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Domingo, 27/05/2018

El jardín de Bomarzo

La quinta acepción

El lenguaje tienes trampas. Mucho más en un tiempo donde cualquier desliz, por pequeño que sea, encuentra en las redes sociales una plataforma

  • El jardín de Bomarzo.

"La sensualidad es la máxima movilización de los sentidos: una persona observa atentamente a la otra y escucha cada uno de los sentidos que produce". Milan Kundera.

No sabría explicar la razón por la cual cada vez que escucho a un político desde su atril soltar aquello de por el bienestar "del conjunto de los..." y a eso le sigue: españoles, andaluces, catalanes, ciudadanos o, interprétese, subnormales variados me siento, con perdón, agrupado cual borrego temblón al que van a deslanar para de su pelamen hacer bufandas. Es muy típico en el discurso social agrupar al personal, segmentarlo para en su conjunto hacerse defensor de él, proclamarse por tanto aclamado líder de los defendidos. Particularmente, me incomodan los grupos de más de dos, tres, y para nada participo de aquellos arengados por jergas dialécticas estudiadas y vacías; solo hay que detenerse a oír con detalle una proclama política para darse cuenta que tras ella solo hay frases bien construidas, normalmente pronunciadas en un tono adecuado y cercano y, en general, vacías de contenido porque el que las dice sabe, sobre todo, que el oyente tiene la misma memoria que Dory, el pececillo azul de Buscando a Nemo que lo olvidaba todo al minuto. 

El lenguaje tienes trampas. Mucho más en un tiempo donde cualquier desliz, por pequeño que sea, encuentra en las redes sociales una plataforma instantánea para hundir a un político en un minuto, ante lo cual la medición sobre lo que se dice es absoluta y la consecuencia de ello es que apenas se diga nada más allá de lo estrictamente correcto. Es por esto que triunfa el populismo, estrategia de alguna corriente política que busca el apoyo de clases populares diciendo aquello que muchos quieren oír pese a saber que lo que dicen carece de fundamento; el populismo tiene una vida breve por cuanto la gestión pública no entiende de frases hechas sino de realidad y es ahí donde fenece la fórmula.

Está en lenguaje medido en la idea de ofender para defenderse ante algo, de lo cual dio muestras esta semana el presidente de ASFACO, Miguel Ángel Tamarit, al declarar a la Cadena Ser eso de "Cádiz es complicada. Es muy graciosa... Un hijo mío, que tiene mucha sorna, le dijo una vez a un consejero: consejero, ¿cómo vais a financiar o apoyar una fábrica en Cádiz si allí no se trabaja...?". Estoy que me parto de la risa con el hijo del individuo, tronchado, ya me gustaría saber quién era el consejero y la respuesta que le dio, aunque seguramente una muy correcta por aquello de mantener el voto. Son los tópicos; en Cádiz, vagos en bares, en Barcelona, tacaños, en Bilbao, levantan piedras, en Vigo, se lo piensan tres veces... ¿Los españoles? Chris Haslam firma un artículo en The Times sobre España como destino turístico asegurando que los españoles somos malhablados, maleducados e impuntuales... "Ser español implica entrar en un bar, besar y abrazar a completos desconocidos, gritar "oiga" al camarero y tirar todo lo que no te puedes comer o beber al suelo...". Ser articulista en The Times implica, opino yo ahora, absorber por el orificio que se halla en el extremo terminal inferior del tubo digestivo un botellín de Cruz Campo tamaño tercio lleno sin que la más mínima muesca asome por su británico rostro. Cosas del lenguaje, cada uno lo usa como prefiere.

Está, por otra parte, la mecanización del lenguaje con la irrupción en nuestras vidas de ese endiablado vehículo llamado washapp, sin el que parece que ya no podríamos vivir. Todo el día pulsando el maldito botoncito verde, manteniendo varias conversaciones a la vez en un éxtasis orgásmico del cotilleo, copiando y pegando, reenviando, pero sobre todo olvidando algo tan esencial como que con él se sustituye el tacto, el gesto, la mirada, el tono de una conversación entre dos personas donde casi lo que menos importa son las palabras porque la expresión del rostro lo dice todo. Es el lenguaje corporal del que el señor washapp carece, él solo traslada palabras en tono frío, lejano, sentencia ideas que en la mayoría de los casos son recibidas con frialdad y lejanía y es ahí donde introduce para paliar este déficit los emoticonos: risas, dos como mínimo porque uno es señal de que ha hecho poca gracia, corazones latiendo, besitos, diversas maneras de sonreír... Un abanico de posibilidades para trasladar sentimientos por el hilo de una red telefónica como si eso fuese posible; ¿cómo trasladar por ahí el brillo de una mirada que refleja alegría o pena?

La quinta. 60 alumnos de 16 años del IES La Orotava de Tenerife han impulsado en redes sociales una campaña para que la Real Academia Española de la Lengua elimine del diccionario la quinta acepción del término Fácil, que consideran denigrante porque relata lo siguiente: "Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales". La campaña, usando la nuevas fórmulas mecánicas del lenguaje por redes, ha sido impulsada bajo el hashtag HazloFácilRAE, muestra vídeos de chicas jóvenes diciendo "No soy fácil, soy Alba". La verdad, genial. Sobre todo que un grupo de jóvenes con algo tan sencillo logre poner contra las cuerdas a la RAE y colarse en los informativos del país, introduciendo un debate donde no lo había y logrando la aceptación como iniciativa correcta de la inmensa mayoría.

Cuando lo fácil hubiese sido, en todo caso, expresarlo de un hombre. "Dicho especialmente de un hombre: Que se presta..." -emoticono de risas, al menos tres-. La RAE, que parece poco dispuesta a sucumbir a esta presión juvenil, argumenta que solo se limita a "reflejar la expresión en uso", no tiene en cuenta que el uso del lenguaje en este caso resulta denigrante para una mujer a la que en general y con razón molesta mucho que la tilden de "fácil". A una mujer le gusta en todo caso ser difícil, al menos un poco, cercana y amable, pero que la consideren lo contrario obviamente es insultarla donde más le duele y que además lo haga la RAE por escrito resulta poco menos que un acto violento -"Soy egoísta, impaciente y un poco insegura. Cometo errores, pierdo el control y a veces soy difícil de lidiar, pero si no puedes lidiar conmigo en mi peor momento, definitivamente no me mereces en el mejor", frase de Marilyn y emoticono de ohhh, al menos tres-. 

El buen o mal uso del lenguaje es básico para entenderse o no. Es cierto que hay profesionales de él y que lo usan medido y a conveniencia, tanto como que ha encontrado vehículos modernos para trasladarse en modo vértigo e inundar el planeta en un minuto; está también el lenguaje del silencio, ese al que le sobran las palabras. Pero al igual que un precocinado jamás sustituirá a plato humeante tras lento hervor a fuego, nada resulta tan poderoso como el lenguaje corporal acompañado del sonido de palabras sencillas.

Bomarzo

bomarzo@publicacionesdelsur.net

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