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Lunes, 24/09/2018

Eutopía

Sin camisa ni esperanza

Nuestro país da náuseas cuando le importa más la costosísima Eurocopa que nuestra calidad de vida en el presente y en el futuro

Esta España nos garantiza la hipertensión. Y encima, lo hace en bandeja de plata. Incomprensible es el resultado de las elecciones, y más lo es y será cuando se están barajando las posibilidades de unos pactos que previamente se habían descartado por las lindezas escupidas por bocas de sus representantes. Bochornosa la actitud de quienes han decidido no participar en la elecciones. Fuese lo que fuese, válido, nulo o blanco, es una manifestación de una opinión, y de camino, es un ejercicio político de reconocimiento a las anteriores generaciones de mujeres y hombres que lo conquistaron, con sudor y lágrimas, como un derecho inherente. Intolerables, serán las quejas de aquellas personas que no acudieron a las urnas, y que después pretenderán beneficiarse de lo poco que quede de bienestar, lamentándose como plañideros/as de ocasión. Nuestro país da náuseas cuando le importa más la costosísima Eurocopa que nuestra calidad de vida en el presente y  en el futuro. Da vergüenza quienes no parar de exponer su lástima, con sus correspondientes caras de perplejidad, porque unos pocos privilegiados no han conseguido marcar un par de goles, mientras que la mayoría tiene unas condiciones laborales que sí son de “puñetera pena”. Estamos convirtiéndola en la perfecta guarida para seguir manteniendo unos altos niveles de corrupción, que justificamos cuando le ponemos los escaños a disposición. Los sentamos en sus tronos, para que jueguen a la ruleta rusa con el escaso progreso social, económico y cultural que hemos podido conservar. Se rezuma, por un lado, una indiferencia total como si las problemáticas, necesidades y nuestros deberes como ciudadanía fueran una cuestión de y para los demás. Y por otro, se ha percibido ese miedo inoculado por voceros/as del “quédate con lo malo conocido” porque puede ser que lo que venga sea aún más inseguro (como si fuera posible eso…). Así, nos va. Y así nos va a ir. Para la derecha y los partidillos “bisagra”, España es una bicoca,  es decir, una ganancia extremadamente fácil de conseguir, porque tiene las espaladas muy anchas, sufre de ausencia de memoria y vive los recortes de todos los sistemas de protección social y de las libertades como si de un lifting se tratara. Las ideologías de izquierda, tienen que recoger el guante y aunarse. No nos debe valer, el “quién es quién” sino el “somos”. Es importante, no acostumbrarse, al hedor que desprende la mala utilización del poder político. Aprender de los errores anteriores y defender, con uñas y dientes, la buena representatividad que se le debe a quienes han depositado su confianza en la toma de decisiones comunes. Lo cierto, es que no es la primera vez, que tengo una sensación de retraimiento ante el sentimiento de pertenencia. No estoy de acuerdo, de cómo funciona nuestras estructuras electorales y las consecuencia de éstas (la injusta Ley electoral D´Hondt, la poca operatividad del Senado, las innumerables pensiones vitalicias, el silencio y la lentitud ante los casos de corrupción, las dietas y tarjetas “sin fronteras”, las privatizaciones encubiertas; el desempleo masivo…). España, más pan y circo, que así nos quitarán la voz, el trabajo, la “camisa” y la esperanza”.

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