¿Quién piensa en España?

Publicado: 27/05/2018
Autor

Abraham Ceballos

Abraham Ceballos es director de Viva Jerez y coordinador de 7 Televisión Jerez. Periodista y crítico de cine

Lo que queda del día

Un repaso a 'los restos del día', todo aquello que nos pasa, nos seduce o nos afecta, de la política al fútbol, del cine a la música

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Esto va a ser la muerte a pellizcos del PP; al menos, de aquí al día que llegue el juicio por los “papeles de Bárcenas”
Mariano Rajoy estuvo hace un par de semanas en Jerez para alentar a la militancia del partido en la provincia durante la presentación de los candidatos a las municipales. Las encuestas invitaban a hacerlo, antes de que la progresión ascendente de Ciudadanos mine y confunda el ánimo de las bases. Porque de eso se trata, de reconquistar la cuota de poder electoral a partir del trabajo de las agrupaciones locales, donde aún es débil la formación naranja, y traducirlo en alcaldías y diputaciones tras las elecciones del próximo año. 

Quince días después, la mera mención del nombre de Mariano Rajoy se ha convertido en una losa para los que debían recuperar el terreno desde las trincheras más próximas a las urnas. “A ver cómo salimos de ésta”, le reconocía este viernes un concejal popular, con justificada pesadumbre, a un amistoso adversario socialista. Entre otras cosas, porque esto va a ser la muerte a pellizcos del PP; al menos, de aquí al día que llegue el juicio por los “papeles de Bárcenas” y se conozca la nueva sentencia.

Incluso, puede que toda la honestidad de cuantos encarnan y defienden los valores y la gestión del partido en cada municipio sea insuficiente para eliminar el rastro del estigma que la Gürtel va a dejar grabado en sus siglas y, peor aún, en el recuerdo del subconsciente colectivo, aunque todo eso está por ver; siempre, como decía, en función de la implantación local de Ciudadanos que, si ya se ha ganado la condición de alternativa al PP a nivel nacional -ha roto con la máxima de que se votaba al PP, pese a los casos de corrupción que le salpicaban, porque no quedaba otro remedio-, aún debe trabajar mucho el ámbito municipal, pues vivir de las rentas de la marca solo le dará para contar concejales con los dedos de una mano.

Mas, si triste -y grosero- es que el partido más votado del país se vea envuelto en uno de los casos de corrupción más graves de la historia de la democracia, si triste es la imagen trasladada al exterior, y tristes las valoraciones que el propio Gobierno ha realizado sobre la contundente sentencia del juicio central de la Gürtel -o la ausencia de ellas por parte de José María Aznar-, igual de tristes, o decepcionantes, son las reacciones del resto de partidos del arco parlamentario, como quien se reparte los restos de un naufragio; es más, cabría preguntarse quién de ellos está teniendo en cuenta a España por encima de sus propios intereses personales, que son los que en realidad parecen guiar cada uno de sus gestos.

El PSOE, por ejemplo, que es quien ha tomado la iniciativa, ha propuesto una moción de censura que convierta a Pedro Sánchez en el nuevo presidente del Gobierno, con margen para probar el cargo, gustarse y gustarnos, y, después, tras el tiempo preciso para devolver la calma al país (?), convocar elecciones -con margen también para recuperar a su electorado-. Ciudadanos, por su parte, plantea una moción de censura instrumental, sin proponer presidente, para que desde la misma se acceda directamente a la convocatoria de unas elecciones en las que, en este momento, sería el principal candidato para ganar los comicios. Podemos, que fue quien invitó al PSOE a dar el paso, está a favor de la moción y también de dar un margen hasta la convocatoria de elecciones, pero no porque sea lo mejor para España, sino, por un lado, para desbancar al PP del poder y, del otro, ganar tiempo hasta que se olvide el asunto del chalé, que el propio Kichi ha utilizado en favor propio ante su electorado posicionándose contra el cuestionado líder morado. Y, por supuesto, están los nacionalistas, instalados ya en posiciones tan inasumibles como oportunistas, previsibles y escasamente halagüeñas.

¿De verdad que alguno de ellos va a lograr convencernos de que todo cuanto proponen va en favor de la estabilidad del país y no en el de la consecución del poder, o de parcelas de poder, a partir de un estudiado resultadismo que más bien parece responder al principio de incertidumbre? ¿Acaso no han pensado que pueden acabar empujándonos de nuevo hacia la desafección política, o es que se limitan a dar satisfacción a su propia militancia? Sin duda, se anhela una mayor rigurosidad... empezando por el PP.

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