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Miercoles, 05/08/2020

El Loco de la salina

Gonzalo Belizón, pedazo de cañaílla

 Aunque le parezca mentira, este mundo que habitamos está lleno de locos de remate, a pesar del cambio climático o quizás por su culpa. Esto es como un inmenso manicomio, en el que están todos los que son, pero no son todos los que están. Aquí falta gente. Es el caso de Gonzalo Belizón Buada, un cañaílla que tiene todo su cuerpo en Cataluña, excepto la cabeza que la tiene centrada en La Isla y su alma que está loca por verla.
Cuando menos te lo esperas, te lo encuentras por la calle y se le ilumina la cara de la alegría que le da encontrarse con su gente de siempre. Después de vivir casi cincuenta años entre catalanes, cosa que tiene gran mérito siendo del sur, todo indica que en teoría debería ser un catalán más, tanto en su forma de ser como en su acento, pero nada de eso, Gonzalo se siente más cañaílla que nunca, habla de forma que nadie podría percibir el más mínimo acento culé y, según pasan los días y los años, ese sentimiento se le está volviendo más profundo y rabioso.
La Peña Camarón de La Isla tuvo un enorme detalle con él y le concedió hace muy poco su Camarón de Plata, porque consideró que es justo y necesario quitarse el sombrero ante un hombre que lleva a gala ser cañaílla por los cuatro costados muy a pesar de la distancia y del tiempo. A mí me cogió la gripe y no pude ir al la entrega, pero mi pensamiento estuvo esa noche en la Peña entre fiebres y destemplanzas. Muchas veces pienso, que ya es una victoria para este loco tal como están las cosas aquí, que más quisieran muchos cañaíllas llevar en su sangre la dosis de Isla que lleva Gonzalo metida en sus venas. Cada vez que el calendario tiene un hueco, aprovecha para venir a su tierra, se pierde por las calles de La Isla y se le nota en la cara el brillo de la locura que siente por este rincón. Me cuenta con orgullo que en su casa tiene una biblioteca particular, en la que lleva archivado cuanto se mueve, se dice o se hace en La Isla. Ya sabe usted que cualquier cosa que haga, cualquier cosa que piense, cualquier cosa que se le ocurra, al poco tiempo la tiene ya recogida Gonzalo en su biblioteca catalana. Toca todos los palos, la política, el carnaval, el flamenco…, porque todo lo que huela a Isla tiene su sitio en el corazón de este hombre incansable y siempre atento a lo que aquí se cocina. Gonzalo viene para llevarse cosas y, a poco que nos descuidemos, se lleva La Isla para allá.
Este loco se alegra mucho cada vez que Gonzalo viene y deseo agradecerle, a través de estas sencillas líneas, esas recopilaciones que hace de las tonterías que uno va volcando cada semana en este Diario. Las guarda mejor que yo, pues no tengo paciencia para mirar atrás y recopilar lo que escribo y además, como los locos no soportan ver mis papeles en orden, me los tiran por la ventana sin ningún miramiento ni luces. Sin embargo él, no conforme con encuadernar y regalarme cuanto sale de mi bolígrafo, le trae unos detalles maravillosos a mi nieto Pablito, a quien su abuelo le lee la cantidad de cosas que le manda Gonzalo con tanto cariño.
Como comprenderán fácilmente, este loco no tiene más que palabras de agradecimiento y reconocimiento para él y por eso quiere expresar aquí la alegría que le ha dado el que la Peña Camarón de La Isla le haya concedido ese merecido Camarón de Plata que algún día no muy lejano deberá convertirse en oro puro. Dice un autor francés que solamente un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud. Aquí queda. Gracias, Gonzalo, y no te digo que aquí tienes tu casa, porque eres capaz de llevártela para allá.

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