Año nuevo

Publicado: 14/01/2019
Autor

Adelaida Bordés Benítez

Adelaida Bordés es académica de San Romualdo. Miembro de las tertulias Río Arillo y Rayuela. Escribe en Pléyade y Speculum

Hablillas

Hablillas, según palabras de la propia autora,

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Empezar una etapa con un guiño cordial ayuda a enfrentarla.
Lo enfilamos lleno de propósitos, de proyectos ilusionantes como manda el mes de enero, que espera la marcha de los Reyes Magos para enfriarse, para dar paso a la ola de frío habitual que siempre se nos olvida, la que atonta hasta matear el color de los vinagrillos. Hace poco más de una semana que alfombran la marisma, que ribetean los muros de las piezas. No es exageración, pero parece que cada año florecen antes, que el color amarillo grita con más fiereza por la luz clara que los alumbra hasta hacerlos chispear entre la retama y la sapina. La lente que los captura no les hace justicia, pero es una manera de convertir el tallo verde en la ganzúa que abre el cofrecillo de los secretos, aquellos que burlaron la prohibición, en este caso, de comerlos, echando la culpa de la faringitis a haber bebido agua fría, lo primero que se nos ocurría tras la llegada del frigorífico a casa.

Empezar una etapa con un guiño cordial ayuda a enfrentarla. Todos tenemos compromisos adquiridos por trabajo, por las actividades o por la salud y la incertidumbre revolotea, nunca está quieta. De nosotros depende que una imagen como esta, sencilla, habitual y cercana se convierta en el fogonazo que distraiga la rutina, la cotidianeidad, que apacigüe el ánimo, encendido por la actualidad, por la frustración que crece día tras día soportando las columnas de los periódicos, copando las imágenes de los informativos, ocupando una buena parte del sumario de los diarios hablados, siendo tema de análisis en las tertulias de la medianoche. Junto a los asuntos propios, hay veces que el positivismo necesita un empujón, un momento de silencio para seguir caminando por la jornada.

Ese momento, ese paréntesis se puede abrir y cerrar con una imagen como la que encabeza la hablilla de hoy. Capturarla, mirarla con la tranquilidad del tempraneo y luego saludar a los contactos, convierte al móvil en lo más parecido a un bostezo para el cerebro. La prueba es la respuesta inmediata, los corazones saltando y los emoticonos con guiños y besos estampando los casilleros. El agradecimiento viene con el encuentro real, en la conversación que se entabla por esta forma de afecto, el comentario sobre el color de la imagen al compararlo con el real, en fin, un instante que distrae y une al mismo tiempo, que motiva a esperarlo al día siguiente o a realizarlo uno mismo con el mismo fin, respirar, y el invierno en este rincón regala amaneceres para tal efecto. Empecemos el año con esta aplicación en el móvil, sin instrucciones, individual y transferible.

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