Actualizado: 17:35 CET
Jueves, 21/11/2019

Huelva

El coche de la Policía de Cartaya se queda sin dirección ni frenos cuando acudía a atender una emergencia

Los dos agentes que lo ocupaban tuvieron que realizar una arriesgada maniobra con el freno de mano y evitaron invadir el carril contrario, hasta que el vehículo pegó contra un badén. Los hechos se produjeron en la travesía de la N-431 pasadas las 22.00 horas del miércoles

  • Patrullero remolcado

La plantilla de la Policía Local de Cartaya no solo tiene “miedo”, sino “pánico” ha hacer uso con motivo de su trabajo del único coche patrulla con el que cuentan. Y es que según fuentes de la propia plantilla han revelado a VIVA que desde hace meses dicho vehículo viene sufriendo averías de todo tipo, entre ellas la rotura de la junta de culata, o de los carburadores, que han propiciado que el mismo haya tenido que ser retirado de la vía pública por una grúa.

Pero lo más grave, según estas mismas fuentes, fue el incidente que tuvo lugar en la noche del pasado miércoles, cuando pasadas las 22.00 horas y al acudir para atender una emergencia en Nuevo Portil, el patrullero se quedó “totalmente son control” como consecuencia de la pérdida de los frenos y la dirección.

Los hechos sucedieron en la travesía de la N-431, a su paso por la localidad costera y a la altura de la rotonda del supermercado ALDI, cuando al comenzar a acelerar el coche para atender dicha emergencia, éste se quedó sin control tras perder la dirección y los frenos. Según los agentes, que se temieron lo peor “hemos de dar gracias que aún el coche se encontraba en aceleración y solo circulaba a entre 70 u 80 kilómetros por hora. Si hubiese ido más rápido, hubiese ocurrido un accidente de mayores consecuencias”.

Al percatarse de que el coche iba sin control, los agentes que lo ocupaban se vieron obligados a realizar una arriesgada maniobra para evitar que éste invadiese el carril contrario, y para frenarlo, para lo cual tuvieron que recurrir al freno de mano. “Lo tuvieron que controlar como pudieron”, aseguran las fuentes consultadas, hasta que al final el vehículo pegó con un badén sobre elevado, que propició que se quedase definitivamente parado, “siendo lo que finalmente los salvó de algo peor”.

La plantilla ha mostrado su malestar ante el “riesgo” que para su integridad supone el mal estado del vehículo, el cual “es una de nuestras principales herramientas de trabajo. Además, afirman, “al margen de peligroso para nosotros, lo puede ser para aquellas emergencias a las que obligatoriamente tenemos que atender, lo cual no podemos hacer adecuadamente por el estado del vehículo”. En este sentido aseguran que hace unas semanas “el coche pasó unos días en los que no corría a más de 60/70 kilómetros por hora, y en el mejor de los casos alcanzaba los 100”.

Ante estos hechos, los agentes de la Policía Local de Cartaya han vuelto a reclamar una solución y que el único coche patrulla con el que cuentan sea retirado definitivamente de la circulación “porque ya nos estamos jugando la vida”.


No obstante, aseguraron las fuentes consultadas, “al ser una obligación para nosotros atender cualquier emergencia para la que se nos reclame, los dos agentes de la Policía Local que ocupaban el vehículo siniestrado cumplieron con su deber y finalmente acudieron al lugar de la emergencia, aunque en un turismo”.

UN MARTILLO, UNAS TENAZAS, UNA SEGUETA, UNOS ALICANTES Y UN ROLLO DE CUERDA

La plantilla de la Policía Local lleva ya meses reclamando al Ayuntamiento de Cartaya más y mejores medios para poder garantizar en plenas condiciones la seguridad en todo el término municipal (Cartaya, El Rompido y Nuevo Portil).

En respuesta a dichas reivindicaciones, según indicó el pasado mes de marzo el sindicato CSIF (que representa a los agentes), el equipo de Gobierno (Icar, PP y PA) que dirige el independiente Juan Polo adquirió un martillo, unas tenazas, una segueta, unos alicantes y un rollo de cuerda ante las denuncias que desde hace meses viene realizando el colectivo por las “graves carencias e irregularidades” en sus dotaciones.

Un hecho que fue calificado por el sindicato CSIF de “irrisorio y vergonzoso”, además de “una falta de consideración y un menosprecio al trabajo de los agentes”.

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