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Jueves, 01/10/2020
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El Jueves

Testarudez

La testarudez de Puigdemont y su gobierno nos está conduciendo a un camino complicado

Es muy probable que si usted está leyendo estas letras en la edición impresa del periódico Viva Sevilla que acoge cada jueves este “El Jueves”, ya se haya producido alguna muestra del principio acción-reacción que muchos españoles (catalanes incluidos, por supuesto) estamos esperando. Es posible que algunos de los escenarios o probabilidades que se han dibujado en estos días esté llevándose a cabo en estos momentos: que la maquinaria del Estado se haya puesto definitivamente en marcha y que estén sucediéndose nuevos acontecimientos. Por eso, en este momento de escribir, confío en que lo que esté sucediendo en el cercano futuro (su ahora mismo, insisto, si tiene estas letras impresas sobre el papel prensa de cada día) sea no sólo lo mejor para España sino también para todos (recalco todos) los catalanes.

La testarudez de Puigdemont y su gobierno nos está conduciendo a un camino difícil y complicado, fundamentalmente para un gobierno que tiene como obligación defender los intereses del estado y de todos los españoles por encima de cualquier otra cosa y, sobre todo, en el peor de los escenarios que pudieran plantearse. Los independentistas catalanes -cegados por no sé qué visión- creen lo contrario: la aplicación de las medidas que el gobierno de Rajoy esté haciendo en estos momentos, en este jueves 19 de octubre, no es plato de buen gusto para nadie.

Puigdemont y los suyos, los adláteres de la mal entendida independencia, han llevado esta movilización excesivamente lejos. Vivimos dentro del marco de un estado de derecho que se rige por unas normas (leyes) que son de obligado cumplimiento para todos. Aquello que se salga de esta sencilla norma está condenado a ser motivo de revisión por la justicia y, como es lógico, abocado al fracaso.

Pero en este caso concreto de Cataluña el fracaso nos salpica a todos. Puigdemont y sus secuaces van a tener el dudoso honor de haber construido, en sólo unos días, una Cataluña rota y empobrecida. Nos la dejan llena de escombros que se tardará mucho tiempo en limpiar. Lo conseguido en los últimos años en el capítulo económico se multiplicará en el tiempo por un impredecible factor para volver a ser lo que era. Las heridas sociales abiertas -incluso entre miembros de familias- dejarán marcas y cicatrices difíciles de olvidar aunque hayan dejado de sangrar.

No sé si se estará a tiempo aún. Si es así, por favor Honorable Puigdemont le pido que reflexione. Y si su testarudez prosigue, sépase el único responsable de todo esto.
Que la historia le perdone.

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