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Viernes, 21/09/2018

De vuelta a Ítaca

El feminismo necesario

Aunque a mí pueda horrorizarme la cobarde equidistancia...

Aunque a mí pueda horrorizarme la cobarde equidistancia, he de reconocer que aquello de que los extremos se tocan es una idea que ha calado. El pensamiento dominante es ese, y por ello se nos bombardea hasta el infinito con la idea de que lo correcto es mantenerse en una postura moderada. Parece que el que no piensa así es un pobre diablo, y tal vez por eso, es raro el día que no escucho a alguna persona definirse con frases como “ni de izquierdas ni de derechas”, “de mi equipo pero no extremista” , o el ya clásico “ni machista ni feminista”.

En un país en el que el periódico más vendido es un diario deportivo, y en el que Belén Esteban ocupa los primeros puestos en ventas de libros, no debería extrañarnos esa última afirmación, pero la verdad es que a mí me preocupa y mucho. Que la gente crea que machismo y feminismo son antagónicos es un problema desde luego, ya que uno se basa en la superioridad natural del hombre frente a la mujer, mientras que el otro sólo pide la igualdad entre ambos, algo que aunque venga garantizado en el artículo 14 de la Constitución, estamos lejos de conseguir a tenor de las evidencias que nos rodean.

Hombres y mujeres de todo extracto, condición y nivel de estudios, han decidido declarar la guerra al feminismo, tachándolo de radical, y tergiversando lo que en realidad significa. Desde el último analfabeto machista hasta ilustres académicos como Pérez-Reverte -también machistas-, están empeñados en hacernos creer que el movimiento que lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es discriminatorio. Y eso es indiscutible según ellos,ya que el machismo en España no existe, o en todo caso es tan marginal que no hacen falta medidas para atajarlo.

Estas personas ignoran que la mitad de las europeas han sufrido alguna experiencia de acoso, o que la explotación sexual tiene casi siempre rostro de mujer, o que ellas siguen cobrando mucho menos por realizar los mismos trabajos que nosotros. También por supuesto niegan la violencia de género, y aunque sepan que el año pasado murieron 44 mujeres a manos de sus parejas, restan importancia al hecho, pues se sacan de la manga datos falsos sobre hombres maltratados o denuncias falsas, que si bien existen son insignificantes en comparación con la verdadera lacra de los crímenes machistas.

Según el CIS, sólo el 1% de la población considera que la violencia machista sea un problema grave, a pesar de representar más del 20% de los homicidios que se producen en España. Sólo con eso valdría para justificar la necesidad de educar a nuestros jóvenes en valores feministas. Lejos de ello, parece que políticos oportunistas empujados por el machismo oculto que no se quiere reconocer abiertamente, han declarado su guerra particular al feminismo, al que se intenta ridiculizar sin argumentos con el único objetivo de perpetuar las relaciones de sumisión de la mujer hacia el hombre. Lamentablemente todo parece indicar que queda un largo camino por recorrer, pero no vale rendirse.

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