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Viernes, 25/05/2018
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Eutopía

Habitándonos

Hace falta mucho valor para resistir a pesar de las innumerables desavenencias y contrariedades. Este es el hilo conductor de La Librería

Hace falta mucho valor para resistir a pesar de las innumerables desavenencias y contrariedades. Lo necesitamos cuando los desencuentros están garantizados en nuestro contexto. Este es el hilo conductor de La Librería, que acaba de ganar esta semana tres Premios Goyas (mejor dirección, guión adaptado y film del año). Esta obra maestra, dirigida por Isabel Coixet, absorbe la atención a través de diferentes personajes, cuyas posiciones se enfrentan como piezas de ajedrez. El coraje es sin duda la médula espinal de esta historia. Sin saber qué consecuencias nos puede acarrear el hecho de aceptar los retos de ir a contracorriente, es el riesgo necesario para preservar la esencia de la identidad personal. La película nos cuenta cómo el acoso colectivo puede llegar a minar los proyectos vitales y la fortaleza de quienes no optan por el borreguismo. Muestra sin ambages qué recursos se utilizan para derribar a las personas que son percibidas como ‘peligrosas’ por otras que ostentan el poder o los privilegios (casi siempre autoimpuestos o usurpados). Los subterfugios maquiavélicos de ese telón de fondo, un pueblo de Inglaterra en la década de los año cincuenta, son los mismos que en la actualidad en cualquier lugar del mundo: machismo, extorsión, presiones materiales, control social, enchufismo político y financiero, o el menoscabo de la imagen por la rumorología falsa…El acoso necesita de muchas bocas y oídos tapados y de no menos manos coautoras. Requiere de acciones y omisiones de complicidad, de expectación frente a la persecución. De La Librería subyace la esperanza de que surjan personas que sin hacer balance de las amenazas a las que se deben enfrentar, defiendan a quienes son objeto de acechanza. Y cómo no, de lo maravilloso a la vez que arriesgado de seguir preservando la inocencia de no enjuiciar, partiendo del punto de partida de que las personas somos buenas por naturaleza. Por otro lado, es un bello homenaje al libro, a las historias que nos narra y que podemos habitar, no sólo a través de la imaginación, igualmente con la capacidad empática que hace que nos pongamos en la piel de las/os demás. Nos descubren inicios que tienen finales, y finales, que serán parte de nuevos comienzos. Existencias que se metamorfosean con otros nombres, en otros espacios y tiempos. Es una oda que despierta todos los sentidos… lo que nos sugieren sus formas y encuadernaciones; el olor del papel y la policromía de sus colores…Por eso, se plantea la improbabilidad de sentir soledad si nos rodeamos de libros, porque pueden convertirse en la salvia para  experimentar otros sueños, otras realidades. Es lógico que haya alcanzado el éxito y los reconocimientos. Es una película para disfrutar, sentir y emocionarse. Pero también es un llamamiento a la rebeldía, a la desobediencia ante lo injusto. Una luminaria frente al oscurantismo a los que nos quieren someter. Tiene toques incendiarios, que intenta poner freno a la apuesta mayoritaria de besar la pasividad. Vidas que luchan para dejar a un lado la cotidianidad de lo que “no debiera ser” por la utopía de una sociedad “humana”. Habla de seres que lo darán todo por defender su integridad y de otros/as que nunca supieron que la tenían; de la valentía y de la cobardía ante el sufrimiento propio y ajeno. Plasma la valía de nuestra existencia y del rastro que dejamos con ella. 

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