En la tela de araña

Publicado: 05/02/2016
“Y ahora te hago una pregunta: si Pablo Iglesias, no yo, el otro, pudiera votar hoy, ¿por quién crees que votaría?”. Pablo Iglesias, el otro.
“Y ahora te hago una pregunta: si Pablo Iglesias, no yo, el otro, pudiera votar hoy, ¿por quién crees que votaría?”. Pablo Iglesias.

No es aventurado asegurar que el Partido Socialista Obrero Español, ese mismo que fundara Pablo Iglesias Posse el dos de mayo de 1879 en la taberna Casa Labra en la calle Tetuán ante veinticinco compañeros, dieciséis tipógrafos, cuatro médicos, un doctor, dos joyeros, un marmolista y un zapatero y que en 1890 encabezara la primera manifestación del primero de mayo en España exigiendo la jornada laboral de ocho horas y el cese del empleo de niños en actividades laborales, atraviesa hoy quizás el momento más delicado de su historia porque pende de finos hilos y emana un halo a que sobre cómo resuelva este presente logrará recomponerse en todo o en parte de lo que ha sido, un partido político heroico y fundamental, o si lo mide mal pueda pasar a fuerza menor engullida por otro Iglesias, Turrión, Pablo también, politólogo español que a lomos de un fundamentalismo oculto pero planificado, financiado, ha tejido su trampa para engullir presa cual araña tigre hace con saltamonte prisionero en red.

E Iglesias, Turrión, lo logra porque la gente, harta de políticos, ha votado democráticamente ruptura, esa que representa Podemos, el auténtico enemigo para un PSOE que no ha sabido verlo a tiempo y que aún hoy, por intereses personales sobre todo porque no parece que a la marca política ni al país le interese ese lío y, si me apuran, ni Podemos quiere –el CIS ya le pone por encima de un PSOE por día más desgastado-, debate sobre un acuerdo imposible bajo el único argumento de liquidar al PP, ese partido con quien Sánchez no ha querido hablar y un político no está obligado a llegar a acuerdos, pero sí a dialogar siempre con una fuerza que representa a personas, en este caso a muchas, a quienes con su actitud desprecia. Resulta evidente que al margen de la debilidad de su liderazgo, hay que sumar otras razones trascendentes para entender el desapego creciente sobre un PSOE en retroceso; quizás perdió una oportunidad en aquel Congreso fallido de Sevilla cuando Zapatero le cedió los trastos a Rubalcaba pese a que la renovación la representaba Chacón, joven, catalana, mujer, con un discurso actualizado, pero el aparato del partido, ese mismo que siempre ha manejado las situaciones para controlar el poder, ese mismo que hoy traza líneas rojas sobre Sánchez para arrinconarle, impidió el cambio en un cónclave político donde los pasillos aún parecían lugares para negociar tratos y no como hoy, convertidos en zonas solo útiles de tránsito hacia el baño –una parlamentaria amiga, otra, decía compungida: “Cuando voy al Comité Federal debo esperar al telediario de la noche para enterarme de las conclusiones y eso después de estar allí más de ocho horas sentada…”. Rubalcaba se demostró tan buen segundo de Zapatero como mal primero y, sobre eso, hay muchos ejemplos, el liderazgo político distingue a personas de una pasta especial, capaces de ganar complicidad con una mirada, un gesto, una frase amable y no todo el mundo vale para eso; hay jugadores que tienen gol y otros que son excelentes defensas, así de simple.

