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Sábado, 21/04/2018

Desde la Bahía

Responsabilidad frente a la nostalgia

Qué se quiere decir: Que este pueblo joven, debe conocer muy bien las claves de los sufrimientos a que se ha visto sometida su nación.

E  ser un pueblo joven,tiene la ventaja de poseer una piel tersa, dispuesta a los rigores de la vida o solamente al ocio de la exposición a los rayos solares, al contacto con cosméticos y al cubrirse con el hábito de la pasividad. Un día alguien se pregunta si en el tramo de vida vivido ha habido lugar para algún acontecimiento relevante y es lógico que ya cumplidos los 250 años de historia como entidad sucesos de mayor o menor magnitud han ocurrido.

Cuando el hecho es muy magnánimo y sonoro, parece como si la tarea a realizar en vida hubiera concluido y basta a partir de entonces en repetir cada año, hasta llegar a la saciedad, el recuerdo de aquello llevado a cabo, como si hubiera ocurrido en horas previas o estuviesemos  todavía participando activamente. Es muy isleño el estar fuera del lugar de nacimiento, ejerciendo su profesión unos años y tras llegar de nuevo a su ciudad, restregar hasta fundir los moldes, lo importante que uno había sido allende los mares, los personajes con los que mantuvo un “tú a tú” y lo que por ello deben de respetarle eternamente, no sólo en esta vida. Es nuestra raíz más profunda entre las múltiples que tenemos y la indicativa de que, aunque con un título de ciudad, dado por Gobierno legalmente establecido, hemos sido pueblo y este instinto no ha tenido el sentido común parejo al titulo de ciudadano que ostentamos.

Nos hemos retrotaído sin darnos cuenta al Siglo de Oro español. Un hombre: Francisco de Quevedo.  Un claro intelectual de la época. Un erudito y un escritor. Poeta sin igual. Miope, cojo y al parecer patizambo, no podía ser lo más preciado entonces, militar. Personaje sin embargo muy controvertido. ¿Cuál sería la causa? Controversias en cuanto a la misma, pero lo cierto es que este intelectual no se fía de los intelectuales y una obra suya, La hora de todos tiene frases para no olvidar: “Las monarquías siempre las han adquirido los capitanes y las han corrompido los bachilleres. Los ejércitos, no la Universidades ganan y defienden, victorias y no disputas las hacen grandes y formidables”.

Hay que leer a este autor. A veces uno piensa que celebramos, porque así han ocurrido, hechos que visto muy pacientemente, no se  explican, como los exponemos como el summun de las mejores decisiones  y proyectos llevados a la realidad, cuando esta era otra muy diferente. Qué poco le hubiera importado al Emperador francés que los parlamentarios españoles reunidos en San Fernando y Cádiz hubiesen promulgado una Constitución, si él hubiera seguido siendo el dueño del resto del territorio. Ya se encargaría él mismo de su derogación.

Sin Bailén, sin Vitoria, sin Arapiles... sin tanta sangre derramada, única energía que puso a los franceses de “patitas” en la calle nunca hubiera llegado a ningún puerto la Carta Magna, que además luego fue claramente vulnerada por nuestro monarca, creando situaciones de carácter muy semejante a lo que ahora ocurre en algún territorio español.  Algún parlamentario de las Cortes de 1812, entre ellos el Obispo de Valencia, en las sesiones que se celebraban, lo puso a veces de manifiesto.

Qué se quiere decir: Que este pueblo joven, debe conocer muy bien las claves de los sufrimientos a que se ha visto sometida su nación. La importancia de la defensa y el vencer. De que luego en la paz se dicten las normas elaboradas por los representantes legalmente elegidos y que los pueblos no se queden dormidos en celebraciones ostentosas de algo que nos honra, pero que nos exige ser algo más que una nostalgia o un recuerdo recurrente. A cada estamento su valor.

Precisamos de intelectuales, de eruditos de buenos profesionales y también de personas que restablezcan el orden y la paz, entre los de dentro y hacia los que desde fuera quieran subordinarnos. Que recordemos nuestros valores previos y que cuando hablemos de progreso sepamos que en ocasiones éste no es más que el enaltecimiento de las verdades ya conocidas.

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