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Sábado, 21/04/2018
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Sin dinero

Si no une divide, ese es el aserto. Y amor o interés es el gran dilema del que depende el futuro de este mundo

Poco se hace sin precio hoy en día y menos se va a cualquier sitio sin el monedero. Pocas cosas hacemos sin el respaldo de los billetes y los concursos se encienden a diario con la emoción del si me llevo dinero, compro un coche, una lavadora ‘y me saco a mi madre por ahí, que se lo merece’. Todo lleva su historia y su histeria pegadas y su grandeza y su roña, buscando el pobre aplauso y el arranque del motor dañado. Todo con calderilla y algún que otro billete pringado de sudor humano y grasa de los trajines a que se someten los hombres a diario.  El niño no acierta a jugar sin dinero, con lo que nace ya atrapado en la red que lo limitará para siempre. No es fácil pesar los pros y contras de cada situación y menos de ésta, que condiciona claramente su maniobra humana. Qué haremos sin dinero, dicen unos con no poco temor, y qué hacemos con él desde la limitación humana compensada de golpe con este refuerzo.


El dinero está sometido, igual que el caballo, desde la prehistoria, a un hombre a ratos banal y a otros ratos transcendente y puede ser noble o rastrero como él mismo lo es. El comportamiento humano todo lo ennoblece o todo lo inficiona; somos más responsables de lo que admitimos del futuro que se nos ha entregado.  Que dejemos siempre clara nuestra intención y la postura de rebeldía a la que se nos obliga; encontramos todo programado y los políticos se han convertido en ideologías que acaban en intereses a favor de algunos y contra otros en lucha abierta y desgarrada. Lo de mis ideas se ha convertido en un seco y a veces disimulado ’mis intereses’. Es la época de un realismo crudo y deshumanizado que finalizará mal porque siempre acaba en un reparto y nunca en compartir que es lo civilizado.


Si no une divide, ese es el aserto. Y amor o interés es el gran dilema del que depende el futuro de este mundo. Aparece como una lucha contra el materialismo craso que impuso el comunismo en un traspiés de la historia. La vida es cálida, nunca puede ser cruel ni pretenciosa; siempre me parecieron peludos muchos pensadores de moda que no sabían el jugo de la tolerancia. Mi infancia fue difícil en la posguerra y muy llana por sus modelos; yo sabía muy bien lo que no quería porque lo aprendí en movimiento. Nadie me convenció y así sigo buscando. Hoy los discursos me levantan un rictus que tiene mucho de comprensión, de dejar pasar y a ratos de ternura. De un hombre inquieto que se ilusiona porque lo necesita y que yo lo encuentro en lo profundo. No tengo amigos porque andan sin dimensiones mundanas, pero yo los recreo sin acritud. El crimen más horrendo ha sido nutrir de adolescentes las filas del terrorismo. Hay que señalarlos con urgencia o acabarán poniendo explosivos en los pechos maternales.  El terrorismo no respeta nada y lo destruye todo; no son locos como se dice sino desarraigados, cansados de mirar con envidia contemplándose hueros y haciendo como que hacen y vienen a corromper menores o adolescentes. Cuidado.


Quedan muchos que aceptaron la falacia de que como el comunismo es malo, el fascismo era bueno. No me quedo con ninguno, porque los otros al revés, aceptaron una doctrina marxista sólo por desacreditar al militar fascista. Ni uno ni otro, ¿o a ese escarceo de lógica no llega vuestra reserva y desembarcáis antes del puerto? Ayer andaba internet cargada de testimonios que descubrían la pólvora y no merece la pena picotear más en la pollada. Sólo digo, la mente se desarrolla en el proceso del lenguaje y el que no llega a tiempo lo va arrastrando y sin saberlo. Pobre lenguaje, que, de tan preciso, al tiempo marca al tarado y al adonis. Yo leo una antropología que la declararía obligatoria a todo español y especialmente en la educación y cargo responsable. ¿Sabéis que en la lectura lo importante es la selección que se diagnostique a cada uno? La debe hacer un preparado tomando muestras como se cuida la salud.  Leer en desorden trastorna las ideas y habría que empezar mil veces, que no da tiempo.


A los prebostes os digo, arreglad la escuela y arreglaréis la sociedad y es la forma de que existan en sincronía ella y el individuo y detrás vosotros. Ahí está todo el mal, están reñidos. Es un tema muy amplio en el que merece la pena profundizar y a él sí atendería. Pero lanzarse dardos ya se hacía desde el inicio al salir de la caverna y encontrarse con un desconocido. Usamos internet, pero para insultar y no para aportar pensamiento. ¿Es posible que la última guerra ha sido la más cruel por los adelantos químicos? ¿Es posible que vendamos armas y simulemos pacifismo? Algunos aprovechan el progreso para herir más certeros. Y el mal está en proporción al dinero, de lo que el menesteroso no puede esperar alivio. ¿Se hace un bien a la sociedad haciéndola más rica? ¿O hace falta un gendarme poderoso, incorrupto y sensato, que vele por la justicia y no dude en dar la cara por el necesitado? Urge hacer algo porque el Legislador o Demiurgo, en los platónicos divinidad y alma universal en los gnósticos, se desgasta ante la prepotencia y malos modos y algo tendrá que sustituir al sistema. ¿El dinero? No, por favor. Abrid el pecho y enseñad sentimientos sin pudor, que podamos llegar al brocal de aguas frescas.

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