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Martes 15/06/2021

Desde la Bahía

El cielo no es azul, sólo divino

Gagarin no supo mantener su fama y gloria y su vida posterior a la vuelta del espacio, lo mismo que su muerte en accidente aéreo, ensombrecen su hazaña.

Publicado: 14/02/2021 ·
21:13
· Actualizado: 14/02/2021 · 21:13
  • Yuri Gagarin.
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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Han pasado años. En ocasiones conviene recordar. El 12 de abril de 1961 la agencia oficial soviética Tass  anunciaba tras el despegue de la cápsula VostoK 1, que la URSS era el primer país que lograba colocar un ser humano en el espacio: Yuri Gagarin. En aquel entonces esta nación precisaba de un golpe de eficacia contra las creencias en una deidad única, en un Dios verdadero y mostrarse ante Occidente como el país más avanzado y ateo. Puso para ello en boca de este primer astronauta la frase “estoy en el cielo y no he visto a Dios por ningún sitio”, que quizás nunca dijo. Pero sí su Presidente Nikita Kruschev.

 El cielo que es “morada divina” no es el azul que observamos en los claros días de primavera, eso es sólo un fenómeno denominado dispersión de Reyleigh siendo la luz azul, la más cercana al astro que la origina, la primera que se dispersa. Pero lo cierto es que no pierde protagonismo en la conflictiva vida política. Hace algo más de un lustro llamó también la atención la frase de un político muy progresista que dijo: “el cielo no se toma por consenso, sino por asalto”, concepto que ya había utilizado Karl Marx en la insurrección de París de 1871, recogido del romanticismo alemán cuya idea era la recuperación de la figura de los titanes que combatieron a los dioses del Olimpo en la llamada titanomáquia. Ahora queda claro que la soberbia humana y el ansia de poder no se paran ante la divinidad. El narcisismo hace que la retina deforme la fiel imagen que refleja el espejo en que nos miramos.

Hace unos días, en plena campaña electoral y en un momento de máxima euforia, el líder en su disertación se dejó decir: “la nuestra es una izquierda modernizadora, que sabe que el cielo está aquí en la tierra. Que el paraíso es una escuela pública. Un salario digno es una mujer que puede volver segura a su casa. Ese es el cielo al que aspiramos”.

A veces las palabras quieren salir en tropel, como los clientes en las rebajas de los grandes almacenes y claro aparecen los empujones y las caídas. Vamos a ver, cuando se aspira a ser el regidor de todos los españoles no se puede decir que el paraíso es la enseñanza pública, porque hay que conocer qué porcentaje de escuela concertada o privada existe, saber lo necesaria que es su presencia y que nadie puede coartarle su libertad, anulándola, o como deja entrever la frase, enviarle al fuego del infierno. Se cita además que la mujer pueda volver con plena seguridad a su casa. Totalmente de acuerdo, pero el problema es que puede ocurrir que después de volver segura a su casa se la encuentre “okupada” y tenga que irse a cenar y dormir a un hotel y si no hay moneda a un portal con sábanas acartonadas, porque hay leyes tan absurdas que no saben lo que es el derecho a la propiedad. El cielo está donde está. Vivimos en la tierra y lo que desea la ciudadanía es dirigentes capaces, responsables, venidos de las antípodas del resentimiento y con la idea de que todos somos necesarios y respetables.

Claro está que esto ha llevado también a decir que no estamos en una democracia plena - a pesar que hace pocos meses tras exhumaciones, se dijo que la democracia que estaba incompleta había conseguido su plenitud - y se citó una frase brillante de Bertol Brecht, cuando se criticó fuertemente a quien lo dijo:  “hay tiempos en los que sale muy caro decir obviedades”.

Citar a un autor tan prolijo tiene el inconveniente que son muchas las frases que ha pronunciado o escrito y este “genio” también dijo: “el que no conoce la verdad es simplemente un ignorante, pero el que la conoce y la llama mentira es un criminal”. La crudeza de la máxima eriza la conciencia.

Y una frase muy fuera de lugar, sobre todo por el rango de la persona que la pronunció: “un epidemiólogo es un médico de cabecera que ha hecho un cursillo”. No. Es un licenciado en Medicina y Cirugía, que además ha aprobado unas durísimas oposiciones para ser médico de familia y encima ha realizado su curso en epidemiología. Cuánto daríamos porque todos los que tienen cargos de responsabilidad y poder tuvieran los mismos conocimientos en su labor que estos - siempre maltratados - profesionales de la sanidad.

Gagarin no supo mantener su fama y gloria y su vida posterior a la vuelta del espacio, lo mismo que su muerte en accidente aéreo, ensombrecen su hazaña. El cielo se gana cuando sabemos ser personas dignas en la tierra.

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