Actualizado: 14:19 CET
Sábado, 15/08/2020

España

Un hotel para Lucas, un turista vip de tan solo un año

Cosas de ser huésped en tiempos de cuarentena y haber dado falso negativo en las pruebas de COVID-19

  • Un bebé.

Lucas solo tiene un año, pero ya sabe lo que es ser turista vip: cuando llegó al hotel, fue recibido con juguetes por toda la habitación, se despertaba con un mensaje de buenos días del director y tenía todas las instalaciones para él solo... Cosas de ser huésped en tiempos de cuarentena y haber dado falso negativo en las pruebas de COVID-19. 

Maite es extremeña y David asturiano. Se conocieron hace seis años, residen en Madrid desde hace algún tiempo y siempre que pueden viajan a Fuerteventura en busca de tranquilidad y un remojón en la playa. 

Este año querían que la visita fuera especial, viajaba con ellos su hijo Lucas, por primera vez. El viaje terminó siendo tan especial que los tres se han convertido en protagonistas de una historia. 


La mujer, en conversación telefónica con Efe, explica el "enganche" que su pareja y ella tienen con Fuerteventura, adonde han viajado cinco veces en seis años. "Nos encanta la playa y su tranquilidad. Madrid te come el tiempo y en la isla se paran los minutos y te trasladan al paraíso", cuenta. 

Después de una semana de baños, castillos en la arena con Lucas y decenas de fotos llegó la hora de regresar a Madrid, aunque los datos y los titulares de prensa hacían cuesta arriba regresar al epicentro de la pandemia en España. 

EL VUELO DEL DÍA 14 

El vuelo debía salir el 14 de marzo, el mismo día que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretaba el estado de alarma y desde Fuerteventura buscaban soluciones para que miles de turistas pudieran regresar cuanto antes a su país de origen. 

La noche antes de viajar, Lucas empezó a estar molesto y apático, y el termómetro confirmó a sus padres que algo no iba bien. El niño tenía más de 39 de fiebre. 

Maite, desesperada, llamó a una amiga pediatra de Madrid, que la intentó tranquilizar. Fue el primer mensaje de calma que recibió, llegaron más. La llamada al 112, la activación del protocolo del COVID-19... haber venido desde Madrid tampoco ayudaba. 

El domingo por la mañana llegaron dos enfermeros al hotel de la cadena Barceló en Jandía para hacerle la prueba del coronavirus a Lucas. "Al principio, como era el único que había dado síntomas, solo se las iban a hacer a él, pero al final decidieron hacérmelas a mí también porque las pruebas a bebés no son tan exhaustivas como las nuestras", explica Maite.  

Antes de llegar los resultados, Lucas dejó de tener fiebre y volvió a hacerle caso a los juguetes, así que su madre se tranquilizó: "Pensamos que había sido otro virus que coincidió con la pandemia, por lo que decidimos sacar otro vuelo para regresar el jueves a Madrid". 

Pero tampoco pudieron coger ese avión. El miércoles llegaron los resultados, Maite era positiva y Lucas falso negativo, pero, explica, "al tener un contacto tan estrecho conmigo que era positiva, los médicos siempre lo han tratado como caso positivo". 

Lucas estuvo unos días con fiebre, aunque sin tos. Su madre no tuvo grandes síntomas. "Si no hubiera esta situación de pandemia, habría pensado que lo mío era una gripe o catarro, porque para mí no fueron síntomas fuertes, lo que sí tuve fue un dolor de cabeza muy fuerte, tengo migraña y, aun así, decía 'este dolor no es normal'". 

UN PEQUEÑO HÉROE EN UN HOTEL DESIERTO 

Maite y David rebautizaron a Lucas como el héroe más pequeño en la lucha contra el COVID-19. "Él nos puso en alerta, nosotros no teníamos síntomas, fue él con su fiebre". 

De lo contrario, "hubiéramos subido a un avión y hubiéramos pasado por los aeropuertos de Fuerteventura y Madrid pudiendo contagiar a personas en riesgo a las que la enfermedad podía pasar factura", cuenta Maite, y apostilla: "Lucas es el héroe más pequeñito porque salvó a personas de contagiarse por mi culpa". 

El 19 de marzo, el Gobierno decretó el cierre de hoteles para el día 26. Poco a poco, los complejos de Fuerteventura fueron quedándose en silencio, cerrando sus puertas y dejando imágenes curiosas para el anecdotario del virus como la de un rebaño de cabras paseando por las instalaciones de un hotel. 

Antes del cierre, la cadena Barceló planteó a la pareja la posibilidad de cambiarse de hotel y mudarse a uno en Caleta de Fuste, ya vacío, con apartamentos, una especie de bungalow con cocina propia, para que estuvieran más cómodos y sin riesgo de poder contagiar a otros huéspedes. 

Maite asegura que, si por algo recordará este viaje con una sonrisa es gracias al hotel, a sus empleados y a su director Alfonso Girón, "todos los días nos mandaba un mensaje de buenos días preguntándonos cómo estábamos, qué necesitábamos, iba al supermercado e, incluso, un domingo nos sorprendió con una comida que había hecho con la familia para que nos sintiéramos en casa". 

En el hotel, Barcy, la mascota del Barceló en forma de peluche, dio la bienvenida a Lucas y también juguetes para que el pequeño se sintiera como en casa y pasara la enfermedad lo mejor posible en un complejo en el que sus padres y él eran los únicos huéspedes. 

EL ÚLTIMO SUSTO 

En medio de la tranquilidad del hotel se volvieron a disparar los temores de la pareja, Lucas empezó a tener de nuevo fiebre después de cuatro días sin síntomas. "Fue el peor momento, porque nadie nos aseguraba si era normal o no lo que estaba pasando", explica Maite. 

Fue el momento más duro porque, "por mucho que médicos y familiares me dijeran que no me preocupara y que en los bebés no hay casos en los que fuera más allá de un cuadro vírico la enfermedad te da miedo e incertidumbre", lamenta. 

Al final, todo quedó en un susto y Lucas se recuperó después de ir al hospital. El 31 de marzo llegaron los resultados y las altas epidemiológicas para Maite y Lucas. 

La segunda sonrisa de Maite es para el personal sanitario del Servicio Canario de Salud por el trato que le han dado durante todo este tiempo, sobre todo para Sixto, el trabajador social del centro de salud de la capital que se convirtió en una especie de ángel, trayéndoles comida y poniendo a su disposición a una pediatra, Gladys, que "nos daba mucha tranquilidad".

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