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Lunes, 24/09/2018

De incógnito

La ejemplaridad mal entendendida

Mientras este tedioso y jurídico proceso se completa, nadie ha querido ser ejemplarizante con el cuñado del rey...

Hace más de dos años entró en prisión una tonadillera que había sido condenada a dos años de cárcel porque el tribunal de turno entendió que tenía que ser una sentencia -la de la cantante- ejemplarizante y, con toda la autoridad que le otorga el Código Penal, decidieron que había que sentar cátedra y que serviría de mucho que a una afamada coplista, además de viuda de España y novia de “Cachuli”, la fotografiaran una y otra vez entrando y saliendo de la trena. Eso era ejemplar. No lo ha sido, sin embargo, el caso de Urdangarin y su socio.

La pena que le han impuesto al cuñado del rey de España, yerno del rey emérito y marido de toda una infanta bornónica que mantiene sus derechos dinásticos, supera los seis años de prisión pero no es firme, lo que le da derecho, como a cualquier otro españolito de a pie, a pedir que no se ejecute hasta que no sea firme. De hecho, el exduque de Palma va a recurrir la sentencia pero la Fiscalía ni siquiera ha anunciado ese extremo, lo que implica que existe hasta la posibilidad de que los tribunales a los que se recurra hasta dejen absuelto a este señor que, por decirlo en lenguaje llano, hizo negocio con la buena fama de la familia de su señora esposa.

Mientras este tedioso y jurídico proceso se completa, nadie ha querido ser ejemplarizante con el cuñado del rey y todos han estado de acuerdo en que “concurren las circunstancias” para que Urdangarin no entre en prisión provisional. Cierto que aquella tonadillera cargada de luces tampoco ingresó en prisión en el tiempo de los recursos, pero también es más que cierto que la pena de Urdangarin triplica a la de Pantoja y también es más que cierto que la ejemplaridad que requiere el primero no alcanza, ni de lejos, a la que se le presupone a la segunda. Sólo espero que cuando sea condenado en firme -si lo es, que ahí está el meollo de la cuestión-, le den también sólo tres días para ir de Ginebra a Carabanchel.

Tal vez y sólo tal vez, coincida el cuñado en el tiempo con compañeros de titulares en escándalos y corruptelas, con Blesa y con Rato, también condenados pero no en firme, y algunos podamos ver con alivio cómo la ejemplaridad de la justicia no se marca ni en papel cuché ni en sellos borbónicos y entran todos en prisión. Porque el único ejemplo que estamos viendo es que la Justicia no se dicta igual para todos.  

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