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Domingo, 24/06/2018

En román paladino

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“Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer”

“Los estadounidenses son libres, en resumen, de estar en desacuerdo con la ley, pero no de desobedecerla. Pues en un gobierno de leyes y no de hombres, ningún hombre, por muy prominente o poderoso que sea, y ninguna turba por más rebelde o turbulenta que sea, tiene derecho a desafiar a un tribunal de justicia. Si este país llegara al punto en que cualquier hombre o grupo de hombres por la fuerza o la amenaza de la fuerza pudiera desafiar largamente los mandamientos de nuestra corte y nuestra Constitución, entonces ninguna ley estaría libre de duda, ningún juez estaría seguro de su mandato, y ningún ciudadano estaría a salvo de sus vecinos”.

Este retazo magistral de uno de los discursos más valientes de JFK -Kennedy- indica el camino que desgraciadamente le toca afrontar a  España. Una vez más un conflicto de envergadura en nuestro  país. No van a ser días fáciles para nuestro pueblo, ni social, ni política, ni económicamente, pero no hay más salida que el cumplimiento de la legalidad. Se está atentando por el gobierno catalán contra la estructura del país y contra el Estado de Derecho. Es sin duda la crisis más grave de nuestra democracia.

Que hay un sustrato de un conflicto político nadie lo duda. Que no arranca de ayer también. Que por acción y por omisión hay responsables en todos los partidos y todas las instituciones del Estado también. Pero se han producido en esta carrera, con freno pero sin marcha atrás, unos pasos que pueden hacer irreversible la ruptura territorial y política de España y la alarma ha pasado de las esferas muy informadas de la política a la población, en general. Ya nada puede seguir igual. Se han creado dos legitimidades para operar en un  mismo Estado y eso es, sin más, el fin del Estado. Un Estado que no podría sobrevivir si lo tolera.

Con Norteamérica se entiende mejor. Y no se hieren sensibilidades. El aristócrata francés Alexis de Tocqueville, que hizo un largo viaje por Estados Unidos  en 1831  evidenció el apego de los americanos a la descentralización -en unos estados hay pena de muerte y en otros no-  pero Abraham Lincoln tuvo que unir al país porque “Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer”. Había leído a Jesucristo: ”Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie”.

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