Sin complejos

Publicado: 23/07/2018 ·
La elección de Pablo Casado es un sano ejercicio de rejuvenecimiento
Hemos entrado en la época de los “Sin complejos”. En el Partido Popular ya no tienen complejos de ser de derechas, pero es que también -y todo ha transcurrido en el mismo fin de semana- en el lado catalanista de los vasos comunicantes de la política ha sucedido lo propio. El nacionalismo español se ha impuesto en Madrid - las banderas y los balcones que proclamaba Casado- y en el Partido Demócrata de Cataluña optaban - con poca participación y gran desgarro interno - por darle el poder al poder al huido Puigdemont. Nacionalismo e independentismo en dos tazas. Hasta hartarnos. La elección de Pablo Casado es un sano ejercicio de rejuvenecimiento del último partido nacional  que quedaba en España por actualizar su cúpula directiva. 

Un líder de 37 años que, a pesar de las acusaciones sobre la facilidad y el posible favoritismo en obtener licenciatura y masters, se ata los machos, desoye los consejos de sus mayores que le inducían a rendirse y pactar, y con un grupo que se reunían en el restaurante  El Luarques, de la calle Ventura de la Vega, frente al Congreso, dan una batalla que contrariaba a Rajoy pero que estaban decididos a ganar con la ayuda de Cospedal, Garcia Margallo y otros candidatos que quedaron excluidos en la primera vuelta...y vencen a la favorita con holgura.

La vuelta a las esencias tiene sus riesgos. Los esencialismos gustan a la parroquia local pero está por ver que agrade al público que no va a la misa de los militantes. En un proceso de esta naturaleza todos se dejan pelos en la gatera. 

Casado podrá reivindicar poco o nada lo que significa el respeto a la lista más votada. No fue la suya sino la de Soraya. Tampoco podrá dar las conocidas monsergas del PP sobre lo nefasto de que gobiernen los que logran un pacto de perdedores. Es justamente el que él ha liderado, reagrupando lícitamente los apoyos de todos contra Soraya. 

Rajoy ha bebido en pocos días whisky en el restaurante Arahy, en la calle Alcalá, mientras se desarrollaba la moción de censura, y dos cicutas de la derrota continuada  - en el Gobierno y en el partido-. Seguramente le importe poco porque ha salido muy aplaudido y no va a volver, pero le inquieta si el que vuelve es Aznar, al que tildó de desleal, sin nombrarlo por supuesto. 

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