Candi

Publicado: 17/02/2020
Autor

Adelaida Bordés Benítez

Adelaida Bordés es académica de San Romualdo. Miembro de las tertulias Río Arillo y Rayuela. Escribe en Pléyade y Speculum

Hablillas

Hablillas, según palabras de la propia autora,

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La obra de Candi Garbarino es un claro ejemplo de motivación a participar, a dejarse llevar por esta íntima y particular conversación.
Su nombre suena tan dulce como es ella, artista pintora que embelesa con sus obras y si además les pone su voz, logra que el espectador entre en la escena que reproduce. Es el deseo que nos lleva a una exposición. Las dosis de curiosidad lo disfrazan un poco, le dan un bruño de nerviosismo que aparece y se agranda con la distancia breve que nos separa de la sala, que se diluye en cuanto entramos y las obras despliegan su particular lenguaje de formas y colores.

La obra de Candi Garbarino es un claro ejemplo de motivación a participar, a dejarse llevar por esta íntima y particular conversación. Ocurrió con Mar de fondo, donde buceamos viendo los corales y nadamos junto los delfines de Gades. Una exposición en la que los pinceles de la artista lograron la claridad lenta que mece la profundidad, que habita sumergida a unos metros de nosotros. Si aquella mirada nos trasladó al mar dejando a un lado el miedo al agua, Apis Mellifera nos pasea por la tierra sobre las alas de las abejas.

 A modo de saludo, una colección de fotografías nos explica la vida de estos insectos, tan comunes como fascinantes. Luego pasamos al panal que la artista ve como el propio templo, donde el color de la cera se une mezclándose con el de la miel. Los hexágonos superpuestos son los resortes que motivan esta impresión. En otra sala nos espera la corola de una flor erguida y serena, invitándonos a mirar entre sus pétalos, desvelándonos el secreto de su interior. Junto a ella, el agua y la tierra, el sustento para vivir, una serie de paneles que fluyen junto a nosotros extraviando su verticalidad. La siguiente sala es una explosión de color que nos traslada a la naturaleza, a un jardín que ondula el viento. La artista logra que no veamos la pared.

El cromatismo convive con el movimiento en la obra de Candi Garbarino. A esta agilidad contribuyen los planos de color, las curvas, los matices, la ausencia de esquemas, liberando la fuerza que principia la abstracción de la naturaleza a través de su particular, precisa y rigurosa observación.

Por las salas cuelgan fractales, unas composiciones que a modo de panales tienen un poder evocador. Uno gigantesco y el taller para niños, abrochan la exposición al principio. Al salir sentimos esa mezcla sin nombre de emoción y tristeza. En casa, la memoria inmediata transforma la exposición en experiencia, porque ha habido momentos en que hemos podido volar, libar y vivir como las abejas. Enhorabuena, Candy. Nos vemos en la próxima.  

 

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