HOY ES NOTICIA:
Actualizado: 17:16 CET
Miercoles, 14/11/2018

De incógnito

De los ruidos y de las tradiciones

El mismo derecho que a la fiesta, lo tenía la médica a su descanso, a quien le costó entender que el permiso municipal les daba potestad para impedir su sueño

Era mayo y en una barriada de Sevilla volvían a celebrar una tradicional cruz de mayo. La Policía Local comenzaba a recibir llamadas de una vecina desde las doce de la noche quejándose de la música y las voces pero insistía a la médica, que al día siguiente entraba de guardia de 24 horas, que la asociación de vecinos tenía permiso y que hasta las 2:30 podían estar. A esa hora la insomne vecina volvía a llamar desesperada y los cruceros, hartos de la denuncia de la vecina, no dejaron su fiesta hasta bien entrada la madrugada, porque aunque la música se apagara a las tres, el jaleo prosiguió más allá de la hora permitida. Nunca más volví a ver una cruz de mayo en aquel rincón de Sevilla -ignoro si después se ha retomado esta fiesta- ni escuché a mis vecinos movilizarse en defensa de una tradición que considero tan válida como la de la Semana Santa y sus bandas que las acompañan.

El mismo derecho que a la fiesta, lo tenía la médica a su descanso, a quien le costó -y me consta- entender que el permiso municipal les daba potestad para impedir su sueño durante unas horas. La ordenanza, el permiso solicitado y todo el papeleo permitían a estos vecinos montar anualmente su Cruz de Mayo durante dos noches y, aunque habitualmente se cumplía con la norma, no siempre el respeto a los que no querían fiesta se respetaba, extendiendo el jolgorio más allá de lo permitido. Pero era una tradición y todos los años se repetía.

Pero un año esos vecinos abandonaron la tradición y, de paso, aquel rincón antes abierto y que hasta hace bien poco tiempo sólo ha estado dominado por colonias de gatos que periódicamente tenían que ser retirados, mientras el espacio se iba deteriorando gradualmente, por culpa de unos y otros. Ahora ha vuelto a ser abierto, vuelve a tener vida y si algunos vecinos, con la tradición en una mano y las ganas de fiesta en otro, deciden este mes de mayo retomar las Cruces, dudo mucho que tengan más fuerza que aquellos que deseen descansar durante el fin de semana. Las tradiciones hay que respetarlas y también salvaguardarlas, pero también hay que saber acompasarla con el ritmo de los tiempos y, en especial, con los que no la comparten. Y hablando siempre se entiende la gente.  

COMENTARIOS

chevron_left
El escudo, lo oficial y su trascendencia
chevron_right
A mí me ha faltado el amigo Curro