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Miércoles 26/01/2022  
La vida de un cobarde es muy lamentable y además aburrida hasta el vómito. El cobarde va de incógnito por el mundo tirando la piedra y escondiendo el culito. 
Pasa los días como las ratas, deambulando por las alcantarillas a ver a quién puede intoxicar. Nunca da la cara, bien porque se la pueden partir, bien porque no dispone de la valentía suficiente para ponerle nombre y apellidos a su literatura. Es de compadecer y en eso estamos. Me da lástima, porque la vida son cuatro días, y estamos hechos para la luz, que para la oscuridad ya tendremos un tiempo eterno y un metro y pico donde pernoctar para los restos. Estoy seguro de que para el año próximo el que sea un cobarde va a cambiar de actitud y se va a arrepentir de tanto esconderse. Si supiera el origen de la palabra cobarde, seguramente se lo pensaría dos veces. Proviene del francés couard y su origen anterior se enlaza con el vocablo latino cauda que significa cola. Así que cobarde hace alusión a la cola del perro y del lobo, que la esconden entre las patas para mostrar sumisión y miedo, es decir, cuando sienten cobardía. No puede estar mejor descrito el típico cobarde de toda la vida de Dios.

Y ¿por qué digo todo esto? Muy sencillo. Cada día aparecen comentarios en los foros de Internet de muchos periódicos, en los que el personal opina lo que quiere sobre lo que le viene en gana. Hasta ahí perfecto. A los que escribimos más bien o más mal, unas veces nos alaban y otras nos critican. Normal. A personas muy significadas de esta ciudad, como por ejemplo el alcalde, unas veces lo ponen tibio y la mayoría de las veces morado. Y pienso que, a pesar de la que está cayendo, nuestro alcalde, señor cobarde, merece un respeto. Es verdad que cada palo debe aguantar su vela, pero hay cosas que no, por mucho veneno que se tenga dentro. No está justificado ni por intereses políticos, ni porque hoy se levantó uno de mala uva, ni porque alguno crea que lleva más razón que un santo, ni porque uno esté amargado con su suegra. Si a mí me dicen que estoy loco, pues lo acepto, porque es verdad. Si me dicen más cosas feas, las acepto también, porque estoy loco y ellos saben cómo me las tomo. Lo único que me extraña es que no me sigan la corriente sabiendo que estoy majareta. Lo que no veo bien es que se insulte, se calumnie y se injurie a la gente gratis, aunque ya sabemos que aquí en La Isla todo lo que sea gratis produce un placer inenarrable. Pronto lo vamos a ver con los caramelos que tiran los Reyes Magos. Sin embargo el cobarde nunca pone debajo su nombre y apellidos o su foto. Tengo que pensar que esconden la cola entre las patas como los perros y los lobos, con lo peligroso y lo doloroso que eso puede llegar a ser en un momento dado. Ahora parece que se van a identificar los ordenadores de donde salen las barbaridades que algunos vuelcan. No creo que haga falta, señores de la policía. El cobarde ya va a cambiar y se va a confesar de todos sus pecados, más que nada por empezar limpio el año de gracia de 2010, año muy especial para todos los cañaíllas. En el fondo es un tema de educación y, aunque el cobarde sabe que ya se le ha hecho tarde para ir a la escuela a aprender maneras, sin embargo en el pecho debe tener un corazoncito que estoy seguro se sentiría molesto, si a él le hicieran lo mismo impunemente.

Señor cobarde, hágame caso, cambie un poquito y todos saldremos ganando. Ponga su firma en lo que escribe, identifíquese y verá como poquito a poco va usted educando su forma de entender la vida y sobre todo comprobará que, cuando uno da la cara, razona mucho mejor. Perla.

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