Actualizado: 16:38 CET
Jueves, 17/10/2019

El Puerto

El Parque de la Victoria: derrota de una gestión vergonzosa

Se gastaron 700.000 euros, el doble de lo que se había previsto inicialmente. La zona sucumbe ante el deterioro, el abandono y el vandalismo

  • La Victoria

Hay ejemplos que sirven para retratar lo que las consecuencias de una mala gestión no pueden ni ocultar ni dejar que se olviden por más que pase el tiempo. Precisamente, éste se convierte en el recuerdo de las desafortunadas actuaciones que por más que pasen los años retratan la cruda realidad.

El paseo de La Victoria es la viva imagen de que no se va en el camino correcto, que algo no se está haciendo bien para que la ciudad luzca y vuelva a ser bien diferente a lo que es en la actualidad. 

El Puerto tiene un mal muy marcado y muy evidente que lo caracteriza: no sabe qué hacer con el legado histórico.  Lo que en cualquier lugar del mundo es un reclamo turístico y un orgullo el cuidar y fomentar, en El Puerto, la historia, su herencia, es un elemento incómodo.

Defenestrado y complejo de encajar en el día a día en la integración de lo que se supone debe ser una ciudad próspera y turística.  Lo más preocupante es que ni se sabe respetar, ni cuidar, y lo más peligroso, no se sabe mantener por los que sí tienen la potestad y la obligación como máximos mandatarios del patrimonio histórico.

Hay ejemplos que lo avalan. Demasiados que son pasto de la dejadez, del abandono y del incivismo. El que se alienta ante la inacción del que debe salvaguardar todos los elementos históricos que aglutina la población.

Después de demandar de buena parte de los ciudadanos adecentar y realizar una actuación inmediata en La Victoria, en 2009 se ponía por fin al estado. Al menos eso era las intenciones.
Eternizar con años y sobre todo con dinero la remodelación y el continuo mantenimiento no hace sino hipotecar unos gastos que no repercuten en su estado. 


¿Para qué tanta reunión?

Lo cierto es que la intervención en aquel entonces con contar con más participantes en la elaboración de la remodelación, no hizo sino intentar aglutinar a colectivos y asociaciones que mostraron sus ideas y sus inquietudes para mejorar lo anterior. Lo que en un principio iba a ser seis meses se prolongaron dos años y lo que en su presupuesto inicial serían 350.000 euros, se acabó con un gasto total del doble: 700.000 euros.

Dinero y tiempo que ha devuelto a su estado original de antes de su actuación urbanística. La imagen actual dista mucho de lo que en un principio se barajó y se anunció a bombo y platillo.

Nada de lo esperado y prometido se ha cumplido. Nada. Un parque estéril, frío, sin vida, y lo más preocupante, que no parece mucho importar ni a unos ni a otros que el paso del tiempo, la dejadez o el incivismo destrocen un lugar que en su día fue todo un ejemplo de recreo, tranquilidad y naturaleza en una de las entradas a la ciudad.

Un lugar con una historia y con una belleza que anunciaba el comienzo del centro portuense y que años de abandono y de decisiones, han terminado por mostrar lo peor de las gestiones, la equivocación en la elaboración y la inacción en su conservación.

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