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Viernes, 20/04/2018

Eutopía

Tal vez haya que aprender

En Quito diría adiós un escritor que ahondó con excelente soltura en la policromía de los géneros literarios y de la traducción, Jorge Enrique Adoum

"Porque desnudo y sin historia vengo: saludo, grito y golpeo con el corazón”… En Quito diría adiós un escritor que ahondó con excelente soltura en la policromía de los géneros literarios y de la traducción. Jorge Enrique Adoum supo de su apreciación como escritor con variopintos reconocimientos de envergadura. Su nombre viajaría más allá de su América Latina. En 2005, en nuestro país, fue candidato al Premio Cervantes. Seguramente su formación inicial académica, centrada en el Derecho y la Filosofía, sería un espaldarazo a su posterior dedicación política y diplomática.  Demostró su capacidad en el ámbito de la traducción, e igualmente, con su dilatada experiencia periodística mostró su preocupación por las estructuras que conformaban la realidad social del momento.  Pablo Neruda sabría ver en el joven Adoum la luz y el mérito, no como unos dones latentes, sino como una nítida evidencia. Fue y seguirá siendo un referente de la poesía vanguardista y de la literatura contemporánea ecuatoriana, con novelas que han brillado especialmente desde la década de los 70 hasta la actualidad, como ‘Entre Marx y una mujer desnuda’ o ‘Ciudad sin ángel’. Entre su equipaje, dejaría un hueco para sus ensayos, obras teatrales, cuentos… El resto lo coparía toda su vestidura poética. La indiferencia es impensable ante sus poemarios. Son bellos y profundos. Provistos, eso sí, de una complejidad muy agridulce,  como se refleja en las obras ‘Ecuador Amargo’, ‘Los Cuadernos de la Tierra’,  ‘Notas del Hijo Pródigo’, ‘Yo me fui con tu nombre por la tierra’... De ellas surge con fuerza el amor y la ausencia del mismo; el posicionamiento ideológico ante las injusticias a las que se vería sometido su pueblo reiteradamente; las prohibiciones impuestas por los dictadores;   la violación de la integridad personal y colectiva; el exilio o su visión desgarradoramente intimista sobre la muerte… Ecuador aparecería como un rincón de claroscuros, de contrastes, de una riqueza humana y cultural  inherente a sus habitantes, gentes sencillas a las que el poder de una minoría sin escrúpulos aplastaría. Adoum describe su tierra con un lamento reflexivo y realista: “Nadie sabe en dónde queda mis país, lo buscan entristeciéndose de miopía: No puede ser tan pequeño ¿y es tanta su desgarradura, tanto su terremoto, tanta su tortura militar…? Tampoco lo sé yo, yo que la amo a pesar de mis jueces…” Frase última tan aplicable a esta España nuestra, ahora tan vulnerable, tan expuesta a las “mordazas”. Esta es la contrapartida por haber cedido a la economía sin derechos, al conservadurismo férreo que ansía la diferencia abismal de las clases sociales. Quizás, si no leemos la interminable lista de contraindicaciones, expresemos mañana, como el poeta: “No es fácil ser feliz: primero no nos dejan, y quién sabe, será también la falta de costumbre o tal vez que haya que Aprender…” La poesía nos dice que Nunca es tarde.

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