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Sábado, 17/11/2018

El trampantojo

Proselitismo infantil

Cuando leemos estos tipos de informes e intenciones, somos conscientes de lo que son capaces de llegar a hacer estos instructores de la doctrina radical

Los niños catalanes no saben lo que es el Siglo de Oro, ni lo que se celebra el 12 de octubre, ni lo que es el Camino de Santiago. Desconocen la existencia del movimiento terrorista Terra Lliure; el 11M no existe para la mayoría de las ediciones catalanas de libros de texto y ETA es descrita como un mero grupo radical en la mayoría de las ediciones. Los romanos no ocuparon la península ibérica, sólo Cataluña. El himno nacional no existe, pero se enseña el Cara al Sol y los himnos republicanos, hasta la Marsellesa. Son algunas de las conclusiones de un estudio sobre los libros de texto catalanes elaborado en abril de 2.012 por la Fundación Unidad + Diversidad, conclusiones que han ido in crescendo durante estos cinco años con el único objetivo de encontrar ese argumento que le dé solidez al sentido de independencia y, a su vez, creando nuevas generaciones que lleven inoculado el fanatismo independentista. Cuando leemos estos tipos de informes e intenciones, somos conscientes de lo que son capaces de llegar a hacer estos instructores de la doctrina radical dedicados a malear las inofensivas cabezas de los más inocentes, los niños, el futuro de la sociedad. Este problema debe ser erradicado con medidas que durante décadas han supuesto el éxito de nuestra educación pública. Medidas que, más allá de las técnicas que imponga o proponga el sistema educativo, se sustentan en los valores, la educación, el sacrificio y el respeto. Esas medidas que nos hacen recordar a nuestros profesores que, además de lo aprendido, nos deja en la memoria una retahíla de anécdotas que han contribuido a ser lo que somos como profesionales y personas. Particularmente recuerdo a los míos, de los que me siento muy orgulloso. Como Doña Maribel Amado profesora de literatura tan recia como disciplinada, tan exigente con los vagos como permisiva con los entregados. O D. Francisco Contreras, que dedicó parte de nuestros años escolares a enseñarnos historia durante aquellas mañanas tediosas hablando de Borbones, guerras o cuentos para, en este caso, dormirla. D. Francisco era autoritario en las formas pero lleno de valores en el fondo, de conversaciones profundas cara a cara y de peroratas tan apasionadas como infumables con el respetable. D. Antonio Pitalua se dedicaba a la religión y en sus clases muchos de los alumnos mostraban su rebeldía contra el involucionismo dogmático que profesaba el catolicismo. Era cuando Pitalua toreaba al natural con paciencia, cadencia y mucho dialogo, haciendo las clases amenas e incluso creíbles para los más díscolos. Y así un sinfín de profesores, hombres y mujeres de nuestro país, para la gran mayoría anónimos que han aportado con profesionalidad lo que debe ser la fórmula y el antídoto del futuro de una sociedad cada vez más resquebrajada; los valores, la educación, el sacrificio y el respeto que llevaban aparejadas las asignaturas que impartían.  n

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