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Jueves, 19/07/2018

El pobrecito hablador

1-O

Porque cada día se me hace más difícil verme como perteneciente a algo que me excluye

Nos espera un verano calentito, un estío de terrales, días de termómetros a pique de reventar y de campañas de “Acoge a un cordobés”. Pero esto no es más que el preludio de lo que está por llegar, allá por el mes de Octubre. Para el primer día de ese mes es posible, aunque no seguro, que los catalanes celebren un referéndum en el que decidan que quieren hacer con su futuro.

Yo, que queréis que os diga, si pudiera votar lo tendría claro. Porque cada día se me hace más difícil verme como perteneciente a algo que me excluye. No me escondo, soy nacionalista, tanto o más que aquellos que defienden la unión indivisible de España, una artificio inexistente, cosido con el mismo arte con el que Susana Díaz cose el PSOE.

Mi nacionalismo no es excluyente, pero me cansa que se nos use como parapeto contra el independentismo catalán, como si el Alcázar comenzara en Despeñaperros. No hay oportunidad en que se habla de la unidad de España en la que los primeros que salten sean los politicastros andaluces, haciendo méritos para que el señorito de Madrid les acaricie el lomo.
Si estuviera en mi mano, devolvería cada limosna con la que llevan décadas comprando voluntades, subvenciones de morfina que adormecen las voluntades.
Mantenemos una cohorte de cargos públicos cuya única preocupación es dar el salto a la capital del reino, sin importarles lo más mínimo lo que dejen atrás, el paro juvenil, el abandono escolar, la miseria en la Sanidad. Pero a cambio, nos regalan un día más de Feria, más fútbol, más curro de camareros. Cuanta generosidad.

Sinceramente, no creo que les preocupe la independencia de Cataluña; lo que realmente les aterra es que un bendito día, una marea de independencia resuene desde el Cabo de Gata hasta Punta Umbría. Porque no hay España sin Andalucía, tenedlo claro y cristalino.

Soy nacionalista; no me reconquistaron, me invadieron y colonizaron. Mi orgullo no depende del resultado de un Mundial de fútbol, ni de un tenista. Soy nacionalista porque me siento distinto. No mejor ni peor. Distinto. Así que procurad no ponerme una urna cerca, que la lío.

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