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Martes 30/11/2021  

El Loco de la salina

Se acabaron las noches tranquilas

A mí, concretamente, me ha tocado poner la lavadora, que es de las cosas más complicadas que me he echado a la cara.

Publicado: 06/06/2021 ·
21:39
· Actualizado: 06/06/2021 · 21:39
Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

"Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás" (Albert Einstein)

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Esto no puede ser. En el manicomio no hay quien duerma ni poniéndonos persianas en los ojos. No sabemos qué está pasando ahí fuera, pero ha llegado el director, que debe tener entre sus antepasados algún catalán auténtico, y ha dicho que hay que ahorrar como sea, porque la luz se ha ido por las nubes y no piensa bajar. Nos ha explicado que la cosa está chunga, que nadie nos la va a regalar, y que menos mal que el manicomio siempre ha tenido muchos locos con muy pocas luces. Dice que tenemos que hacer un gran esfuerzo, porque la luz es más barata de madrugada y que se acabó eso de irse a la cama como si no pasara nada, y que los que se duerman, que se olviden del postre una buena temporada.

Por eso nos han cambiado las pastillas para frenar la locura que padecemos por otras para no dormir y poder atender lo que se nos viene encima. Dice también el director que podemos ahorrar un montante de tres euros al mes, que buenos son, y que despreciar pequeñas cantidades es el paso previo a gastar como locos.

De modo que se han hecho varios turnos nocturnos para hacer frente al funcionamiento de todos los cacharros de esta casa, que son muchos. Llevamos así unos cuantos días y ya hemos perdido la noción del tiempo. El personal parece sonámbulo. Ya el patio no es lo que era; ahora los locos se quedan dormidos contra la tapia. A mí, concretamente, me ha tocado poner la lavadora, que es de las cosas más complicadas que me he echado a la cara.

Para colmo, no está bien ajustada al suelo y, cuando hace el centrifugado a las cuatro de la mañana, es como si estuvieran golpeando el suelo con una machota. En ese preciso momento se levantan todos los locos, se ponen a correr por el pasillo, y ya la tenemos liada.

A mi vecino le ha tocado estar pendiente del frigorífico, y dice que la mejor forma de ahorrar es apagándolo a las tres de la madrugada y volverlo a encender cuando los gallos anuncien el día. Como las luces se apagan por la noche y no se ve un duro, el de la plancha va todos los días por la mañana a la enfermería con las manos más quemadas que la directiva del Barça.

Y como Carmen Calvo, cuyo apellido ya está indicando lo que pueden hacer con el pelo las ideas descabelladas, ha dicho que la subida de la luz es lo de menos y que el temazo es ver quién plancha y quién lava, si es el hombre o la mujer, hemos decidido los locos poner al día nuestra lengua siempre buscando la igualdad que es lo que realmente importa. Y nos hemos dado cuenta de un detalle que parece tonto, y es que casi todos los utensilios de la casa son femeninos. ¿Eso es normal? No hay derecho. Esto supone un abuso machista que vamos a eliminar y a enmendar ya mismo. Nos hemos jurado cambiar esto, y, si hace falta darle patadas al diccionario, se le da sin compasión.

Así que a la lavadora la vamos a llamar lavadoro, a la fregona, fregono, a la batidora, batidoro, a la escoba, escobo, a la olla, ollo…, y así a todo, para que se enteren los machistos.

Estos son tiempos difíciles. Yo diría que son tiempos contradictorios, porque aquí dentro hay gente con más cerebro que incluso en el gobierno. Seguro que cuando llegue el invierno, nos van a obligar a pegarnos tortazos unos a otros a ver si entramos en calor. 

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