Con los 110 diputados que alcanzó Rubalcaba, uno de los mejores parlamentarios que ha oído el Congreso, cavó su tumba, más al quedarse muy lejos de la mayoría absoluta del PP y, en ese momento, el PSOE decidió por mayoría hacerse un lifting para abandonar la caspa y adquirió estética por encima de otros valores como posicionamiento ideológico, todo ello bajo la atenta mirada de una Susana Díaz a quien gusta ganar los congresos por aclamación y sin oponente, como hizo ante Planas, hoy en Bruselas, en el de Granada cuando Griñán la designó sucesora –dicen que a quien realmente eligió fue a Mario Jiménez y es por eso el ostracismo hacia el de Moguer…-; Díaz no quiso enfrentarse con Madina, no quiso, y se retiró aduciendo que su compromiso estaba con Andalucía y tal y tal cuando en realidad volvió a los cuarteles de invierno en espera de oportunidad mejor, cediendo el puesto a este Pedro Sánchez que no se ha dejado apadrinar por ella y que hoy sabe que o logra ser investido presidente como sea y, con ello, asegura futuro, el suyo, o sus horas en política están contadas y es muy joven, entiende, para aceptar carrera tan breve -por mucho que hable con quien quiera, su único camino pasa por Iglesias, el otro, que le espera con la red perfectamente tejida-.

Susana Díaz, prosigo, es de lejos la parlamentaria más eficaz, lista, habilidosa en su oratoria, no ha de esforzase apenas para manejarse perfecta desde el atril, se arremanga y poco más, cosa distinta es medirla por el balance en gestión de su gobierno o por el modo con el que ejerce el liderazgo en el PSOE-A, basado en imponerse a través del poder que aglutina y en seleccionar a personas para su entorno de un perfil concreto, que no pretendan, que no se detengan, sin permiso, a hacer corrillos entre los famosos pasillos que siempre hubo en la casa del pueblo. Tiene mucho carácter, bien sabe ella que no siempre lo maneja de manera adecuada, pero es eso, carácter, lo que echa en falta el socialismo nacional hoy y su militancia, la vieja, la que se dejó adoctrinar por Pablo Iglesias Posse, el primero, y se indigna ante el insulto permanente de este otro politólogo que, financiado, canta La Internacional puño en alto a los Surenes.0, les acorrala, les condiciona, les amenaza con engullirles como ha hecho con IU, les da lecciones sobre casi todo y a quien nadie del partido viejo pone en su sitio. A Pedro Sánchez, entre otras muchas cosas, le critican esto los históricos, los barones, los González, Blanco, Guerra, Pizarro, todos aquellos que curtieron partido y que hoy sienten el abismo bajo sus pies porque vislumbran un futuro atado a intereses personales y no a un proyecto político.

La responsabilidad es de todos, bien es cierto y lo saben; ellos eligieron a Sánchez, la propia Susana Díaz le votó. Participaron en aquel congreso de Sevilla y no han hecho demasiado, casi nada, por renovar personas y discursos, dejando demasiado trecho a su izquierda y que es por donde se les han colado y no actualizándose, permitiendo que los hijos del socialismo, sus hijos, hoy sean votantes en masa de Podemos, liderado por un Iglesias indiscutiblemente hábil para conectar a través de las distintas redes sociales a nivel nacional con nada menos que 3.858.956 seguidores, seguido ahí de lejos por el PP con 1.806.725, Ciudadanos con 1.186.935 y, por último, por este PSOE con 812.944 seguidores, casi cinco veces menos, cuyos votantes fieles, los muy, muy fieles, los que nunca dudan, en gran porcentaje son personas mayores que observan con estrépito cómo las nuevas generaciones no compran su doctrina porque prefieren otra y, fruto de ello, Pedro Sánchez no vea otra salida que entregar su partido, ese mismo que tantos primero de mayo paseara pancartas por los derechos de los trabajadores, a este otro Iglesias, también llamado Pablo, politólogo, financiado, el otro, que ironías del destino parece llegar un siglo después al original para lo contrario y que para ello, cual araña tigre tejedora, aguarda paciente porque siente que la presa es débil y terminará, de un modo u otro, por servirle de comida.

“El 20D el PSOE no hizo historia, sacó el peor resultado de su historia. Es verdad que con un mapa político distinto, pero no conseguimos ganarle las elecciones a un Partido Popular que tenía a sus espaldas la mayor brecha de desigualdad entre los ciudadanos y los casos de corrupción más graves que hemos conocido en este país. Si el PP ganó las elecciones en estas circunstancias es que no estábamos en el camino correcto…”. Susana Díaz, corte grabado por algún compañero y filtrado a la Cadena SER de su intervención en el Comité Federal del PSOE el pasado sábado día 30.

Bomarzo

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