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Domingo, 18/11/2018

De vuelta a Ítaca

Cuando a Zoido le importaba el Polígono Sur

Que la política y los políticos sean mal valorados por la ciudadanía es algo que a veces se ha ganado a pulso

Que la política y los políticos sean mal valorados por la ciudadanía es algo que a veces se ha ganado a pulso. No me malinterpreten, ni creo que los políticos sean origen de todos los males ni tampoco pienso que todos sean iguales. De hecho me parece peligroso que se esté extendiendo esa idea equivocada, no crean. Pienso que si  se clama contra los políticos corruptos pero nunca señalamos al que los corrompen, no me parece que estemos comprendiendo quiénes son los verdaderos causantes de nuestros problemas. Como todo en la vida, los políticos son reflejo de la sociedad en la que trabajan, y además van a hacer lo que se les permita. Por eso si un pueblo acepta que se le robe, y hasta lo refrenda volviendo a votar a los corruptos, no tiene más que lo que se merece; del mismo modo que si aceptamos que se nos engañe, pues continuamente se nos va a estar engañando.

Políticos que mienten los hay por todos lados y de toda adscripción ideológica desde luego. Pero si tuviera que señalar a uno con el dedo, yo como sevillano elegiría sin duda al ministro Juan Ignacio Zoido. Hace unos años, antes de ser alcalde, ya apuntaba maneras desde luego, cuando iba a cada barrio a prometer a los vecinos la solución inmediata de cada problema que hubiese. En una campaña sin precedentes en la ciudad, el Partido Popular sacó toda su artillería para tomar Sevilla. Fue una estrategia que tenía como objetivo expulsar de la Junta a los socialistas, y por eso no dudaron en vender a ese Zoido campechano y simpático, amigo de todos los sevillanos, y que vendría a salvar a la ciudad de la podredumbre en que había caído por culpa de socialistas y comunistas.

La prensa afín, las asociaciones de la derecha, el poder económico, y hasta algún funcionario que no tenía clara la diferencia entre su trabajo y sus preferencias políticas, apoyaron la precampaña de Zoido con esmero, y si había que prometer se prometía que eso es gratis y la gente es de memoria corta. Llegadas las elecciones Zoido arrasó por el derrumbe del PSOE en todo el país, pero cuando los populares se dieron cuenta de que habían prometido diez veces el presupuesto con el que se contaba, hicieron lo que mejor saben hacer los políticos demagogos: callar, correr un tupido velo, no hacer nada, y si alguien preguntaba contestar siempre que todo estaba en trámite. La gente (que a veces parece que despierta), no perdonó a Zoido su nefasta gestión en la ciudad, y el récord de 20 concejalías que obtuvo en 2011 se diluyó tan rápido como llegó. Zoido no se amedrentó por ello. Y prometió quedarse en Sevilla para luchar desde la oposición por el bienestar de todos sus paisanos, pero claro, eso fue antes de que lo hiciesen ministro.

Ahora, desde su despacho en Madrid, y teniendo la competencia para solucionar el problema histórico del Polígono Sur y su necesaria comisaría en el barrio, Zoido hace oídos sordos. Él, que ya en su campaña como alcaldable reconoció  la comisaría como una línea vital en la estrategia del Plan Integral, y prometió luchar por su construcción -que se demora ya desde hace más de treinta años-, ha decidido dar un no rotundo al proyecto. Esa negativa, que ha generado un aluvión de críticas en los barrios afectados, no hacen mella en el subido Zoido, que ya ha alcanzado la cima de su profesión, y por lo tanto no tiene por qué rebajarse a atender las demandas de aquellos a los que antaño iba a visitar para prometer solucionar todo lo solucionable. Lamentablemente es muy probable que esto no le pase una alta factura, e igual que se le perdonaron sus sobresueldos, el día de mañana, cuando haya nuevas elecciones serán muchos los vecinos del barrio que le volverán a dar su voto, para después -eso sí-, criticar en la barra de un bar que los políticos mienten y nunca hacen nada.

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