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Martes, 24/04/2018

El arte del epigrama

No te importe salir del momento y visitar el contraste con lo pasado, te sentará bien

Alguien escribió estos días que por fuerza algo le están echando al agua en Norteamérica y no se explican si no las tonterías que están saliendo a la luz: un gerifalte ha contado que José, hijo de Jacob, creó las pirámides como graneros (es mi teoría particular, ha dicho, menos mal) y que la evolución es invento del diablo (esto desde su fortaleza de creacionista), y, eso, que los que huyen de las miserias de las guerras “vienen a esta tierra con un sueño de grandeza”.  Y para qué seguir con más píldoras de regalo, si todo está bien redondo y acomodado para el momento. Hay predicadores que forman parte del sueño y el despertar puede acabar en negocio trágico, ya está dicho.

El epigrama comenzó como grabación en piedra de una u otra dirección o anuncio concreto para acabar en un mensaje social de crítica o elogio, pero con chispa, que es lo que caracteriza a esta pequeña pieza literaria. La renovó el joven aragonés Marco Valerio Marcial y la elevó al grado máximo de acogida social; nos han dejado testimonios que lo confirman sobradamente. Y dice su amigo Plinio que muy bien en su acritud y en su ingenio que van parejos y hacen un verdadero arte que se puso de moda en el imperio de Roma. El de Bilbilis se marchó a la gran Ciudad Eterna con 18 años y a la expensa de Sócrates, que se suicidó y lo dejó casi errante a lo largo de cerca de 31 años. En este ambiente fructificó su ingenio y triunfó, que ya es mérito. Pero hay que decir que lo usaron los griegos y pasó a los latinos.

La estructura del epigrama es simple: una primera y breve parte de puesta en escena y una segunda igual de corta que puede alagar o zaherir, pero siempre ingeniosa. No es fácil atinar en su medida y es admirable conseguirlo. Gran maestro Marcial el hispano de la justa medida y del ni acorto ni me paso, muy valorado por aquel pueblo refinado del emperador. Con gesto se condenaba a morir, un gesto de los dedos de la mano, que con igual displicencia autorizaba a vivir en el juego de la arena. Contrastes de aquel imperio que influyó en gran manera nuestro futuro empezando por el idioma. El epigrama es un gesto cultivado que se conjuga con nuestra imaginación mediterránea y al calor del temperamento apropiado. Cuidado que una versión menor es lo que se suele llamar ocurrencia, más popular y a la mano en las tertulias, junto al plato de frutos secos y el vaso de clarete.  

Las cosas ahora son o muy parecidas o muy distintas, según se quieran apreciar, pero en todo caso no están tan alejadas como para escandalizarnos. Es verdad que el hombre evoluciona muy lentamente y no se deja ver la perspectiva, pero para eso está la imaginación que nos sitúa en el centro del interés. No ha llegado a un estado aceptable de convivencia y sin duda, hay motivos para celebrar un cierto progreso que despierta esperanza sana, de tal modo que ese indicio es suficiente para mantener la llama.  El epigrama que decimos es un arma que puede estimular y de crítica social, siempre que la cordura lo mantenga en su sitio. Es verdad que en su tiempo llenó su hueco y sobrevino la decadencia que aumentó con la división del imperio. Pero sólo intentamos hacer notar la habilidad y el arte que logró esta composición como parte de la cultura del momento sin pretender hacer mayor juicio de una civilización por este indicio. Sólo nos atrevemos a decir que el epigrama gozóó de inspiración y del calor del latino que lo acogió con reconocimiento familiar.

Si algún fin de semana te encuentras libre, acuérdate de buscar en la historia de la literatura las incidencias de este metro y te divertirá la lectura de algunos dardos de verdad ingeniosos. No te importe salir del momento y visitar el contraste con lo pasado, te sentará bien.  Yo entre tanto te diré que he visto preparando este pequeño trabajo  mucho tiempo tirado y otro mal aprovechado en temas vanos y a veces perversos que nos apartan del hombre.  Lleva razón el periodista que comentaba nuestro comienzo: cuidado con el agua de Norteamérica, mejor no abusar mientras esto dure. ¡Qué fácil meter la pata en apreciaciones y juicios aislados si se vive un tanto apartados! Si será tonto que sólo sabe ganar dinero, decía alguien de un rico. Tiene su lado de verdad y la vida es más compleja, gracias a Dios.  ¿Para qué riqueza si no entiendo la ironía? ¿O el sarcasmo, con su vestidura de negro? O la bondad envuelta en ternura o en luz como el lucero de la tarde. Necesitamos vivir y el angelicalismo es simplón; el egoísmo es así igualmente simplón. Se ven algunos que sólo están para comer y, obesionados con el guardar, no saben compartir ni la alegría. Pronto se ha de aclarar todo, ya se verá. Pero nos tienen hasta el último momento sin adelantar nada.

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