Actualizado: 16:55 CET
Martes, 11/08/2020

Campo de Gibraltar

Óscar Higuera, un reencuentro de éxito con la bici

El sanroqueño aspira a los Juegos Paralímpicos de Tokio tras su regreso al ciclismo, que abandonó por las motos tras prometedora carrera

  • Óscar Higuera.

El ciclista Óscar Higuera, sanroqueño de adopción, busca la clasificación para los Juegos Paralímpicos de Tokio. La incierta temporada que tiene por delante, a causa de la pandemia del coronavirus, será determinante para lograrlo y completar su feliz reencuentro con la bicicleta, que abandonó después sus éxitos de juventud para cambiarla por las motos y que retomó tras un accidente que casi le cuesta la pierna. De elemento para la rehabilitación, la bici volvió a convertirse en parte de su vida y a darle muchas alegrías.

El confinamiento no ha sido sencillo para alguien acostumbrado a recorrer tantos kilómetros. “Nos cogió el principio de todo esto volviendo del Campeonato del Mundo de pista, en febrero. Fue bastante duro, porque justo después del Mundial de pista viene un pequeño parón en el calendario que nos sirve para comenzar a prepararnos para la temporada de ruta. El Mundial de ruta estaba previsto en junio”, explica.

“Hemos buscado el método para entrenar en casa, con la incertidumbre sobre qué iba a pasar. Entreno en casa con rodillos inteligentes, una simulación de hacer ciclismo en carretera. He entrenado a tope porque pensábamos que en verano íbamos a tener competiciones. Necesito el Mundial para terminar de asegurar la plaza para los Juegos, pero ya se ha suspendido definitivamente”, se lamenta.

Todo ello supuso un cambio brusco en su rutina de trabajo. Habitualmente sale a entrenar sobre las 10.30 u 11.00 horas, indica el ciclista. “Desayuno hora y media o dos antes de salir. Según el día, el entrenamiento es de dos o de cuatro horas, hago los contrastes, como y luego, a estirar, o al fisio, según el entrenamiento del día. Por la tarde, cuando estás en periodo de carga, hay que descansar. No podemos ir mucho a la playa ni estar mucho tiempo de pie”. Admite que “es muy monótono. Además, como hago pista y carretera, tengo poco tiempo para descansar”, comenta.

En el aire
Higuera señala que la preparación se complica cada vez más, a medida que el calendario ciclista se difumina en el horizonte. “Es complicado intentar prepararte sin saber cuándo tienes que estar en tu pico de forma, para el que se necesita un intenso trabajo de seis o siete horas diarias, dieta, descansos, etc. durante tres meses para alcanzarlo”, narra.

Aunque los Juegos también se han aplazado, “seguimos con la incertidumbre de que se vayan a celebrar. Tampoco se sabe cuántas competiciones habrá antes. Ahora mismo no hay calendario de ciclismo adaptado. Está todo aplazado. Sí hay carreras de la categoría élite, de ciclismo normal, en la que participo también para poder seguir compitiendo”.


Óscar Higuera.

Además de la lucha con el resto de ciclistas internacionales por un puesto en Tokio, Óscar tiene su propio duelo con los compañeros de selección a causa del proceso de asignación de plazas paralímpicas: “Los puntos que consigue la selección son para todo el equipo, no individuales. Luego, el seleccionador elige a los que considere que están en mejor forma para los Juegos, los que tengan más opciones de medalla. España tiene el máximo de plazas, pero aun así, no dan para todas las pruebas de todas las categorías. Son ocho o nueve plazas y en la selección somos doce; alguno tiene que quedarse fuera”, subraya.

Respaldo
Para poder dedicarse de lleno al ciclismo, cuenta, “por suerte, con apoyo del Ayuntamiento de San Roque y del Plan Andalucía Olímpica. En el plan del Comité Paralímpico Español, de nivel nacional, no entré el año pasado por muy poco y, como en teoría, había Juegos este año, no se convocaron ayudas para 2020” explica.

“Para llegar a los Juegos, tienes que dedicarte sólo a esto, no es compatible con un trabajo, porque entrenas cuatro horas y necesitas descansar siete. El descanso es igual de importante. Compagino las ayudas con la pensión que me quedó después del accidente, porque si no, no podría vivir del ciclismo sólo con las ayudas”, señala el sanroqueño.

Trayectoria
La historia de Óscar Higuera con la bicicleta es la de un reencuentro accidentado pero con final feliz. “Yo dejé la bici a los 23 años. Era velocista y estaba en la selección española absoluta de pista –ahora hace medio fondo-. Había sido campeón de España cuatro veces seguidas”, cuenta. Sin embargo, las pedaladas no le bastaban y le atrajo el sonido del motor: “Luego me dediqué a las motos, pero no me daba para vivir. Hacía motocross como hobby, pero tuve una caída y me destrocé el fémur de la pierna derecha”, añade.

El reencuentro llegó con la rehabilitación después de aquel accidente. “Empecé de nuevo con la bicicleta, que no la había vuelto a coger desde los 23 años. Estuve más de un año en silla de ruedas  tuve tras operaciones, porque el fémur no soldaba. Me abrieron desde la rodilla hasta la cadera e iban cortando un trocito de hueso cada vez. Necesitaba algo de motivación y veía que con la bici cada vez podía hacer un poco más e ir recuperando movimiento de la pierna, que se había quedado tiesa por completo”.

El espíritu competitivo no cambió por ese suceso. “Vi el deporte adaptado, me atrajo y me fui metiendo. Fui al Campeonato de España y lo gané. Y desde ahí hasta ahora, no he parado”, comenta Higuera, que mantiene una carrera meteórica en ciclismo adaptado desde sus comienzos en 2017. “Ahora quiero ser campeón del mundo”, señala el ciclista, que indica con optimismo que “no hay mal que por bien no venga. Gracias a esto tengo una motivación en la vida, una meta fuera de lo común, como unos Juegos y ser campeón del mundo”.

De todo
Aunque de origen vasco, Óscar Higuera reside desde los 14 años en la comarca. Es un perfecto conocedor de las carreteras de la zona. Para entrenar, considera que la mejor zona es “entre la Estación de San Roque y Castellar, entre árboles, que se está fresquito incluso en verano”. Es la que frecuenta cuando le toca entrenar en llano. “Para los más avanzados se puede seguir hasta Jimena y de ahí a San Pablo y la serranía por Gaucín, Ronda, etc. Hay unos puertos maravillosos y es una zona muy buena para entrenar.

Cuando entreno para ruta cojo por esa otra zona, incluso hasta el puerto de Peñas Blancas, en Estepona, también Casares, etc.”. Desde muy niño, cuando aún residía en Bilbao, donde nació, Higuera ya frecuentaba la comarca, donde pasó muchos veranos, debido a que sus padres tenían amistades en la zona. Su padre trabajaba en una empresa de montajes que participó en la construcción de la refinería. Cuando tenía 14 años su familia se mudó a La Línea. Desde hace años reside en Torreguadiaro, en San Roque, en una casa que durante el confinamiento también se ha convertido en lugar de entrenamiento.

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