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Viernes, 20/04/2018

Gente, lugares y tradiciones

Torremolinos: la Casa de los Navajas

Mandada construir en 1925 por don Antonio Navajas, y tras ser residencia de tres generaciones familiares, forma desde el año 2000 parte del patrimonio municipal de Torremolinos.

    De auténtica maravilla arquitectónica califican autóctonos y foráneos la Casa de los Navajas, en el Bajondillo. El visitante queda sorprendido al descubrir la insólita estructura, genuina obra de arte, casi a pie de playa. Al momento desea saber qué es tal monumento y cuándo fue construido. Por algunos foros de Internet circulan fotografías de esta asombrosa edificación y la mayoría de los foristas, que la admiran, no saben dónde se encuentra, dado que no se acompaña texto a la elocuente imagen. No falta quien imagina que, por su peculiar estilo, debe de tratarse de una construcción del tiempo de los árabes. Sí, la Casa de los Navajas en Torremolinos impacta al mundo entero por su belleza y singularidad.

   

En 1991, la Casa de los Navajas fue declarada inmueble de Interés Histórico por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Su construcción, de estilo neomudéjar, muy en boga en Málaga, así como en otras poblaciones españolas, entre finales del siglo XIX y principios del XX, encontró su inspiración, particularmente en lo que respecta a la decoración interior, en la Alhambra de Granada. Fue mandada construir en 1925, en un declive del terreno, por el empresario de Churriana, don Antonio Navajas. De excelentes vistas panorámicas, la casa ocupa, distribuida en dos plantas, unos 340 metros cuadrados.

   

En el año 2000, ya el edificio completamente abandonado y deteriorado, pero con el  armazón bien sólido, los herederos del señor Navajas lo cedieron, mediante convenio urbanístico, al Ayuntamiento de Torremolinos, que tiempo después inició delicados trabajos de restauración en una primera fase, estando pendiente una segunda fase para su rehabilitación total. Una vez restaurado, el inmueble figurará como uno de los principales reclamos turísticos del municipio, además de destinarse, entre otros usos, a la celebración de bodas civiles y recepción de autoridades y personas relevantes.

   

Nos obligamos a conocer siquiera los someros datos que existen del primer propietario y constructor de esta maravilla que hoy forma parte del patrimonio municipal de Torremolinos. Don Antonio Navajas Ruiz era vecino de Churriana y empresario dedicado al cultivo de caña de azúcar en unos terrenos que en la actualidad han sido incorporados al aeropuerto de Málaga. En 1925 localizó en Torremolinos una pequeña finca, dotada de agua, junto al mar, que le pareció ideal para construir su definitiva residencia. Realizada la compra, encargó la edificación de una mansión, diseñada como un palacete, y ese mismo año fueron iniciadas las obras, que concluyeron al año siguiente, trasladándose la familia a vivir a la nueva heredad.   

   

Con el tiempo, aquella popular construcción que causó la admiración de los torremolinenses y sus visitantes fue conociéndose como el Chalet o la Casa de los Navajas. Hoy día es probablemente el edificio más emblemático del municipio, exceptuada, naturalmente, la vieja Torre de Pimentel que, junto con los molinos, dio origen al compuesto nombre de Torremolinos. Otra emblemática construcción torremolinense que la Junta de Andalucía declaró Bien de Interés Cultural es el antiguo Colegio de Huérfanos de Ferroviarios, hoy Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso.

 

   En la Casa de los Navajas vivieron tres generaciones de la misma familia. El palacete, en pleno centro del Bajondillo, a escasos metros de la playa del mismo nombre, continúa, como en el pasado, gozando de las más espectaculares vistas marítimas. Resulta providencial que, pese a las grandes edificaciones hoteleras levantadas a su alrededor, ninguna de tales titánicas construcciones ocupara justamente el frente marítimo de la Casa de los Navajas, que jamás perdió su privilegiada visibilidad. Frente a ella se abre hoy la calle con que el Ayuntamiento honra la memoria de aquel admirable precursor del turismo torremolinense. Su Casa aún resiste el envite de los tiempos y se alza con firmeza en su digno pedestal, como señal enhiesta de gloria. 

 

          

LA CASA DE LOS NAVAJAS

 

Solemne, gloriosa y privilegiada,

donde las olas rinden sus alhajas             

de blanca espuma, tersa y delicada,

yérguese la Casa de los Navajas.

 

El peso de los años no la encorva

ni el invierno su gracia ha marchitado;

como diosa a la que el tiempo no estorba, 

otea el mar desde su pétreo estrado.

 

Asomada a ese mar que soñoliento

jamás leva las anclas del pasado,

ella evoca su ayer de sol y viento,

con el mar sueña que se ha desposado.

 

Como novia en el alba ella se arropa,

con suspiros de amores cristalinos;

por sus venas aún jóvenes galopa

la nostalgia de aquel Torremolinos.

 

(Poema de Jesús Antonio San Martín,

de su libro “Torremolinos, mi sol, mi amor)       

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