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Lunes, 19/11/2018

De vuelta a Ítaca

¡Si es que ha habido mucho abuso con las bajas!

Inés es una persona normal. Bueno, normal según se mire, porque estudió una carrera con pocas salidas laborales...

Inés es una persona normal. Bueno, normal según se mire, porque estudió una carrera con pocas salidas laborales y ha conseguido trabajar en una de las principales empresas de su sector. Yo que la conozco, no aceptaría decir que ha tenido suerte, porque se lo ha currado y mucho. Pero vamos, que como están las colas del paro de jóvenes cualificados, lo mismo en privado debería reconocer que sí, que su situación es buena, y casi envidiable, aunque nadie le regale el sueldo desde luego.

Resulta que Inés se quedó embarazada de su segundo hijo hace seis meses y medio, y que, hace poco más de un mes, un médico recomendó darle la baja laboral. Sufría unos terribles dolores que casi le impedían moverse, y le dijeron que tenía una ciática, una enfermedad de lo más común en el embarazo y motivo de baja incuestionable, ya que debido a su estado, la mujer no puede ni medicarse ni curar su dolencia, que siempre va a más a medida que la gestación avanza.

Nadie cuestionó su situación pues estaba clara. Ni la empresa, ni la mutua ni tampoco el médico de cabecera tuvieron dudas de que el motivo de la baja estaba justificado. Pero de repente, sin previo aviso llegó la carta de inspección... y con la administración topamos. Una doctora informaba a Inés de que vista la mejoría de su enfermedad, había sido dada de alta ¡hacía una semana!, con lo que debía reincorporarse a su puesto inmediatamente.

Inés y su marido entraron en pánico. ¿Cómo iba a trabajar si el dolor lejos de aliviarse había empeorado? Fueron al sindicato, a especialistas y a abogados. La respuesta que le dieron todos coincidía: sólo le quedaba recurrir la decisión de aquella doctora que ni siquiera la había visto (porque nunca la examinó un facultativo de inspección), pero claro, eso nunca funcionaba.

Había un tiempo establecido de duración de la baja, y para una ciática se había cumplido con creces el plazo de curación, algo discutible en muchos casos, pero falso cuando la enferma es una embarazada. Inés, desesperada fue a su médico de cabecera -el mismo que había firmado la confirmación de la baja apenas unos días antes-, y este le contestó que no iba a hacer nada. La inspectora era su jefa y él no podía -o no quería más bien- enfrentarse a una superior. "Es que ha habido muchos abusos con las bajas y ahora pagáis justos por pecadores".

Inés no puede trabajar. Y ella y su marido han decidido que van a luchar hasta el último momento porque se reconozca una situación avalada por tres informes médicos. SI pierden, perderán. E Inés tendrá que dejar el trabajo que tanto le costó conseguir. Porque hay una cosa que tiene clara, y es que ningún trabajo, por muy bueno que sea, va a poner en juego su salud o la de su hijo.

Nota: excepto el nombre de la
protagonista, todos los datos son reales

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