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Viernes, 13/12/2019

Eutopía

Un día después...

Un día después, se desveló la tinta invisible y se desencadenó el “crimen perfecto” a la Democracia. Un día después, nos han estallado en la cara las señales

Un día después, se desveló la tinta invisible y se desencadenó el “crimen perfecto” a la Democracia. Un día después, nos han estallado en la cara las señales. Esas que en el combate de los “yoismos” pasaron desapercibidas. Mientras que algunos arañaban escaños, ministerios y cargos de alta representatividad, el “cazador” ha invadido con facilidad las madrigueras. Ya de seguridades no se puede hablar. Aún en la oposición (en el mejor de los casos) estos “aprendices de protodemonio” intentarán llenar España de discordias, de conflictos, de “trampas ilegales” para bloquear los consensos. En el “punto de mira” estamos quienes ya sabemos (feministas, víctimas de violencia de género e intrafamiliar, migrantes, personas con ideologías de izquierdas y/o republicanas, el colectivo LGTBIQ+, la identidad de género y otras manifestaciones…) Recibiremos en estos próximos cuatro años “disparos” en nuestra integridad, en nuestra protección, en nuestra convivencia. La madrugada se me ha hecho interminable… No habrá descanso para la disidencia. La confrontación requerirá de una gran dosis de excelentes estrategias, de un blindaje de formación y concienciación, de una preparación exhaustiva para no caer en la tentación de abandonar las “trincheras”. Y sí, utilizo esta terminología porque por mucho menos sabemos que cualquier país se ha sumido en un conflicto bélico (aunque parece que no lo recordamos o simplemente nunca lo aprendimos), en un país donde el hecho de respirar llega a ser una proeza, en una crisis de valores, en una desestructuración de nuestra proyección internacional, lo que puede suponer entre otras cuestiones cruciales volver a la pobreza, a la destrucción del escaso empleo, a la desconfianza de agentes externos para sus inversiones… Medio centenar de escaños han sido fruto de una resistencia absoluta a abandonar el patriarcado, el machismo y la opresión. Es un atentado a la Libertad, es una sentencia de muerte a los derechos. Eso es lo que acarrea 44 años de olvido intencional, de haber enterrado el aprendizaje en las cunetas, de menospreciar las ausencias y dejarlas sólo en el argumento del relato familiar mientras se amarillean las fotos de una parte de la ciudadanía torturada, violada y asesinada. Esta pseudogesta de la barbarie que acaba de estrenarse ha contado con la pasividad de un 30% de la población española que no ha ido a las urnas (no habrán escuchado los lamentos de quienes dieron su vida por hacer del voto un derecho universal), habrá contado con el apoyo soterrado de determinados sectores empresariales, de sectas religiosas que maldicen más que bendicen las libertades individuales y colectivas; a ese descontento desaliñado que se esconde por no enfrentarse, que es tan tibio como aliado del fascismo. Un día después, me he despertado con una resaca de sinsabores, será una nana triste para la infancia, adolescencia y juventud que se salga de la heteronormatividad, una vuelta atrás que significará el continuo discurso de la inferioridad de las mujeres, de las acusaciones de falsedad de testimonios ante la brutalidad y las violencias machistas, de señalamientos que se jactarán de nuestra supuesta histeria o vulnerabilidad...Y ante estos salivazos de veneno a la coherencia, ¿qué vamos a hacer? Pues, simplemente, reaccionar y actuar. Que no nos paralice el miedo ni las amenazas. Sigamos haciendo Camino. Las únicas concertinas que debemos apuntalar son al fascismo. Y lo conseguiremos, porque como expresa una canción protesta: “El Pueblo unido jamás será vencido”. Por mi parte, yo sigo con mis sueños y utopías, necesito estas banderas para darle sentido a cada uno de mis pasos y latidos. Sí, solo juntas/os ¡Venceremos!

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