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Martes, 15/10/2019

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Un bastión inexpugnable

Tras el saqueo por parte de las tropas inglesas en 1596, la ciudad de Cádiz sufrió toda una transformación mejorando sus defensas de cara a futuros ataques

  • Interior del Castillo de Santa Catalina

El 30 de junio de 1596, durante la guerra entre España e Inglaterra, Cádiz era uno de los principales puertos españoles en aquella época y fue atacada por las tropas inglesas, quienes llevaron a cabo un saqueo por toda la ciudad, en el que tanto casas como templos fueron objeto del pillaje, aunque se respetó la integridad de los habitantes de la tacita de plata, que en aquella época era aproximadamente de unos 6000. Dos semanas después de su llegada a la ciudad, el ejército británico incendió Cádiz justo antes de marcharse con varios rehenes.

Tras este acontecimiento, la capital quedó devastada, por lo que fortificar la ciudad se empezó a considerar como algo primordial en Cádiz.

Hasta dos años después de la invasión anglosajona no comenzaría la reedificación de la ciudad. Cristóbal de Rojas, ingeniero militar y arquitecto, fue quien dirigió la construcción de los principales castillos de la ciudad como son el de Santa Catalina y San Sebastián.

La construcción del Castillo Santa Catalina fue ordenada por Felipe II en 1597, y en 1693, durante el reinado de Carlos II, fueron construidas la capilla y la sacristía en el año 1693.

Sin embargo, un hecho trascendental para la construcción de fortificaciones en Cádiz fue el traslado de la Casa de Contratación de Indias desde Sevilla a la capital gaditana. Además, la invasión francesa durante la Guerra de la Independencia, provocaría que se reforzaran aún más estas defensas en el territorio.

Uno de estos elementos es el Baluarte de San Carlos, que fue construido por Antonio Hurtado en 1784. Este bastión estaba contenía 55 bóvedas y fue importante para la defensa de la zona oeste de la ciudad gaditana.


En 1672, y con el objetivo de defender la zona noroeste de Cádiz, Diego Caballero Illescas, gobernador de la capital en la época, mandó construir el baluarte de la Candelaria, que se encuentra en frente de la Iglesia del Carmen.

 En este mismo año se levantaron el baluarte de La Bomba, ubicado en el Parque Genovés, y los de San Pablo y San Pedro, ubicados en la playa de La Caleta, que fue uno de los puntos más dañados tras la invasión inglesa en 1596.

Aunque sin lugar a dudas, la fortificación más famosa de Cádiz es la muralla de Puerta Tierra, que se encuentra flanqueada por los baluartes de San Roque y Santa Elena.

Su construcción se inició en 1594. Su torreón principal se edificó a finales de 1850, y servía en sus orígenes como torre de línea telegráfica, capaz de enviar mensajes a Madrid en dos horas.

A partir de la década de los años treinta del Siglo XX, la ciudad comenzó a crecer en la zona de extramuros y se llegó a contemplar su derrumbe para mejorar al acceso de los vehículos, aunque finalmente esta opción fuera desechada y  hoy en día separa el casco histórico del resto de la tacita de plata.

Tras el saqueo de 1596, Cádiz sufrió un cambio radical, y comenzó a transformarse en la ciudad de hoy en día. Se convirtió en un bastión inexpugnable para cualquier ejército, llegando a resistir el asedio de las tropas francesas de Napoleón durante la Guerra de la Independencia.

En este periodo, en pleno siglo XIX, la ciudad tuvo la necesidad de extender sus murallas y por ello se construyó el Fuerte de Cortadura, y tuvo un papel importante ya que impedía el acceso directo a la ciudad de Cádiz desde San Fernando.

También cabe destacar el Castillo de San Lorenzo del Puntal, que a pesar de ser construido con motivo del saqueo de 1596, su papel durante el asedio francés fue fundamental para defender la ciudad, algo que fue fundamental para el futuro de Cádiz, y de España.

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