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Martes, 17/07/2018

El Jueves

Toque de atención

Quien crea que el Rey sólo tiene un papel institucional y representativo se equivoca...

Quien crea que el Rey sólo tiene un papel institucional y representativo se equivoca. Y la prueba de ello la pudimos ver el pasado martes, cuando se dirigió a toda la nación. Don Felipe, en su primera intervención de este corte, estuvo a la altura que debía estar: la de un país que, a poco que se esto se siga torciendo, puede llegar a un estado que mejor ni imaginar. A muy pocos días de que se declare la independencia (ilegal) de Cataluña, el Rey ha puesto sobre la mesa la corona. Quizás, según cierto sector de la sociedad, debiera haberlo hecho antes, pero cuando lo ha hecho ha sido con una contundencia digna de agradecer, al menos por los que nos sentimos constitucionalistas y entendemos perfectamente dónde y cómo vivimos.

Las palabras del Rey de España no sólo no podían tener otro sentido sino que, es más, no podían ser pronunciadas de otra forma. Sin medias tintas. Sin tener que averiguar mensajes ocultos o sólo para los muy iniciados en esto. Porque para saber que se dice en este párrafo no hay que ser muy experto en nada: “Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno”.

Yo creo en las palabras del Monarca, porque nadie realiza en público una promesa o un compromiso (llámenle como quieran) ante la situación que estamos viviendo: “Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad (…) es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía”. Esto se trata de una clara orden del Jefe del Estado. Y quien no lo entienda así, lamento decirle que se equivoca.

Quizás, por las palabras de Don Felipe, haya dejado de ser el Rey de todos los españoles. Pero personalmente no me importa. Aquellos que se alejen de su figura y por tanto de la institución después de oírle seguro que ya están, desde hace tiempo, alineados en otro bando. El bando de aquellos que quieren desmembrar este país.

Y por último, me quedo con la esperanza: “Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos”.
Así lo espero. Gracias, Señor.

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