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Miercoles, 26/09/2018

De vuelta a Ítaca

La fuga de los cerebros ignorados

Hace unos días, no se cómo llegó a mis manos el suplemento de un periódico local dedicado a la Semana Santa sevillana...

Hace unos días, no se cómo llegó a mis manos el suplemento de un periódico local dedicado a la Semana Santa sevillana. Como acostumbro a desayunar leyendo la prensa y la tostá se me enfriaba, no hice feo a la lectura, a pesar de mi escasa pasión por el mundo cofrade. Pero para mi sorpresa el primer artículo que encontré sí que fue de mi interés, y vaya si lo era, pues creí tener amistad con el responsable de una osadía que era criticada en las páginas del periódico. Una osadía que por una carambola de circunstancias relacionaba a un amigo mío, a cuatro cofradías sevillanas y a la exitosa serie Narcos, en una rocambolesca historia que al final no llegó a ser nada.

Al parecer un periodista se había percatado de una escena de la serie en la que, en una pequeña iglesia colombiana, aparecían unos azulejos en su fachada correspondientes a los retablos cerámicos de las hermandades de Los Panaderos, Montesión, El Dulce Nombre y El Calvario. El firmante del artículo entendía que la serie había modificado la fachada de una pequeña iglesia sin valor arquitectónico para colar las imágenes de las cofradías sevillanas, a pesar de que según él, “Narcos” no tiene ninguna vinculación con España a excepción de la participación en ella de los actores Miguel Ángel Silvestre y Javier Cámara.

Tal vez si antes de escribir al periodista le hubiese dado por documentarse un poco, habría descubierto que en la postproducción de “Narcos” trabaja un español, un sevillano llamado Rafa, y que posiblemente como último responsable de esas imágenes, podría haber tenido que ver algo en la ocurrencia de colar a Sevilla en la superproducción de Netflix. Pero no. Eso de contrastar información aquí se estila poco, y preferimos suponernos y prejuzgarlo todo, y hasta en un alarde de ingenio escribir que los responsables de la serie posiblemente se habrían documentado en el Google Maps confundiendo la Sevilla que hay en Colombia con la ciudad andaluza... En fin, las cosas que pasan aquí.

Porque no. Aquí nadie sabe que un tipo llamado Rafa que se crió En Palomares del Río, ha llegado a lo más alto en su profesión. Y que gracias a una beca de la Junta pudo hacer un posgrado en EEUU, y acabar siendo reconocido en su valía siendo contratado en la más exitosa de las series de una multinacional. No. Eso no importa. Y nadie se va a llevar las manos a la cabeza porque una persona formada con dinero público se vea obligada a marchar fuera para desarrollar su talento. Porque, que duda cabe, Rafa podía haberse quedado aquí, en su Sevilla, y sobrevivir grabando videos en bodas, bautizos y comuniones. Porque eso es lo que reservamos a la gente que no tiene padrinos y que se ve obligada a marchar fuera en busca del reconocimiento que les corresponde.

Sí. Aquí preferimos pasar de todos estos problemas. Y mirar hacia otro lado mientras precarizan nuestra educación y a la vez cortamos las alas a nuestros jóvenes talentos. Gente que es obligada a marchar fuera en busca de oportunidades que aquí solo concedemos a mediocres a los que enchufamos en los mejores puestos en una orgía de nepotismo tan consolidada que ya ni asombra. Nada de eso detendrá a nuestros Rafas. Esos Rafas médicos,  ingenieros,  docentes o químicos que seguirán demostrando que aquí sí hay talento, aunque esté muy mal gestionado.

PD: Al final mi amigo Rafa no tuvo nada que ver con las imágenes de la iglesia, y es que por mucho que le chocase al periodista aquel, no se tocó nada en postproducción para meter a las Hermandades sevillanas en la serie. Esos azulejos ya estaban ahí, cualquiera sabrá el porqué, en una pequeña iglesia colombiana que es tan real como usted o como yo.

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