuentes e importante, casi anecdótico la mayoría de los casos, pero debemos eliminarlos. No podemos permitirnos estos casos. Y, por supuesto, no podemos bajar la guardia. Todos juntos, con conocimiento, sin demagogia, debemos seguir avanzando hasta que la convivencia del binomio industria química/medioambiente sea una realidad total.

Hay dos formas de afrontar los problemas: destruyendo o construyendo. Hay quien prefiere resolver el problema de la contaminación destruyendo la industria, eliminando uno de nuestros motores de desarrollo, destruyendo miles y miles de empleos, de empleos estables y de gran calidad. Es el camino fácil, el atajo demagógico e irresponsable. Yo me apunto a la segunda forma: construir. Yo me apunto a resolver haciendo, haciendo más y hablando menos, creando las condiciones para el cambio tranquilo, sin atajos indolentes. Es mucho más difícil, más trabajoso y lento, pero lo único eficaz. Sin destruir la industria, sin matar a la gallina de los huevos de oro. Es posible el trabajo conjunto, industria y medioambiente pueden convivir y así lo están haciendo. Construyamos juntos nuestro futuro, el futuro de nuestra tierra, trabajando duro sin atajos; con debate, por supuesto, pero con un interés común: Huelva y nuestro desarrollo económico, social y medioambiental. Por nuestro desarrollo sostenible que nos ayude a incrementar el bienestar de las personas que vivimos en ésta, nuestra amada tierra.

Gracias a todos los que han levantado la voz en defensa de Huelva. A la Diputación por su reacción inmediata, a las empresas, Cámara de Comercio, FOE, Aiqbe, sindicatos y ciudadanía en general. En este sentido hemos cambiado para bien. Ya no sufrimos impasible el escarnio de lo nuestro sin levantar la voz. Gracias a todos.


Manuela de Paz,
Ciudadana de Huelva

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